Opinión


Tlahuelilpan. El llano en llamas

Tlahuelilpan. El llano en llamas | La Crónica de Hoy

Por un lado la página en blanco, por el otro lado los diarios dando detalles cada vez más  dolorosos de la tragedia de Tlahuelilpan. ¿Cómo abordar esta tragedia?

Lo primero, para intentar comprender, es recordar que hace pocos días en una comunidad vecina, Ahuehuepan, también en las inmediaciones de Tula, la población retuvo a un grupo de militares después de una confrontación entre fuerzas federales y huachicoleros. La gente se fue sobre los soldados, los golpearon y los retuvieron. Tiempo después fueron liberados pero ninguno de los responsables fue detenido. Sobra decir que los huachicoleros huyeron.

En otra nota, pobladores de Cosamaloapan, Veracruz, aprovecharon un choque entre dos camiones —uno de ellos transportaba ganado—, para robarse el ganado, y además, ahí mismo, sobre la carretera, algunos de ellos destazaron reces y se repartieron los trozos de carne. Un espectáculo macabro.

El pueblo no es sabio ni bueno como se dice en las conferencias de prensa mañaneras. Es codicioso y cruel. En un minuto, una comunidad en apariencia pacífica se puede transformar en una horda rapaz que puede llegar a cualquier extremo, como ese de destazar reces víctimas de un percance.

Las imágenes previas a la explosión en Tlahuelilpan, muestran a una comunidad echando desmadre alrededor de un ducto como si fuera  una  fuente en una  mañana  cálida. Se ven hombres, mujeres y niños correteando, gritando, llenando bidones con gasolina. No sólo eso, se ven con claridad varios soldados que ya habían llegado al lugar y que adoptaron un papel contemplativo, mientras la gente recorría el llano que minutos después terminaría en llamas. No parecen personas en situación de pobreza extrema, pero claro, no podría asegurarlo. Se ven grupos populares, pero sin necesidad de arriesgar la vida por un galón de gasolina.

La tragedia se pudo evitar, pero la gente no quiso contenerse y las autoridades los dejaron hacer. Algunas crónicas sostienen que sí trataron de alertar a los pobladores, pero nadie les hizo caso. ¿Podía haber hecho algo más el Ejército? Creo que la reciente experiencia de Cosamaloapan pudo haberlos afectado.  En tiempos recientes se divulgaron videos de otras poblaciones que manipulaban gasolina entre gritos e incluso risas. Como no pasó nada, pues siguieron jugando a la ruleta rusa, hasta que por fin se escuchó la detonación y la muerte se dio vuelo.

No recargo la responsabilidad en las víctimas, pero llegó el momento de dejar de tratar a los ciudadanos como personas que hacen “travesuras”, cuando en realidad están cometiendo un delito que, ya lo vimos, los pone en peligro. La tragedia sobrevino en un contexto particularmente complejo, por la lucha del Estado mexicano contra los huachicoleros que ha provocado un periodo de agitación, aunque todavía nadie puede asegurar si vamos ganando o perdiendo.

Mención especial merece la confrontación ruin y patética en las redes sociales donde la vileza ha sido el común ­denominador. Aunque usted no lo crea, hubo mensajes en los que se decía que los pobladores merecían el cruel castigo de morir calcinados, de encontrar la muerte entre llamas. Tampoco faltaron los ataques despiadados contra el gobierno, en par­ticular el presidente AMLO y de las huestes de López Obrador en contra los emisores del pasado que son culpables de todo lo malo que ocurre en el país.

Se han anunciado apoyos oficiales para los familiares de las víctimas y para los heridos, varios de ellos muy graves. ¿La tragedia será una lección para que las comunidades aficionadas al huachicol se dediquen a otra cosa? Ojalá quede  algo bueno de tanto dolor.

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