Opinión


Para no perder la década

Para no perder la década | La Crónica de Hoy

Vienen tiempos difíciles y más vale que nos hagamos cargo de ello. Las próximas semanas serán de aislamiento social, que es indispensable para enfrentar los contagios del Coronavirus, pero ello implicará un golpe rotundo a la economía que, además, no estaba en un mejor momento.  

La prioridad, por supuesto, es la de salvar vidas, pero hay que observar los escenarios que ya se vislumbran en el horizonte y que no son nada halagüeños: Nuestro sistema de salud enfrentará presiones muy grandes y lo que ocurrió en países con España e Italia no es descartable para nosotros. 

Por desgracia no hay mucha claridad sobre lo que puede suceder, aunque hay muchos motivos de alarma que se sostienen en la experiencia previa.

Una franja significativa de la población, la más vulnerable, vive de lo que gana al día. Para ellos no hay muchas posibilidades de quedarse en casa, sin que ello no signifique el padecer privaciones.  

Muchas empresas van a quebrar y existe el riesgo de que millones de mexicanos pierdan su empleo, a lo que hay que sumar los daños que causa la caída de los precios del petróleo y la devaluación del peso. En los hechos, y si no se actúa con la inteligencia, la que viene sería una década perdida por la devastación del bienestar. 

¿Qué se puede hacer? Hace unos días, en el grupo de reflexión Pensando en México, que preside Salomón Chertorivski, se hicieron propuestas interesantes, que debieran ser atendidas y discutidas.

Jorge Andrés Castañeda Morales explicó que se requiere impulsar una política contra cíclica, donde el estado asuma el rol de último comprador para proteger a las 2.4 millones de unidades económicas, lo que implicaría trasferir un 2.6 por ciento del PIB del sector público al privado, postergar las declaraciones anuales de impuestos y los pagos de cuotas del IMSS, a la par de acelerar la devolución de impuestos.

Aunado a ello, propone Castañeda Morales, hay que aumentar la pensión de los adultos mayores para acompañarlos en momentos más que inciertos. 

Para Castañeda Morales es importante el desarrollo de proyectos de inversión ambiciosos pero viables, estableciendo prioridades que no impliquen gastos que no tendrán retorno, como la refinería de Dos Bocas. 

Hay que invertir, para atenuar los efectos de la recesión, pero hacerlo bien.

En pocas palabras, lo que se necesita es gastar, quitarse, ahora sí, las ataduras, para dar paso a una economía que sirva a las personas y que las ayude a transitar un momento por demás oscuros. 

En el fondo se requiere es una política de izquierda, que recobre la visión constructora del estado mexicano, pero sin dinamitar la confianza de los empresarios.

Por desgracia no parece que esto vaya a ser así, y más bien se mantendrán recetas del pasado, muy neoliberales, por cierto,  que resultaron draconianas para la población y en las que los que más padecen son los más pobres.  

Es más, hasta ahora las señales indican que no existe la menor intención de apoyar a la planta productiva, inclusive cuando hay riesgos de que se rompa la cadena de suministros. 

Lo más grave es que si se mantienen caprichos y proyectos que no son viables, las penalidades económicas no irán sino en aumento y con todo lo que ello implica. 

Como suele ocurrir en la emergencias, todo se junta y a la par de establecer las partidas necesarias atender a los enfermos graves de coronavirus, desterrando la austeridad mal entendida, se tiene que establecer medidas económicas que sirvan  para atender la crisis en la que ya estamos sumergiéndonos.

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