Opinión


Trump, la telenovela

Trump, la telenovela | La Crónica de Hoy

Como se esperaba, la segunda semana de audiencias públicas para el desafuero, impeachment, de Donald Trump han transcurrido con la confirmación de lo que ya sabíamos, desde que se dieron a conocer las versiones estenográficas de las audiencias privadas: Trump y su equipo, encabezado por el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani y el secretario de Estado Mike Pompeo, presionaron al gobierno de Ucrania para que iniciara una investigación sobre supuestos actos de corrupción del hijo de Joe Biden, el vapuleado candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, a cambio de que se le entregara ayuda militar a ese país.

La información acopiada durante esta semana deja ver varias cosas. Por una parte, las razones por las que Trump nunca se entendió con su primer secretario de Estado, Rex Tillerson, un antiguo ejecutivo petrolero que sabe que cumplir con las leyes ayuda a evitarse problemas y que, obviamente, no estaba dispuesto a formar parte del circuito de mentiras, corrupción y demagogia que encabeza Trump.

En segundo lugar, ha demostrado qué tan postrado está Trump ante Vladimir Putin. Es importante tener en mente que Rusia invadió territorio de Ucrania y por eso es que la ayuda militar de EU es tan importante para Ucrania. Sin esa ayuda, Ucrania está a merced de los caprichos de Putin y, hasta donde ha sido posible observar en los testimonios del pequeño regimiento de funcionarios y exfuncionarios que desfiló la semana que recién concluyó en el Congreso de EU, eso no le preocupa a Trump. Por él, Ucrania podría desaparecer mañana sin que eso le quitara el sueño.

En tercer término, demuestra que la política exterior y, de manera más general, el gobierno de Estados Unidos, está en manos de una pandilla de personajes provenientes de los círculos inferiores del sector privado de aquel país, con poca o nula experiencia en los procesos de Gobierno y en la elaboración y evaluación de políticas públicas, cuyo principal interés es ordeñar, tanto como sea posible, las ubres del Estado en su beneficio, como lo demuestra el  hecho que el embajador ante la Unión Europea, Gordon Sondland, estaba más preocupado en sus reuniones con su personal por sus negocios privados que por cumplir con la política de apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa.

A pesar de toda esta evidencia, sigue siendo claro que los republicanos no están dispuestos aún a hacer que Trump renuncie, como ocurrió con Richard Nixon, y mucho menos están dispuestos a condenarlo en el Senado. Ello no implica, sin embargo, que todo lo dicho en las audiencias públicas sea irrelevante. Todo lo contrario. Las audiencias—hasta ahora—han servido para confirmar lo que Bob Woodward, uno de los reporteros del caso Watergate, escribió en su libro Miedo: Trump en la Casa Blanca y lo que más recientemente se publicó en el libro de autor anónimo A warning (Una advertencia): Trump no es apto para el cargo que actualmente ostenta.

Y la gente lo sabe. La elección de gobernador en Luisiana, celebrada la semana pasada, demostró que Trump ha perdido su toque. Durante dos semanas consecutivas, Trump fue a hacer campaña por el republicano Eddie Rispone y, a pesar de los llenos aparentes en los locales donde reunió a sus seguidores, el demócrata John Bel Edwards, ganó con facilidad, lo que se suma a la victoria demócrata en Kentucky a principios de este mes, además de que la aprobación de Trump es la más baja de su mediocre gobierno, sin olvidar que, para propósitos prácticos, de acuerdo a las encuestas disponibles, cualquiera de los precandidatos presidenciales de los demócratas puede derrotar a Trump en 2020.

 

manuelggranados@gmail.com

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