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Vaquita marina al borde de la extinción

Peligro. En 1999 organizaciones internacionales lanzaron al gobierno mexicano y a autoridades pesqueras la necesidad de eliminar las redes para evitar la muerte de este cetáceo y a dos décadas, en lugar de restringir el uso de las redes matavaquitas se incrementó su uso a la par de los permisos de pesca que otorga el gobierno federal

Vaquita marina al borde de la extinción | La Crónica de Hoy

(Primera Parte)

Dos décadas pérdidas y de inacción gubernamental mexicana conducirán muy probablemente a la extinción del mamífero marino conocido como vaquita marina.  Un informe detallado de las organizaciones ambientalistas que han pugnado por la protección de este mamífero indica que se están cumpliendo 20 años de que se determinó y recomendó al gobierno mexicano una medida extremadamente puntual, factible y presupuestalmente poco costosa: sustituir las redes de quienes se dedican a pescar en el área para evitar la muerte constante de especímenes de estos animales.

Desde 1997, los especialistas descartaron causales como contaminación o fenómenos de otra naturaleza como origen de la disminución en el número de especímenes (en aquel año se calculó un total de 600). El narco entonces no pintaba aunque hoy en día es la gran explicación que se usa hoy para justificar el dramático final de una especie.

El consenso de los especialistas era que la actividad pesquera y la extinción de la especie estaban íntimamente ligadas, pues el tipo de prácticas y redes provoca (hace 20 años y hoy en día) que la vaquita marina se enrede en estas extensas mallas al perseguir su alimento.

Dos años después, en 1999, lanzaron recomendaciones al gobierno mexicano, particularmente a las autoridades pesqueras, entre las que se incluyó la sustitución de la artes de pesca por otras más selectivas que eviten la captura accidental de vaquitas.

La población de vaquitas era de apenas 40 ejemplares en 2018, pero se calcula que terminaremos este año con tan sólo unas 10.

La preservación ecológica de este ecosistema en el septentrión del Golfo de California es compleja y requiere de muchas acciones, pero el caso de las redes, es decir, que se usen las mismas que se señalaron hace 20 años como causal principal de muerte de las vaquitas marinas, es esclarecedor.

La vaquita marina sólo vive en el Alto Golfo de California. En esta semana se ventiló que los titulares de Samarnat y Agricultura, Víctor Manuel Toledo y Víctor Manuel Villalobos respectivamente, vivieron una discrepancia en torno a la protección de esa zona en la que ya hay decretada una reserva de la biósfera. Villalobos reprochó en un oficio a Toledo que había inmovilidad gubernamental a pesar de que el presidente López Obrador instruyó a que el secretario del Medio Ambiente asumiera el liderazgo en el tema.

En el documento Vaquita Marina, en qué hemos fallado, lanzado este año por Comarino, Greenpace y The Ocean Fundation, se deja ver que en esas dos décadas perdidas nunca se negoció eficazmente con la población pescadora y que en lugar de restringir el uso de las redes matavaquitas, este tendió a incrementarse a la par de los permisos de pesca que otorgaba el gobierno.

Tampoco hubo incentivos que condujeran a los pescadores a respetar la zona de reserva (relativamente pequeña) o la reconversión tecnológica de la pesca.

Los científicos han documentado con claridad que cada embarcación pesquera tira dos redes de 800 metros de largo, compitiendo entre ellas, es decir, colocando las redes de tal manera que cubran el paso de peces que los otros pescadores han dejado libres. Decenas y decenas (en los últimos años, cientos) de embarcaciones crean un laberinto en un área marina que tiene el tamaño del estado de Querétaro. Las chances de la vaquita son pocas.

Pero la claridad científica no provocó reacción en el gobierno mexicano, a pesar de que en el 2012 hubo una nueva oleada de presión ecologista en el tema.

Increíblemente, comentó a Crónica Yolanda Alaniz Pasini, una de las autoras del texto, las autoridades mexicanas han optado todos estos años por ir a Washington, Estados Unidos, a cabildear para evitar embargos a la producción pesquera proveniente del Alto Golfo de California; hacen eso antes que seguir las recomendaciones que los expertos le señalaron formalmente al gobierno mexicano desde 1999 para evitar que el país se convirtiera en el escenario de una extinción.

Una y otra vez los representantes de la administración federal en turno se sentaron a la mesa de revisión, y nuevamente dejaron el proyecto de cambio de artes de pesca para después. Una vez más optaron por ir a cabildear a los Estados Unidos para sortear, una y otra vez, los boicots a los productos pesqueros de la región.

El resultado es paradójico: las autoridades pesqueras llevaron la crisis al punto en el que la población de vaquita es tan reducido que se requieren restricciones extremas a la actividad pesquera.Con datos duros, las tres organizaciones ecologistas de las más serias a nivel mundial, relatan esas dos décadas perdidas en el texto pública Vaquita Marina, en qué hemos fallado, disponible en sus páginas de internet.

La disputa entre los secretarios Toledo y Villalobos vivida esta semana, es así sólo un capítulo más de la inacción cultivada, por autoridades de ambientales y de pesca, durante 20 años.

(continuará).

 

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