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Muere en casa, fue la divisa. Un texto de Ricardo Becerra

Nuestro columnista Becerra habla de aquello que se ha documentado ampliamente: morirse en casa, sin saturar hospitales, permitía no dañar los indicadores de gestión de la crisis sanitaria

Muere en casa, fue la divisa. Un texto de Ricardo Becerra | La Crónica de Hoy

Es bastante claro que el gobierno federal, anda y desanda por toda parte y por todo tema -cualquiera que sea- con tal de no hablar de su principal responsabilidad: controlar la pandemia. Inventa y promueve asuntos, por estrambóticos que sean, con el fin de comunicar una realidad fuera de sí. Pero la dimensión de la muerte, el sufrimiento y la grave alteración de la vida social causada, exige una discusión pública diferente a la intención oficial, para introducir correcciones lo más pronto posible. A la locura oficial, debemos insistir en cierta cordura pública.

En el documento “La gestión de la pandemia en México: análisis preliminar y recomendaciones urgentes” firmado por seis ex titulares de la Secretaría de Salud (sí, seis, de toda proveniencia, signo o preferencia, que ha llamado la atención de los principales vehículos científicos a nivel mundial, como The Lancet) se subraya lo que debiera ser corregido, la parte central de una situación que sigue produciendo en México, diez mil muertes cada quincena. Aquí lo refiero extensamente.

Seguimos con una información fundamental insuficiente. Hasta hoy no hemos captado la mayor cantidad y la mejor información posible sobre la presencia del virus entre nuestra población. Del nuevo coronavirus no sabemos dónde está, porque dependemos de quienes llegan a las clínicas, enfermos o con síntomas. De los asintomáticos sabemos bien poco. De los que ya se contagiaron y ni siquiera se enteraron, menos. Esta es la principal deuda de la política de salud, porque no podemos hacer nada sino estar a la defensiva, a las confesiones posteriores del virus. 

Decisiones basadas en información precaria y sin validez estadística. La muestra captada en marzo, abril, mayo y julio no tuvo capacidad para ofrecer información subnacional y no es estadísticamente válida. Por eso el modelo y las proyecciones del gobierno no han podido prever en seis meses, ni la trayectoria general ni los momentos críticos de la epidemia (las muchas predicciones y curvas fallidas del doctor Gatell).

La Jornada Nacional de Sana Distancia –la gran medida federal, instrumentada para reducir el ritmo de expansión del coronavirus y romper sus cadenas de contagio– fracasó. Nuestro confinamiento (al contrario que Canadá, Costa Rica, Corea, Japón o Taiwán) no marcó una frontera –un antes y un después– y el resultado es una infección letal que sigue fuera de control.

La consigna maestra “Quédate en casa” merece ser evaluada pues México presenta un desconcertante escenario de hospitales relativamente holgados frente al 79 por ciento de quienes fallecieron por COVID-19 y no recibieron cuidados intensivos. Muérete en casa, fue la divisa.

Al ignorar la experiencia internacional, se presenta la incomprensible negativa a realizar pruebas suficientes. A escala global, entre los países de tamaño similar, México es uno de los que menos las ha realizado a su población, y es también el país de la OCDE que ha aplicado menos pruebas. El protocolo de la OMS manda hacer 127 mil pruebas semanales. Hemos hecho menos de la mitad recomendado.

Ni qué decir sobre la resistencia al uso de cubrebocas. Su utilización debiera ser asumida como una directriz del gobierno, sin ambigüedades. México no es el caso.  

Y finalmente: la imperdonable desprotección del personal médico. México está entre las naciones que peor han gestionado la epidemia, pero ya estamos en el primer lugar de muertes de su personal sanitario con mil 320 fallecidos al 25 de agosto ¿Hay algo más denigrante que esto?

La reapertura fue precipitada y fallida. No fue decidida rigurosamente, de acuerdo con las directrices de la OMS ni con base en los datos reales del avance de la pandemia. No es casual que en el periodo de la llamada “nueva normalidad” hayamos visto el mayor número de muertes y con mayor cantidad de contagios. México incumple sistemáticamente con las recomendaciones internacionales.

Este es el problema número uno de México, de la República ¿Verdad? Pero es de lo que el gobierno se niega a hablar y a responder.

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