Opinión


Voluntarismo

Voluntarismo | La Crónica de Hoy

Una parte de la cultura mexicana abreva del voluntarismo, de la idea de que echándole ganas todo se puede. Lo vemos por igual en el análisis popular de los partidos de futbol que en la idea común de que, si en realidad lo deseas, puedes triunfar en aquello que te propongas. 

El voluntarismo igual ha servido para promover actitudes positivas de libro de autoayuda que para justificar desigualdades de base. A la hora del crecimiento (económico, mental, político) es de poca utilidad, porque, al dar preeminencia a la voluntad sobre el entendimiento, resta importancia a las condiciones objetivas. Por eso luego la gente se da frentazos.

El voluntarismo es una suerte de irracionalismo optimista: funda sus previsiones en el deseo, dejando en segundo lugar la posibilidad real de que esas previsiones se puedan cumplir. Al mismo tiempo, desarrolla argumentos falaces para llegar al resultado deseado.

En política, apelar a la voluntad de las masas como elemento fundamental del cambio, sin considerar la situación real en la que se desarrollan, ha traído resultados nefastos. Hay en él un exceso de confianza en la capacidad autónoma del pueblo para hacer bien las cosas y una falta de visión de los obstáculos que enfrenta en el proceso. Esa falta de visión resulta del deseo mismo de que las cosas salgan bien, convertido en una suerte de profecía (que no se cumple). Así pasó con El Gran Salto Adelante en China o con La Zafra de los Diez Millones, en Cuba.

Hay ocasiones en las que el voluntarismo se asume a partir de la voluntad del líder, que toma decisiones de política pública sin el sustento de la ciencia o de la técnica organizacional: lo que importa es el futuro que ese líder prevé y él es quien sabe el camino (y si no lo sabe, hace camino al andar). 

Podemos asumir que en el voluntarismo hay buena voluntad. Buenas intenciones. Que lo que se quiere es la mejoría de las condiciones de la población. Pero esas intenciones suelen empedrar el camino del infierno, si no se apoyan en las leyes objetivas del desarrollo, en los avances de la ciencia, en el conocimiento de los métodos. Si no se apoyan en las habilidades de otros.

La voluntad, como propiedad y aptitud, es indispensable para que los objetivos planeados se consigan. Pero no basta. Requiere obligatoriamente del concurso de otras capacidades. Y, sobre todo, de una dosis de realismo.

Si somos materialistas, entendemos que la voluntad no determina el curso de la historia y el devenir de las cosas. Lo determinan leyes objetivas: sociales y naturales, que no se pueden crear, abolir o transformar a voluntad. Las versiones idealistas, que piensan que una personalidad o un grupo pueden hacer las cosas de cabo a rabo sólo porque tienen ganas o buenas intenciones de hacerlo, terminan estrellándose contra un muro (pero la visión voluntarista dirá que ese muro no existió, o que será derribado en un futuro indeterminado).     

Todo esto viene al caso por el proceso de vacunación masiva, que ya inició en todo el país para los adultos mayores. La intención manifiesta es realizarla tomando en cuenta, más que el nivel de contagios y muertes, las posibilidades de acceder a hospitales, farmacias y servicios de salud: ir en pos de quienes tienen ese tipo de vulnerabilidad social. El método escogido es el de desechar casi por completo las experiencias anteriores -no importa qué tan exitosas hayan sido- y apostar por brigadas mixtas, que van a ir aprendiendo sobre la marcha en la medida en que se despliegan por el territorio.

Las brigadas sin duda le echarán ganas. Corazón. Voluntad tenaz. Pero -se ha visto el primer día de manera dramática- van a toparse con un sinfín de problemas logísticos, estratégicos, de distribución y de organización. También se toparán con no pocos obstáculos políticos, humanos y técnicos.

Tardarán tiempo en resolver esos problemas, si es que lo logran. Porque se les ha encomendado una tarea para la que no estaban programadas y se ha creído que, echándole ganas, van a poder hacerla tan bien como las de las Semanas Nacionales de Vacunación de la época neoliberal.

A final de cuentas, es seguro que, como dice López Obrador, “de que se va a vacunar a la gente, se va a vacunar”. Las vacunas llegarán, en desorden y sin claridad sobre tiempos, cantidades y costos; también terminarán aplicándose, y el proceso se hará, previsiblemente, de manera cada vez menos caótica. 

De entrada, podemos adelantar que los retrasos de entrega y los problemas logísticos seguirán siendo, al menos por un tiempo, el pan de cada día. Pero sólo hasta dentro de unos meses podremos sacar cuentas y saldos finales de este experimento.

El voluntarismo, recordémoslo, es una forma de aventurerismo político. En esta ocasión, la aventura se juega sobre la salud y la vida de millones de mexicanos. 

 

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