Metrópoli


Se niegan a dejar departamento afectado tras el 19-S

Con una pequeña cama en medio de lo que solía ser la sala, varios garrafones y cubetas llenos de agua, en donde debía de estar la televisión, y una bocina que con música intenta romper el silencio que acapara el ambiente, una familia intenta continuar su vida en lo que algún día fue su hogar y hoy es sólo uno más de los edificios dañados, y que aún no ha sido atendido por las autoridades, tras el sismo del pasado 19 de septiembre de 2017.

Se niegan a dejar departamento afectado tras el 19-S | La Crónica de Hoy

Con una pequeña cama en medio de lo que solía ser la sala, varios garrafones y cubetas llenos de agua, en donde debía de estar la televisión, y una bocina que con música intenta romper el silencio que acapara el ambiente, una familia intenta continuar su vida en lo que algún día fue su hogar y hoy es sólo uno más de los edificios dañados, y que aún no ha sido atendido por las autoridades, tras el sismo del pasado 19 de septiembre de 2017.

Giovanni Peñaloza, junto a su hermano y su abuelo, a quien cariñosamente llama papá, son las únicas tres personas que permanecen viviendo al interior de un edificio ubicado en la colonia Escandón, que acabó afectado debido a que el condominio de junto terminó recargándose sobre él, salvándose así del colapso total, aunque provocó daños estructurales al interior del edificio del joven y su familia.

Aquella mañana, antes de que el terremoto del 2017 nos trasportara al pasado, haciéndonos revivir lo que 32 años atrás sucedió, Giovanni se encontraba como de costumbre trabajando, su madre en casa junto a su abuelo, quien desde los años 60, poco después de la inauguración del inmueble, empezó a trabajar para el dueño de los departamentos haciéndose cargo de la administración y el mantenimiento de todo el condominio.

En punto de la 13:12 de la tarde la ola de destrucción tocó la CDMX y con ella el edificio del joven de 26 años, quien al poco rato recibió una llamada de su madre pidiéndole regresar a casa, pues el edificio había sido acordonado por elementos de Protección Civil, impidiéndoles el acceso a ellos y a alrededor de 40 familias más que habitaban los departamentos.

A partir de entonces la vida de los Peñaloza y de otras 39 familias dio un giro total; todos los condóminos tuvieron que desalojar sus hogares, pues el edificio de al lado iba a ser demolido y resultaba peligroso permanecer ahí. Todos —excepto la familia de Giovanni— se fueron, debido a que el dueño del edificio, al perder el ingreso de las rentas de los departamentos no tenía dinero para liquidar al abuelo del joven, por lo que les prometió saldar la deuda a más tardar en unos días, los cuales se convirtieron en semanas, luego en meses y al día de hoy sigue sin saldarse.

Los Peñaloza tuvieron que separarse, la madre de Giovanni se mudó a Puebla junto con su hermano y él y su abuelo durante unos meses se mudaron a Veracruz, pero al ver lo difícil deconseguir trabajo terminaron regresando a vivir al edificio dañado.

Ahora todo es diferente: el lugar está vacío; de los cordiales saludos y pláticas vecinales entre los pasillos y escaleras, no quedan más que recuerdos; vidrios rotos, estufas abandonadas durante la mudanza y pedazos de concreto son los nuevos vecinos.

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