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Manual del perfecto idiota británico

Análisis. Quien no entienda la victoria de Boris Johnson, pese a sus mentiras sobre el brexit, podría tener una pista si examina usos y costumbres de sus votantes, en su abrumadora mayoría ingleses. Cinco pasos para intentar responder al lamento de celebridades como Elton John o John Le Carré: ¿Se han vuelto locos nuestros paisanos?

Nigel Farage, el líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), sostiene una pequeña bandera de la Unión Europea.
Nigel Farage, el líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), sostiene una pequeña bandera de la Unión Europea. Nigel Farage, el líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), sostiene una pequeña bandera de la Unión Europea. (La Crónica de Hoy)

Cuanto más pompa sobre la vida de la familia real británica (The Crown) y más clichés sobre la vida palaciega de aristócratas y la servidumbre (Downton Abbey), más fantasean los ingleses frente al televisor sobre la gloriosa era victoriana, cuando fueron el mayor imperio colonial hasta mediados del siglo pasado.

Si en algo son brillantemente efectivos los británicos es en vender al mundo una versión perfumada de su pasado imperial, sin apenas rastro de sus crímenes. Si millones en todo el mundo se dejaron cautivar por personajes ficticios, como James Bond “siempre al servicio de Su Majestad”, o reales, como Diana La princesa del Pueblo, cuya trágica muerte fue el mayor acto de necrofilia colectiva mayor de la historia ¿cómo no iban a quedar hipnotizados los ingleses ante sus propias leyendas?, ¿cómo no iban a votar masivamente al candidato que les convenció de lo fácil que Gran Bretaña “será grande de nuevo cuando se libere de las cadenas de la Unión Europea”?

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Olvídense del progresista The Guardian o el conservador The Times. Los periódicos impresos más leídos en Reino Unido son The Sun (dos millones de ejemplares vendidos de media al día) y Daily Mail (un millón y medio), dos tabloides sensacionalistas que han convertido sus portadas en escaparates para acusar con el dedo a los “traidores” que se oponen al brexit, como cuando Daily Mail exhibió a los tres jueces de la Corte Suprema que paralizaron temporalmente un acuerdo parlamentario del brexit y debajo de sus rostros escribió a toda página “los enemigos del pueblo”. Otra portada polémica, por mentirosa y por violar la neutralidad política de la jefa de Estado, fue la que publicó The Sun con una foto gigante de la reina Isabel II, proclamando que era partidaria del brexit.

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Para la anales de la historia de las fake news, dos que contribuyeron al inesperado éxito del brexit, aprobado en referéndum el 23 de junio de 2016. El primero lo protagonizó el populista Nigel Farage, quien publicó en tabloides y en espectaculares una imagen suya y de fondo una gigantesca caravana de inmigrantes, con la alerta de que estaban a las puertas de Gran Bretaña “para violar a nuestras mujeres”, cuando la realidad es que era una caravana de refugiados sirios en Hungría, intentando pedir asilo humanitario en Alemania.

El segundo lo financió de su propio bolsillo Boris Johnson, con su imagen y una frase: “La Unión Europea roba al Reino Unido 350 millones de libras, que podrían ir a la sanidad pública”. La cifra real, similar a la cuota que pagan las grandes naciones del continente, era la mitad, pero sus votantes prefirieron la mentira a la verdad, que difundió sin éxito Bruselas.

La jugada de Johnson fue perfecta: no sólo logró engañar a sus compatriotas, sino que un tribunal le dio la razón hace pocas semanas, alegando que, pese a que mintió “quedaba sujeto al sentido común de los votantes” decidir si le castigaba o no en las urnas.

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Los sueños de grandeza, aunque sean mentiras, han demostrado ser un potente catalizador de idiotas, dispuestos a seguir ciegamente a quien diga la mayor barbaridad. Le funcionó a Donald Trump para ganar las elecciones en Estados Unidos de 2016 y le funcionó a Boris Johnson para ganar las elecciones en Reino Unido el pasado 12 de diciembre. Si encima estos sueños están regados con pintas de cervezas y en un entorno “patriota”, no hay mejor lugar que el tradicional pub, donde los ingleses pasan mucho tiempo.

Si los estadios de futbol son los modernos campos de batalla donde se pelean los ingleses, los pubs son los lugares donde se reconcilian, guardan las banderas de sus respectivos equipos y levantan unidos la bandera británica, la Union Jack.

Si hay una palabra que han repetido hasta la saciedad los británicos que considera un salto al precipicio el brexit es “idiota”.

Escandalizado porque sus compatriotas confunden idiotez con astucia, el escritor Ken Follett lamentó, cuando vio venir la victoria de Boris Johnson, que “el pueblo británico se ha dejado engañar leyendo esos periódicos idiotas que abundan en El Reino Unido”.

Otro escritor, John Le Carré, dijo: “Me parece algo impensable. Es sin duda alguna la mayor idiotez y la mayor catástrofe que ha perpetrado el Reino Unido desde la invasión de Suez (en 1956). Podemos haber tenido conflictos, pero somos europeos. La idea de que podemos sustituir el acceso al mayor tratado comercial del mundo con el acceso al mercado estadunidense es terrorífica. La inestabilidad que provoca Donald Trump como presidente, sus decisiones de egomaniático… ¿Realmente nos vamos a poner a merced de eso en vez de continuar como miembros activos de la UE? Es una locura, es terrorífico”.

En pleno caos del brexit y los espectáculos de partidarios y detractores en el Parlamento de Westminster llevaron hace unos meses a Elton John a declarar en un concierto en Italia: “Soy Europeo, no un estúpido colonialista inglés”.

Se puede decir más alto, pero no más claro.

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