Opinión


Política de miedo

Política de miedo | La Crónica de Hoy

“Si no existe una buena solución para un dilema, si ninguna de las actitudes sensatas

 y efectivas nos acercan a la solución, las personas tienden a comportarse irracionalmente,

 haciendo más complejo el problema y tornando su resolución menos plausible.”

Zygmunt Bauman

Me estás hablando como chamán, me dijo recientemente un primo cuando platicábamos de los estragos de la pandemia. No, no es cosa de chamanes. Es ciencia. 

Estudios relativamente recientes desde la psiconeuroinmunología como ciencia interdisciplinaria, han precisado la existencia de un sistema de comunicación y, por lo tanto, de relación, entre nuestros estados de ánimo y la reacción y capacidad de defensa de nuestro sistema inmune. Es decir, lo que pensamos influye determinantemente en lo que ocurre con nuestro organismo. Por eso creo que la propia Constitución de la Organización Mundial de la Salud define hoy a la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades, como lo describía anteriormente.

Contra toda lógica, el pasado lunes concluyó la Jornada Nacional de Sana Distancia, dando paso a la apresurada reanudación de diversas actividades con la llamada “nueva normalidad”, que implica la adopción de medidas de prevención que prácticamente todos conocemos, las obedezcamos o no.

Más allá de la naturaleza y características particulares de cada una de esas prevenciones, todas comparten el común denominador de transmitir un mensaje subliminal, para mi gusto, bastante claro: MIEDO. La ciudad se encuentra repleta de carteles con leyendas como “QUÉDATE EN CASA”, “¡CUIDADO! ZONA DE ALTO CONTAGIO” y ahora hasta el extremo, el STC Metro inició la campaña “CALLADOS PREVENIMOS EL CONTAGIO” que incluye el mensaje “Hablar, cantar y gritar también contagia el coronavirus… NO BAJES LA GUARDIA”. Ya no sólo son los estornudos o la tos, también el habla es peligrosa.

Si a esa política sanitaria controversial que casi nos promete el contagio y muerte por hablar en público, le añadimos la psicosis colectiva de una debacle nacional por la devaluación y la consecuente crisis económica, la masiva pérdida de empleos, incremento de la pobreza, la inseguridad pública, el horizonte parecería ser desesperanzador. Amigas y amigos, no lo es. Todo lo contrario, es una nueva oportunidad de aprendizaje y de crecimiento, especialmente, aprender de nosotros mismos, de nuestras verdaderas capacidades. Dice un amigo mío, “a eso venimos a este mundo, viejo: a aprender” y qué razón tiene. Entre más grande el reto, más grande el aprendizaje.

Es curioso que el miedo, como instrumento neoliberal, sea empleado ahora tan profusamente como mecanismo de control o de contención de consecuencias que atentarían contra la estabilidad política de un régimen. Bauman dice, en su Miedo Líquido, que el miedo, esa emoción básica del ser humano, no es genética, se aprende o adopta de un contexto determinado y es mayor cuando su fuente es abstracta o desconocida, o sea, cuando no es concreta u observable. Estoy seguro de que usted manifestaría más temor a COVID-19 que a un tigre perfectamente enjaulado. ¿La razón? El virus no es observable y por lo tanto debemos temer de él permanentemente y al tigre sólo en caso de que se libere.

En el otro lado, es cierto que también desde una óptica científica y estadística que brinda la epidemiología, el virus se encuentra en el pico más alto de contagio. No dudo de su existencia ni tantito, ni desconozco la cifra de muertes ni de contagios, al contrario, creo como muchos, que son muy superiores. ¿Debemos acatar recomendaciones de prevención? Sí y lo digo enfáticamente,  sin embargo estoy seguro de que la política de miedo en nada ayuda a la salud individual y menos a la colectiva. 

No soy médico y mucho menos psiconeuroinmunólogo, soy un simple mortal que como tal puede morir pero convencido que la mejor terapia de prevención que encuentro, es ocuparnos, trabajando a distancia o presencialmente; si quiere estar informado del acontecer nacional vea, escuche o lea noticias pero tómelas con prudencia y con responsabilidad propia; lea un buen libro; vea una película; estemos de buen humor, relajados; dispongamos del mayor apoyo social posible; empleemos, si queremos, rutinas de concentración o de meditación y si quiere refúgiese también en las creencias o prácticas religiosas o espirituales que, aunque no lo crea, también tienen impacto positivo en el sistema inmune. 

Si algo le produce paz y tranquilidad, practíquelo, porque es bueno para su salud. Como prevenir y temer son antagonismos, al cesto de basura la política del miedo que es, por ironía, inversamente proporcional a la política sanitaria que todos merecemos.

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

@capastranac

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