
Después de más de 40 días de la efervescencia que causó el paso de las tres caravanas de migrantes centroamericanos por la Ciudad de México, unas 650 personas procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador que decidieron quedarse, fueron desplazadas de los albergues destinados a los peregrinos que comienzan a arribar a la Basílica de Guadalupe, por lo que fueron enviados desde hace más de una semana al Faro de Tláhuac, donde deberán esperar la respuesta a la oferta del sacerdote y activista Alejandro Solalinde, que les prometió gestionar fuentes de empleo en Canadá o, en su defecto, ayudarlos si deciden continuar su camino y alcanzar a los otros contingentes que ya se encuentran en Tijuana.
Un recorrido que realizó La Crónica de Hoy por los albergues de la Casa del Peregrino San Lorenzo, cerca de la Calzada de los Misterios, y la Casa del Peregrino, a espaldas de la alcaldía Gustavo A. Madero, constató que grupos de peregrinos comienzan a llegar al recinto del Tepeyac, mientras que no hubo presencia de ninguno de los migrantes.
En el albergue San Lorenzo, donde estuvieron los centroamericanos hace más de una semana, un encargado del inmueble que pidió el anonimato, aseguró que el acuerdo que tuvieron con el padre Solalinde fue que se daría apoyo a los migrantes hasta la llegada de las primeras peregrinaciones.
Asimismo, el responsable de la Casa del Peregrino indicó que algunos de los migrantes querían quedarse en el sitio por estar cerca de la Basílica de Guadalupe, ya que las visitas que hacían a la Morenita del Tepeyac les hacían menos tensa su estancia en el lugar.
El encargado del albergue también refirió que así como llegaron a las casas de los peregrinos en varios autobuses, también fueron trasladados al Faro de Tláhuac, lo que fue coordinado por Saúl Bolaños, un joven que junto con el padre Solalinde supervisa el traslado, estancia y atención de los centroamericanos que aún esperan una pronta respuesta al ofrecimiento de que tendrán un trabajo y residencia temporal en Canadá, lo que, a decir del padre Alejandro Solalinde, es gestionado ante las autoridades de aquel país por Leonardo Marín Saavedra, arzobispo canadiense.
Mientras el grueso de las tres caravanas de migrantes se enfrenta a una difícil situación en Tijuana, al no haber logrado aún su objetivo de cruzar a Estados Unidos, los más de seis centenares de personas que siguen en la Ciudad de México y que han dejado de ser el foco de atención de las autoridades, aguardan con optimismo, aunque con muestras de desesperación, el poder seguir su camino hacia EU o el milagro de que se cumpla la promesa de encontrar una mejor vida en Canadá.
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