Opinión


Retuit, el botón del odio

Retuit, el botón del odio | La Crónica de Hoy

El desarrollador y creador del retuit, Chris Wetherell, hoy se arrepiente de haber participado en la creación del famoso botón y herramienta de ­Twitter, lo ha comparado —en una reciente entrevista para BuzzFeed— con “entregarle un arma cargada a un niño de cuatro años”.

El equipo de Twitter estaba emocionado porque pensaban que el retuit permitiría ser “un multiplicador de fuerza que otras funciones no tienen”. Que daría voz a las comunidades con poca representación. Querían simplificar las funciones, que en vez de que un usuario tuviera que hacer copypaste de un tuit, un solo clic le permitiera replicar la publicación de otros usuarios.

La herramienta también estaba enfocada, según su creador, a facilitar la comunicación durante eventos importantes como desastres naturales.

Sin embargo, Wetherell se dio cuenta de que realmente el retuit facilitaba a los usuarios compartir información y mensajes sin reflexionar, noticias falsas y ataques que se viralizaban inmediatamente; motivados más por el impulso que por las ganas de hacer una diferencia en la comunicación. Se automatizó no sólo la herramienta, también el pensamiento en las personas.

El creador del retuit puso como ejemplo el conocido caso Gamergate, una campaña de acoso contra las mujeres en la industria de los videojuegos, que buscaba acallar a Anita Sarkeesian, una crítica cultural feminista que estudia los videojuegos desde una perspectiva de género.

“Me di cuenta de que no se trataba de un pequeño subconjunto de personas que actuaban de manera aberrante. Esta podría ser la forma en que se comportan las personas. Y eso me asustó mucho… Recuerdo que un día pensé que el eslogan ‘ponemos el poder en manos de las personas’ también podría llegar a decirse de forma un tanto distinta: ‘¡Oh no, pusimos el poder en manos de las personas!”.

Después de Twitter, Facebook también creó su botón de compartir y WhatsApp de la misma forma la herramienta de reenviar.

Nos replicamos en noticias falsas, memes clasistas, misóginos y racistas. El odio y las burlas generan más menciones en Twitter que campañas en pro de derechos. Los retuits también han acabado con carreras o han generado escándalos.

Facebook es un timeline infinito de memes. WhatsApp, de cadenas sin sentido. Ya lo decía Delia Rodríguez en su libro Memecracia: “Los memes (virus mentales) convierten a los ciudadanos en sus portadores y transmisores automáticos, lo que en muchas ocasiones acaba convirtiéndolos en sus justificadores desinformados o víctimas”.

México es uno de los países que más comparte información falsa en el mundo. No caería nada mal repensar un poco nuestras menciones y lo que compartimos en redes sociales. El mundo digital no necesita más autómatas. Ahora las grandes empresas tecnológicas tienen que crear contenedores de la horda del retuit que llevados por la automatización, comparten odio, burlas y noticias falsas.

La sociedad en general necesita repensar el poder que tiene. Usar las herramientas para crecer, ampliar horizontes y fortalecer lazos. No para destruirnos y atacarnos. Que el retuit cumpla su función y sirva para magnificar y representar a voces que merecen ser escuchadas. Por más retuits con sentido.

 

Twitter: @wendygarridog
wengarrido@gmail.com

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