Opinión


Venezuela: Lecciones para México

Venezuela: Lecciones para México | La Crónica de Hoy

Con la ausencia de la oposición democrática, se celebraron elecciones de Estado en Venezuela. Los 14 mil candidatos inscritos -en su gran mayoría cercanos al oficialismo- se preparan para la toma definitiva de la Asamblea Nacional, hasta ahora el último baluarte opositor al régimen y de la que es miembro Juan Guaidó quien ostenta el rol de Presidente encargado reconocido por 60 países. El rechazo a participar expresado por los partidos opositores proviene de un proceso electoral en el que no existen las mínimas garantías democráticas. Esto es así porque el gobierno designa a las autoridades electorales que realizan los conteos, nombra directamente a jueces y magistrados que los sancionan, promueve la operación electoral a cargo de una amplia estructura clientelar de carácter institucionalizado y porque los sistemas de cómputo utilizados para procesar los votos no pueden ser auditados de manera independiente. Además, existen documentadas acusaciones de fraude y manipulación durante los comicios.

Para garantizar la participación electoral de los partidos afines al gobierno, integrados en la denominada “Mesa de Diálogo Nacional”, Nicolás Maduro accedió a incrementar en más de 100 escaños el Parlamento y a reservar a sus aliados 40 lugares a partir de una lista nacional desvinculada de los distritos y del sistema de reparto en proporción a la población. Por ello, el gobierno espera que la nueva Asamblea Nacional se integrará por una mayoría de diputados leales al régimen. En la víspera, el número dos del gobierno venezolano, Diosdado Cabello -señalado de controlar el narcotráfico en esa región-, emitió un mensaje intimidante a la población advirtiendo que “quien no vota, no come”. Haciendo referencia al estricto control impuesto a la sociedad a través de la entrega de pequeños paquetes de comida conocidos como “CLAP” que se distribuyen selectivamente entre los ciudadanos, en un contexto de crisis humanitaria y de hambruna prolongada. Cinco millones de venezolanos han escapado del país por la precaria situación social y económica.

El caso de Venezuela ilustra la muerte de una democracia a través de la instauración de un sistema de monopolio político. Proyecta un modelo autoritario que suspendió los procesos democráticos con frecuentes interrupciones constitucionales y que sometió a la disidencia por medio de la cárcel, el exilio y de persecuciones de todo tipo. Es un gobierno alejado de la legalidad que se sustenta en elecciones fraudulentas y manipuladas convirtiéndolas en un simple formalismo para imponer a los candidatos del régimen. Son recurrentes las “inhabilitaciones electorales selectivas” que afectan especialmente a los dirigentes de la oposición limitando el derecho político de elegir y ser elegido. Representan un instrumento del poder para neutralizar a los que piensan diferente. Por ello, los procesos electorales bajo el gobierno de Nicolás Maduro carecen de credibilidad y legitimidad.

Mucho se ha hablado de la semejanza del gobierno de López Obrador con el régimen venezolano. Y no es casual, en ambos países de desarrolla un sistema antidemocrático a partir de la exclusión de las oposiciones del proceso político y de la ruptura de la división de poderes, en ellos existe una clase política mediocre e ineficiente sustentada en la fuerza, además comparten limitaciones a las libertades civiles y políticas, y en ambos existe un marcado interés por la reelección indefinida de sus gobernantes. Las lecciones para México provienen de la necesidad de limitar cualquier monopolio político y del imperativo de contar con una amplia oposición unificada que permita alternancias regulares en el poder.

 

 

isidroh.cisneros@gmail.com

Twitter: @isidrohcisneros

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