Opinión


Partidos, ¡hasta aquí!

Partidos, ¡hasta aquí!  | La Crónica de Hoy

Sacudió el avispero el Presidente López Obrador, al proponer que los siete partidos devuelvan al menos la mitad del financiamiento que para 2020 proyecta darles el manirroto INE.

Dentro y fuera del gobierno hay quienes se preguntan por el efecto que la eventual concreción de esta medida tendría en las relaciones del Ejecutivo con las distintas fuerzas. En especial, las que actúan en el Congreso.

Tradicionalmente esas relaciones han estado marcadas por un intercambio de favores y prestaciones. Uno necesita que le aprueben sus leyes y programas; las otras, saciar su adicción al dinero, los contratos, los puestos burocráticos, las canonjías… ¡Ah, y atender a ratos sus electores!

¿Está nuestro primer mandatario decidido a ponerles un ¡hasta aquí!, a los partidos y sanear la relación con el Legislativo, aun a riesgo de ver malograr sus proyectos? Enigma.

Por lo pronto, dirigentes de diversas formaciones reaccionaron iracundos ante la sugerencia de reintegrar entre todos al erario, al menos la mitad de los casi 5 mil 240 millones de pesos que el INE pretende darles. Y que significan 274 millones más que en 2019.

Dijeron —¡no tienen vergüenza!—que el gobierno de la 4T busca asfixiar a la oposición.

Fingen no darse cuenta de que el derroche de recursos para financiar elecciones ha sido uno de los principales motivos de irritación popular.

La explicación del enfado es simple. Gran parte de esos recursos ha servido para solventar la vida muelle que se dan —con cargo al bolsillo de los ciudadanos—funcionarios electorales y dirigentes, y para forjar cacicazgos y fabulosos patrimonios personales y familiares.

Este enojo pudo ser comprobado en julio de 2018, cuando fueron desplazados los reyes del dispendio y accedió al poder la fuerza que gastó menos recursos. Abrió brecha en este terreno Pedro Kumamoto.

En la parcela de enfrente, el criterio del perredista Ángel Ávila  ilustra el ánimo que domina entre los líderes de la oposición, sobre todo del PRI, PAN y PRD.

Y, desde luego, da indicios acerca de las causas del desfonde del sol azteca, la desconexión con la realidad.

Ávila consideró la propuesta presidencial “muy simplona”, y orientada a ganar simpatías y esconder los graves problemas económicos y de seguridad que vive nuestro país.

Dijo que para Morena, “sería como quitarle un pelo a un gato”, pero para la oposición equivaldría a asfixiarla, dejarla sin los recursos mínimos indispensables para poder hacer campañas. Descaro al cien.

¡Ni por error reparó Ávila en las razones por las cuales su partido está con un pie en la tumba, a despecho del río de dinero que ha recibido durante la mayor parte de su treintañera existencia!

El financiamiento para esas entidades de interés público que son los partidos fue institucionalizado, entre otras cosas –según la demagogia del momento—, para ayudar a crear un sistema de partidos fuertes, que pudiese ser pilar de una democracia robusta.

¡Da grima ver lo que tenemos en este rubro, al cabo de un cuarto de siglo de cebar partidos!

Aunque hay quienes creen que la alternancia ha sido producto de las reformas electorales, en especial del inmenso financiamiento incluido en la de 1996, no resultado inercial, azaroso de nuestra vida política.

El perredista también alertó acerca del riesgo de que, “en la asfixia presupuestaria”, la oposición “pueda buscar financiamiento ilegal”. Pretendió, candoroso o perverso, hacernos creer que eso, ahora, no ocurre. Sí, Chucha.

Con diferencia apenas de matices, abordaron el tema Marko Cortés, Héctor Larios, Claudia Ruiz Massieu y —¡cómo podían faltar!—Margarita Zavala y Felipe Calderón, entre muchos.

Al formular su planteamiento, el tabasqueño les dijo a los jefes partidistas que es corrupción el querer recibir tanto dinero. “Es como los sueldos: puede que sea legal tener sueldos y compensaciones de 700 mil pesos mensuales; pero, desde luego, es inmoral”.

Y enseguida aclaró que se trataba sólo una exhortación. Pero esto no sosegó los ánimos de los dirigentes ni de quienes tienen por una fatalidad el exorbitante costo de nuestra democracia.

Menos con ánimo de tranquilizar que de acicatear a los alebrestados, Lorenzo Córdova cayó en amnesia y dijo que sí es factible, legalmente, devolver recursos.

Pero ni pío dijo sobre los despilfarros del propio INE, llevados a la ley con el fin de abultar y justificar inconmensurables presupuestos.

Por ejemplo, el dispendio so pretexto de una educación  cívica propia de la dependencia que encabeza Esteban Moctezuma, pero que al INE le permite organizar costosas votaciones infantiles.

Para no hablar de los regios fondos de ahorros, retiros y fin de fiesta de consejeros, a los cuales se aferran hasta con las uñas.

Tampoco calmó la indignación Olga Sánchez Cordero al insistir en el carácter voluntario de la devolución.

Y, menos aún, Yeidckol Polevnsky, al anticipar que Morena estaría en posibilidad de renunciar a 75 por ciento de sus prerrogativas.

Ni Lily Téllez, por quien supieron que viene en camino una iniciativa de ley para podar 70 por ciento a los recursos para partidos.

Así y todo, desde el priista que muchos llevan dentro, con conocimiento de causa, adujeron que a Morena no le importa una poda porque tiene a su disposición las arcas nacionales.

El asunto, en buena hora, ya escaló. Arturo Herrera intentará hacer entrar en razón a los dirigentes de partidos para acordar los términos en que este punto quedará plasmado en el Presupuesto.

Veremos si se impone la codicia de las cúpulas partidistas a la sensatez y el interés colectivo de —¡por fin!—reducir los indecentes, insultantes montos destinados a los institutos políticos.

 

 

aureramos@cronica.com.mx

 

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