
La carrera hacia la Presidencia de México en 2030 ya ha comenzado, y el panorama se dibuja con claridad: los caballos fuertes se perfilan por el carril derecho, mientras que los posibles contendientes del carril izquierdo cargan con el peso abrumador de la corrupción y el crimen organizado, que han permeado sus estructuras durante décadas. Esta dinámica quedó en evidencia tras la reciente entrevista de Ricardo Salinas Pliego en Código Magenta, conducida por Ramón Alberto Garza, donde el empresario expuso sin filtros las fallas del sistema actual y la necesidad de un cambio radical.
Aunque Salinas Pliego comienza a figurar en las encuestas como una opción viable, su falta de respaldo partidista complica su participación como candidato independiente. Sin embargo, el verdadero liderazgo emergente lo encarna Eduardo Verástegui, quien no solo está formando su partido, Viva México, que suma adherentes día a día, sino que se posiciona como el principal anfitrión de la Cumbre Viva América y CPAC México, a celebrarse los días 15 y 16 de noviembre de 2025 en Expo Santa Fe, Ciudad de México. Este evento congregará a los movimientos conservadores más influyentes de América, integrando liderazgos como los que encabezan Javier Milei, Nayib Bukele, Donald Trump y Jair Bolsonaro dentro de la red CPAC.
Verástegui representa la esperanza de sepultar la partidocracia corrupta, pavimentando el camino hacia un nuevo arreglo de poder que priorice la libertad individual y mecanismos auténticos de representación, libres de criminales y oligarquías.
Por otro lado, las expresiones de valentía de Lilly Téllez en los últimos meses, frente al asedio del régimen y los medios afines, la han catapultado como una líder a la altura de la contienda presidencial. Sus denuncias contra el autoritarismo la muestran como una figura resiliente y combativa. No obstante, persiste la sombra de su decisión pasada: en la contienda de 2024, cedió ante la imposición de la partidocracia al respaldar a Xóchitl Gálvez sin pelear por su propia candidatura. Nada garantiza que no repita el patrón, aceptando una curul legislativa a cambio de ceder el paso a otra figura impuesta por los mismos intereses.
Sin embargo, es irónico que estos tres liderazgos —Salinas, Verástegui y Téllez— tengan como principal obstáculo a los partidos, incluidos los de “oposición”, que cierran el paso a auténticos liderazgos antisistema. Pero también el otro muro es que el sistema democrático ya es prácticamente inexistente, una pantomima donde, aun si cualquiera de estos tres logra llegar a la boleta, se percibe una manipulación del sistema electoral al estilo Venezuela, en la que los resultados se conocen antes de la votación, como sucedió en las recientes elecciones del poder judicial. Además, la República ha quedado derruida, con todos los poderes cooptados por el régimen y los partidos incapaces de consolidar una figura opositora.
Dentro de poco sabremos si Morena se agandalla la presidencia de las dos cámaras o si al menos deja una esperanza de vida abierta a la República, permitiendo el ascenso de la panista Kenia López Rabadán, quien tiene la oportunidad de dar un rostro que dignifique un poco a los poderes que quedarom muy manchados tras la vergonzosa presidencia de Noroña en el Senado. Si Kenia logra destacar en su encargo y confronta abiertamente las agendas globalistas y progresistas, podría entrar en el ánimo conservador para colocarla dentro de la carrera. Aunque su principal problema serían nuevamente los partidos, que le podrían obligar y querer controlar con los mismos bandidos que han vendido una y otra vez la confianza ciudadana, y también la podrían usar y abandonar en el camino para convalidar otro mega fraude electoral en México, en el que los mismos vampiros de la partidocracia sigan saciando su sed de pírrico poder.
En síntesis, la derecha se está poniendo de moda en México; el péndulo político se impulsa al lado opuesto de la izquierda criminal, y no hay sistema partidocrático que pueda durar más tras este gran despertar. El futuro demanda un viraje hacia la autenticidad, y estos actores podrían ser los catalizadores del cambio definitivo.
César Daniel González Madruga
@CesarG_Madruga