Opinión


Relato plástico con preguntas de investigación

Relato plástico con preguntas de investigación | La Crónica de Hoy

1. Acercamiento al trabajo digital

La pintora sentía repulsión por la tecnología de punta. No concebía que su trabajo se sujetara a un proceso dominado por tiranías binarias. Su temple, forjado en un espacio diferente al de una belleza de aire distraído, la mantenía prendida a su carpeta. Entre dibujo y dibujo asomaba una tupida hierba de letras rebeldes. En ella apuntaba desde teléfonos y otras necesidades domésticas, hasta lo que llamaba “preguntas de investigación”, bocetos y algunas recetas de magia negra que se le revelaban en sueños de luna llena.

La última parte de su carpeta, hecha y encuadernada a mano, contenía una sección de hojas gruesas, separadas por papel de China. En ellas trazaba los proyectos que pintaría por la noche. Era una pintora nocturna, pero fue de mañana y durante el desayuno cuando le dijo a su pareja que deseaba practicar a fondo el arte digital.

—No lo comprendo —dijo el buen hombre— apenas ayer me dijiste que nunca comprarías una cámara digital.

—Más tarde lo sabrás —repuso ella.

Llega la noche, sin filtros nubios. Las estrellas lucen como nunca desde la colina donde tiene su estudio. De una copa metálica toma un brebaje y se convierte en una enorme mano que aplasta de un palmazo al buen hombre contra una de las paredes de la sala. Los cimientos de la casa retumban. Después se transforma en dos manos furiosas que trituran y apelmazan a los restos de su pareja. Tras un proceso de eliminación ósea, las manos limpian la escena del crimen, previa selección de doce kilos de material orgánico que más tarde es integrado en una masilla uniforme y maloliente. Las manos desaparecen y la pintora vuelve a recuperar su condición natural. La plasta mortal es depositada dentro de un bote que es transportado al estudio. Dos galones de aguarrás, medio kilo de resinas epóxicas y un litro de pócima inmortal procedente de recetas reveladas en sueños, son agregados finalmente al bote.

La puesta en práctica de la pócima, que la pintora ya tenía preparada desde meses atrás, tiene que realizarse con componentes de producción masiva. Dos uñas pulverizadas de mapache, compradas en el mercado de Sonora, y unos párrafos de The picture of Dorian Grey, copiados de su idioma original en una hoja de papel de China, son los únicos ingredientes sin marca. Una vez vertida la pócima, los componentes son integrados con una mezcladora eléctrica durante media hora. Posteriormente la pintora tapa el bote y lo rotula con un marcador indeleble que textualmente dice: “Plastihumrras (plasta humana con aguarrás y bálsamo inmortal) manténgase cerrado y úsese después de una semana de preparación.”

La semana sirve para que el material se cure y no escapen de él lamentos o recriminaciones inapropiadas durante el proceso creativo o incluso durante alguna exposición. Las advertencias de la receta son claras: una semana de reposo absoluto para la completa curación del material.

Los primeros días el interior del bote es presa de estremecimientos, suspiros de malestar convertidos en burbujas y pequeños alaridos mientras la plasta se estabiliza. Si la preparación se hizo con cuidado, a pesar de los componentes de marca registrada, estará lista en una semana y será capaz de transformarse en arte o basura, eso ya dependerá del artista plástico que lo use.

Digamos que este Plastihumrras se encontraba en buenas manos. Al cabo de siete días, la pintora tomó el material entre el pulgar y el índice, lo vio a contraluz, pasó su aguda nariz por él y se permitió darle una ligera probada con la punta de la lengua. Todo listo para trabajar.

Durante un mes, cada noche mezclaba el material con pigmentos base y creaba colores y gamas de variada intensidad que plasmaba sobre bastidores de madera hasta terminar una serie que fue expuesta por vez primera con el título de Naturaleza aplastada.

1.1. Preguntas de investigación

Una noche, minutos antes de poner la firma en un cuadro titulado: “Naturaleza aplastada 13/13”, se planteó seriamente una pregunta de investigación a la que le dio salida formal en una de las divisiones de su carpeta: “¿Hay conciencia de inmortalidad en el Plastihumrras?” Después de anotar la inquietante pregunta, se tranquilizó pensando que los ingredientes del bálsamo cumplían un efecto de inmortalidad en materia inanimada. Pero ciertas noches se levantaba con un cuestionamiento de orden práctico: ¿El proceso de curación funciona para eliminar las últimas manifestaciones de conciencia o lo que hace es silenciarla para siempre? Traspasar este afilado cuestionamiento a su cuaderno, implicaba un compromiso de reflexión filosófica difícil de asumir, no hacerlo le permitía dar un par de vueltas en la cama, abrazar la almohada y esperar a que las imágenes desordenadas que le dan gramática al sueño la envolvieran en su manto protector.

2. Conclusión o final somnoliento

Por lo regular la pintora duerme tranquila. En su rostro hay paz y en sus párpados dos pestañas que le vienen bien al resto de un cuerpo ejercitado. Tiene algo de bruja que se sabe hermosa y mortal.

 

 

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