Cultura


“Tropezamos con la misma piedra y somos incapaces de quitarla o cortarnos el pie”: Padura

Las lecciones de la historia son insuficientes para mostrarnos los caminos equivocados que hemos transitado, dice Leonardo Padura en FIL de Guadalajara virtual

“Tropezamos con la misma piedra y somos  incapaces de quitarla o cortarnos el pie”: Padura | La Crónica de Hoy

“Cometemos los mismos errores y los mismos horrores adecuados, por supuesto, al momento histórico. Tropezamos siempre una y otra vez con la misma piedra y ni siquiera somos capaces de quitar la piedra o de cortarnos el pie. Eso nos los grita la historia una y otra vez”, expresó Leonardo Padura (La Habana, 1955), durante la apertura del Salón Literario Carlos Fuentes de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en su edición virtual y la entrega de la Medalla Carlos Fuentes. 

El autor cubano ayer dedicó su discurso, “La novela en el espejo de la historia”, a explicar los motivos por los cuales escribió novelas consideradas históricas, al libre albedrío y a la complejidad de establecer una verdad histórica. 

En palabras del también Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, la pandemia demuestra que los seres humanos no hemos aprendido nada de la historia.

“No aprendemos nada, a pesar de los esfuerzos de la historia por mostrarnos los caminos equivocados que hemos transitado, a pesar de que leamos e incluso algunos hasta escribamos novelas pretendidamente históricas”, dijo.

El autor de "El hombre que amaba a los perros” señaló no ser un pesimista ni optimista. “Sólo soy objetivo, quizá realista; si alguno de ustedes duda de mi objetividad y mi sentido de la realidad, lo invito a que lea la historia, a que busque las nuevas novelas históricas y a que luego me cuente qué ha aprendido en ellas”.   

De su experiencia como autor de novelas históricas, Padura confesó ser alguien que no pretende crear novelas de ese género, simplemente es alguien que intenta entender, a través de las palabras y las tramas, lo que hay arriba, abajo, lo que había antes y lo que habrá después. 

“Lo archivos de la historia que nos regalan tantas lecciones de permanencia, de su capacidad de especular, de sus posibles calcos y su obstinada persistencia, resultan un material privilegiado para acercarme a algunas de las respuestas que busco, o al menos a recordarme las preguntas que, como ser humano social e histórico, me obsesionan”, comentó. 

Padura opina que no hay fórmulas para escribir novelas históricas. “Al menos yo no las conozco, existen maneras de leer la historia, modos de interpretarla y acercarla a nuestros intereses de diversas cualidades: ideológicos, sociales, políticos, de géneros, entre otros”. 

De esas maneras, Padura escoge una lectura polisémica. “Esa estrategia me ha permitido incluso escribir novelas con contenido histórico: es la lectura de la historia con la intención de iluminar el presente y así tratar de entenderlo, si eso fuera posible”.

Para el autor de “Como polvo en el viento”, asumir así la historia deja enseñanzas y la primera es que los hombres no cambian. 

“A través de la larga crónica de la civilización, somos más o menos los mismos, y por tanto somos igual de ignorantes. Lo mismo cuando, gracias a nuestra inteligencia, creamos los primeros alfabetos y los primeros dioses, que cuando patentamos el último modelo de un artilugio digital y compartimos una foto en las redes sociales”. 

INTIMIDAD DE UN PAÍS. En su discurso, Leonardo Padura hizo un recorrido por cada una de sus novelas y puso en un lugar especial a “La novela de mi vida”, centrada en la biografía del poeta cubano José María Heredia (1803-1839), quien murió exiliado en México. 

“Leí la historia, escrutaba en ella y sentía que podía mirarme en un espejo y ver sobre mi reflejo el aura imborrable del hombre que soñó con tener una patria y sin llegar a tenerla, ni real ni políticamente, tuvo la capacidad de fundarla con sus acciones, sus ideas, sus versos y su predilección por el quimbombó”, comentó.

Con esa perspectiva, Padura inició la novela sobre Heredia, junto con la comprensión de que el poeta histórico, era también su contemporáneo y que su novela era la de muchos cubanos. 

“La historia desde esa perspectiva se convirtió en algo más que contexto: escenario y condición de una serie de peripecias reflejada con la mayor cercanía posible a lo documentalmente probado, pues me guiaba una intención muy diferente a la que hubiera asumido un historiador. Yo entraba en la historia para entender la naturaleza íntima de un país, las claves de una pertenencia singular, incluso, iba a la historia para entenderme a mí mismo y practicaba un empleo utilitario de ella”, dijo. 

La historia como se sabe puede ser leída desde las más diversas perspectivas, las inclinaciones políticas, las tendencias filosóficas y las posibilidades de acceso a información, añadió Padura.

“La objetividad de una ciencia social cuya validez se remite al empleo de documentos que avalen la pertinencia de los juicios, es una falacia. La subjetividad y los intereses incluso más mezquinos son componentes habituales en la escritura y, por supuesto, de la aventura de la historia”, detalló.

Padura expresó que la subjetividad del escritor está presente en todo el proceso de escritura cuando realiza una novela historia, desde la elección de la época, hasta los personajes y el mensaje que se quiere transmitir.

 

    

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