
El arte exige ser honesto con uno mismo al momento de crear, pero los artistas nacen con la sensibilidad que se requiere para poder transmitir a través de lo que crean. “Mi primer maestro fue Diego Rivera y lo primero que me dijo fue que tenía mucha sensibilidad, así que seguí adelante”, señaló la artista plástica Flora Goldberg, quien presenta la retrospectiva de su obra en un libro prologado por el escritor y Premio Crónica Juan Villoro.
“La extensa obra de Flora Goldberg se ha desarrollado al margen de las modas, los cánones y las tendencias que en forma engañosa parecen definir una época y se difuminan en la siguiente. Su devoción por el dibujo, el grabado, la pintura y la escultura le ha permitido explorar el orden natural en clave íntima”, apunta Villoro en el libro Flora Goldberg. Obra plástica.
En entrevista, la artista nacida en el París de 1935 y que vino a México con su familia huyendo de una amenaza de muerte en la Segunda Guerra Mundial, expresó que el arte ha sido importante por todos los tiempos, desde las cavernas hasta la actualidad, pues “para el hombre no sólo es importante el pan, sino las expresiones”.
“La pintura de Flora se ocupa del cuerpo como naturaleza, pero vale la pena agregar algo: su universo es netamente femenino”, escribe Villoro, ante lo que Goldberg señala: “Mi arte es amable, el cuerpo femenino es lo que tengo más cerca y entiendo, aunque de vez en cuando entra un cuerpo masculino y también parejas”.
La expresión de Flora Goldberg se ha manifestado en dibujo, pintura, grabado y escultura. A 60 años de comenzar su quehacer artístico, reconoce que vivir creando y tener la libertad para poder cambiar de técnicas fue “mucha suerte, podríamos decir bendición”.
Por fortuna, agrega la también autora de libros como Bosque humano, no he tenido la necesidad urgente de vivir de mi obra porque también es cierto que el arte manipula a los artistas al tratar de amoldarlos a lo que venda. “Muchos sí tienen que vivir de su obra, por lo que terminan cediendo a lo que el mercado solicita”.
“Cuando tenía 30 años, el mercado únicamente solicitaba arte abstracto el cual yo nunca quise hacer, pero quienes sí vivían su arte, les gustara o no, tenían que manifestarse en esa expresión. En esta época, por ejemplo, hay cosas que se llaman arte y yo no consigo ver por dónde, pero el mercado lo vende por muchos dólares”.
Quizá tenga que ver con que se aceptan diferentes modernidades y técnicas a lo que le debemos que el arte figurativo volviera a entrar, añadió. “Bajo esta lógica, los artistas se pueden expresar en diversas modalidades, lo que es bueno”.
Sobre a dónde se dirige el arte, Flora Goldberg refirió que dependerá de hacia dónde se dirige el mundo, lo cual es difícil saber. “Nadie imaginó los horrores que se vieron en la Segunda Guerra Mundial y menos de un pueblo tan culto como era el alemán”.
“Aunque este confinamiento no es nada comparado con el de Ana Frank, jamás pensé que después de la guerra iba a vivir algo como una pandemia, pero ahora el mundo se vuelve cada vez más raro. Esperemos que la barbarie no se vuelva a repetir y que la humanidad no se deje convencer por un par de gentes que tienen las ideas equivocadas”.
Flora, quien también cursó la carrera de Ciencias Químicas en la UNAM, llegó a México a la edad de siete años, en 1942, lo cual representó volver a empezar. “México me dio libertad, amistad, alegría, sol, colores… sin querer, este país me dio la oportunidad de poder vivir”
“Si me preguntaran lo que ella trajo a México desde París, exclamaría de inmediato: “¡La lluvia!” Algunos de sus mejores cuadros son “escenas llovidas”, tocadas por la agradable melancolía de un clima que estropea un poco las cosas sin llegar a destruirlas”, apunta Villoro en su prólogo El Jardín de Flora.
Uno de los últimos campos de arte plástico que exploró Flora fue al tallado en madera, el cual no estudió, pero se le facilitó por las múltiples técnicas que ya dominaba. “El primer día que decidí empezar en la escultura tenía mi bloque de madera e hice un dibujo en cinco minutos, pero cuando iba a empezar me cuestioné: ¿ahora qué hago?, porque es muy diferente trabajar a dos y tres dimensiones”.
No obstante, en los últimos meses Flora ha retomado la pintura. “Ahora me dio por pintar y estoy pintando, en estos últimos tres meses llevo 12 cuadros de 1 metro por 1.10”, actividad que realiza al mismo tiempo que cocinar y cultivar orquídeas.
ijsm
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