Opinión


Samba y cosificación en favor de Enrique Carpizo

Samba y cosificación en favor de Enrique Carpizo | La Crónica de Hoy

El Paseo de la Reforma es el escenario principal de México. En él transitan grupos de personas que reflejan la desigualdad económica, la diversidad cultural y política. Es nuestra avenida favorita de la Ciudad de México para manifestar y expresar nuestras ideas, opiniones y evidenciar públicamente las problemáticas que nos afectan.

El día de ayer me sorprendió encontrarme con lo que creí al principio era una manifestación. Venía por la ciclovía de Reforma de norte a sur. La circulación estaba cerrada para los automóviles y el Metrobús a la altura del Senado. Decenas de personas acompañadas de una batucada gritaban a coro ¡Carpizo! Dos mujeres con brasieres llamativos y jeans blancos y una con shorts blancos y un brasier en forma de flor, las tres con cuerpos curvilíneos con penachos característicos de la samba bailaban sensualmente rodeadas por hombres con pancartas.

Enseguida arribaron dos camionetas de lujo, bajó un grupo de hombres  vestidos con trajes  oscuros.  Los gritos se incrementaron, el confeti lleno las calles de colores, las mujeres movieron más rápido sus caderas al ritmo de la batucada que incrementó su sonido.

No, no era una protesta. Era un carnaval de apoyo a Enrique Carpizo Aguilar, quien hoy compareció en el Senado ante comisiones porque es uno de los aspirantes para presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Quedé atónita.

Me acerqué para preguntarle por qué las únicas tres mujeres en su carnaval de apoyo eran las mismas que vestían y bailaban de esa forma. Carpizo dijo que estaba sorprendido por las muestras de apoyo y que sólo se sentía agradecido.  Las mujeres atrás lo acompañaban moviendo su cuerpo al ritmo de la música, seguidas de hombres con pancartas —todos vestidos con jeans y playeras, ninguno con cuerpo escultural.

Avanzó como el rey del carnaval hasta la puerta del Senado. Mientras que las mujeres se subieron a una jardinera que parecía más un templete y siguieron bailando. Los transeúntes se pararon a tomar fotografías. No a las pancartas de apoyo, ni a los otros manifestantes, sólo a las mujeres que bailaban.

No tengo nada en contra de la samba, ni los carnavales, ni los atuendos que muestran los cuerpos. Creo fervientemente que cualquier persona puede vestir como quiera y expresarse corporalmente. Pero es revelador que un aspirante de la CNDH, que es el responsable de promover y proteger los derechos humanos, entre los que destacan la igualdad y equidad entre hombres y mujeres, sea el mismo que en su campaña de comunicación utilice a mujeres bailando con ropa ajustada y a los hombres sólo para gritar y cargar pancartas.

La cosificación o la objetificación sexual atenta contra los derechos humanos de las mujeres. Afecta la forma en que se ven a las mujeres únicamente como objetos personalizados de deseo sexual en lugar de verlas como individuos con personalidades, emociones y deseos complejos.

La objetificación está relacionada inherentemente con las formas de violencia que sufren las mujeres: trata de personas, acoso sexual y feminicidios.

Si ya existe un gran debate de cómo los medios, la publicidad y otras formas culturales utilizan a las mujeres de forma sexual para atraer la atención o vender productos, ¿por qué a un defensor de derechos humanos o a su equipo se le ocurre usar la misma estrategia?

¿Por qué? ¡En serio!

 

wengarrido@gmail.com
Twitter: @wendygarridog

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