Cultura


Nadie queda ileso al sobrevivir a la violencia: Sandra Lorenzano

“La escritura no es la misma después de pasar por la violencia y el miedo, queda agrietada, lastimada”, dice Sandra Lorenzano, en entrevista por su reciente libro El día que no fue, novela poética que reflexiona sobre el miedo, violencia, silencio, escritura y supervivencia.

Nadie queda ileso al sobrevivir a la violencia: Sandra Lorenzano | La Crónica de Hoy

 “La escritura no es la misma después de pasar por la violencia y el miedo, queda agrietada, lastimada”, dice Sandra Lorenzano, en entrevista por su reciente libro El día que no fue, novela poética que reflexiona sobre el miedo,  violencia, silencio, escritura y supervivencia.

“Esta es una novela sobre el miedo, pero también sobre la resistencia y la sobrevivencia frente al miedo”, añade. No es una novela sobre el miedo que nos destroza, sino sobre ese que nos recuerda a otros miedos del pasado y el haber sobrevivido en cada ocasión.

“Un miedo actualiza todos los miedos”, los que se han enfrentado y los que se han heredado de otras personas.

Considera que nadie queda ileso de atravesar situaciones de dolor y sobrevivir a la violencia,  “la literatura de alguna manera te ayuda a componer esos quiebres, pero no queremos que se borren, al contrario, queremos hacerlos evidentes, que no olvidemos que venimos de esa historia de quiebres, de miedos, pero hemos podido reconstruirnos. Es una novela escrita  cuando  ya podía pensar en el miedo con distancia”.

En este libro se conjugan elementos biográficos junto con ficción. La historia conductora, la ruptura amorosa, súbita y sin explicación, es en una recopilación de varias historias“.

La narradora alcanza a describir esta violencia de desamor con la palabra “cutre”, que en la jerga se entiende como algo vulgar, melodramático y de mal gusto.

Las rupturas, incluso las más civilizadas, son siempre un poco cutres, explica Lorenzano.  “Me parece que el desamor tiene este côté (lado) del melodrama cutre que es, finalmente, la educación sentimental de los latinoamericanos, nuestra y de Almodóvar, se ve. Pero venimos de ahí, del bolero, de los tangos, de Manuel Puig”.

Añade que si bien podemos vernos a nosotros mismos con distancia, “seguimos siendo también cursis y melodramáticos, y eso nos lleva a finales un poco cutres”.

 Espera que en el tomar distancia alguien más pueda identificarse con cierto dolor o pérdida y reconocerse como superviviente, o decida sobrevivir a su propio proceso.  “Para sobrevivir tenemos que destapar esos silencios, tenemos que hablarlos, ponerles palabras. Esas palabras lastimadas que hemos heredado, que sean las palabras que nombren nuestros silencios. Al nombrarlos los cancelan, dejan de ser silencios y pasan a ser espacios que podemos compartir.”

Lorenzano opina que nombrar lo que a uno le pasa permite reconocerse, y considera que es un ejercicio de introspección importante en la escritura, “hables de ti o no hables de ti. Cuando lo puedes poner en palabras, puedes ver las realidades de otra manera”.

En ese sentido, la novela intenta ser un santo y seña para cruzar la grieta del silencio, reconocerse en la palabra herida del otro y crear comunidad.

“Es un ejercicio de literatura menor”, en el sentido de Deleuze y Guattari,  “quienes se reconocen, se identifican, y finalmente forman comunidad”, agrega. Esa comunidad, simbólica, es importante para no estar solos. “Si nos quedáramos solos en el horror, no sé si sobreviviríamos”.

“Vivimos en esa paradoja de saber que el mundo es un horror y al mismo tiempo querer seguir estando acá porque encontramos espacios de placer, de gozo, de amor, de amistad”.

Quizás en la búsqueda de la escritura esté una respuesta a esa paradoja y al continúo intento de no tener un final cutre.

 

Comentarios:

Destacado:

LO MÁS LEÍDO

+ -