
Recordar la revolución personal de Antonieta Rivas Mercado (México, 1900- Francia, 1931), así como la revolución cultural que generó esta mecenas del siglo XX y abrió las puertas de la modernidad en México, serán algunos temas que abordará la traductora Fabienne Bradu (París, 1954) en el conversatorio Arte y Revolución: presencia y voz de las mujeres, a realizarse el miércoles 12 de mayo a las 18:00 horas en El Colegio Nacional.
El evento que se realizará vía remota por YouTube y Facebook, forma parte del ciclo Cultura y Revolución. A cien años de la fundación de la SEP y la muerte de Ramón López Velarde que coordinan el historiador Javier Garciadiego y el escritor Juan Villoro.
-¿Por qué se recuerda más la muerte de Antonieta que su impulso a la cultura?
-Siempre un suicidio de una mujer de 30 años que tendría todo para lograr una vida satisfactoria y exitosa, asombra a todo el mundo y despierta la curiosidad de saber ¿por qué se suicidó? Y ese porqué es difícil de contestar y compromete mucho la figura de José Vasconcelos puesto que ella se suicida con la pistola del ex secretario de Educación.
“Hay un estupor que creo que es normal. En la plática me dedicaré a recordar su revolución personal y cultural hecha en dos años y que abrieron las puertas de México a una cultura moderna y eso fue su mayor logro”, responde.
Como segundo tema, Bradu hablará de la relación sentimental de Antonieta y Vasconcelos, mostrará cómo sus concepciones de la cultura no coincidían. “Eso no impidió el amor que los unió en la campaña presidencial de 1929, en la que se presentó Vasconcelos como candidato y en la que Antonieta acompañó de manera muy cercana”.
-¿Antonieta se opuso al muralismo y apoyó a Los Contemporáneos no sólo por enamorarse del pintor Manuel Rodríguez Lozano?
-Los Contemporáneos y el grupo de pintores de Manuel Rodríguez Lozano se opusieron a la concepción del arte muy socializada, se negaron a que la cultura tuviera una función específica de alfabetización y con razón reivindicaban un arte para el pueblo que fuera igual que el arte para las clases más favorecidas.
“No porque se trate del pueblo, uno debe darle porquerías culturales; el pueblo siempre se merece un arte de categoría, no es necesario bajar la calidad para satisfacer las masas”.
“Lo que la distinguía de las señoras mecenas de la época –porque no era la única– fue que Antonieta participaba activamente en esos cambios, eso se tradujo con el Teatro de Ulises donde ella actuó y, viniendo de la familia notable de los Rivas Mercado, fue un escándalo que esta señora de clase social se subiera a un escenario, a un changarrito ahí en la calle de Mesones (Ciudad de México), con unos jóvenes lanzados y atrevidos al igual que ella”, comenta.
Bradu expresa que Antonieta durante la campaña de Vasconcelos no se limitó a un papel de acompañante sino que participó y escribió el capítulo La campaña presidencial que después Vasconcelos se atribuyó en sus memorias.
-¿Ya se perdió el inmueble que fungió como Teatro Ulises?
-La casa de Mesones, cuando escribí la biografía editada por el FCE (en 2010), nada más era una fachada detenida por unas vigas pero atrás no había nada. Ya no existe. En México siempre prefieren hacer un estacionamiento que dedicar un poco de dinero a la preservación de lugares simbólicos. Con el Teatro Ulises nació el teatro moderno de México.
“En nuestros días no hay un cuidado por conservar huellas, no lo digo porque se trate de Antonieta o de Vasconcelos, lo que estaría pidiendo no son estatuas, menos un mármol sino un cuidado hacia los lugares simbólicos de la vida cultural de México”, señala.
-¿Cómo mira hoy la figura del mecenas?
-Ése fue el papel de la Revolución: instauró al Estado como el mecenas de la vida cultural, pero eso no impidió que hubiera mecenazgo privado. Siento que hoy, frente a las fallas del Estado como mecenas cultural que estamos viviendo actualmente, no hay formas de mecenazgo privado salvo algunas excepciones como el Museo Jumex, la participación de Slim con becas o las galerías de arte. Todo se ha profesionalizado.
“En el mecenazgo privado no veo censura, deja toda la libertad al artista, no imponen corrientes pictóricas o directrices en las líneas de creación, mientras que el Estado sí las marca mucho más, si no estás en sus corrientes, el artista resulta marginado”, opina.
Un ejemplo del mecenazgo es la Casa Rivas Mercado, añade Bradu. “costó años restaurar, menos mal que hay gente que se dedica a activar esa parte y que no terminó en estacionamiento”.
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