
Sin entrar en polémicas de ninguna clase fácilmente se puede advertir la naturaleza de los mensajes políticos en el campo de la comunicación humana: el emisor, en este caso el estadista, el funcionario, el político o el burócrata (emisor), se acopla al nivel de sus escuchas (receptores) para configurar sus palabras y hacerlas asequibles, comprensibles, atendibles y a veces inolvidables. Quién podría olvidar el “cállate chachalaca” o antes las víboras prietas y las tepocatas.
En algunos casos son fáciles expresiones concomitantes con su visible incultura.
Los políticos, suelen ser hábiles, pero no cultivados (especialmente estos de ahora) y fácilmente sustituyen su anemia verbal con la llaneza del refrán, el dicho callejero o los personajes de historietas. Hasta a García Harfusch le han elogiado su eficacia con la comparación de Batman, el murciélago de Ciudad Gótica.
En la plaza pública o la mañanera se habla con el vocabulario y modo de quienes escuchan en pleno aprovechamiento de las limitaciones de la condición simple del pueblo bueno.
El medio no es el mensaje; el mensaje es el lenguaje.
Hasta Emilio Azcárraga “El tigre”, lo confesó con toda objetividad: hago televisión jodida para los jodidos. En un país de personas coherentes, idiomáticamente estructuradas, “Cantinflas” habría fracasado.
El lenguaje político mexicano actual, especialmente en los tiempos dorados de la IV.T --en cualquiera de sus pisos-- es de singular y notable pobreza. Lenguaje pobre para personas pobres. Como en el reparto dadivoso, también en el discurso, por el bien de todos, primero ellos.
Y en algunos casos esa simpleza idiomática llevada a grados de esplendor por el anterior presidente con sus famosas expresiones, “fuchi caca” o los malos de malolandia, incurre en el infantilismo con apoyo de historias simplonas o caricaturas, como cuando la política exterior se nutre de la serenidad de Kalimán (Pelayo) y el, aprendizaje de Solin (De alba).
El once de febrero de 2019, mucho antes de la aplicación constitucional de sus consejos, el gobierno de México, en un blog de la secretaría de Cultura, casi incluye a este mítico personaje en el catálogo heroico nacional.
“...Dos años después de su debut en la radio, en 1965 Kalimán invadió otro sentido de la audiencia mexicana --dice el supremo--, esta vez el paladín dominó la vista de los mexicanos, pues sus aventuras se trasladaron a una historieta cómica que se convirtió en un éxito que se extendió por Centroamérica.
“La tira cómica se mantuvo por varios años como una de las más vendidas en nuestro país, las aventuras de este héroe fueron publicadas durante 26 años sin interrupciones y en total se publicaron mil 351 números consecutivos.
“Esto hizo que Kalimán se convirtiera en un referente de la cultura popular. Frases como “El que domina la mente lo domina todo” y “Serenidad y paciencia... mucha paciencia”, expresiones características de Kalimán, se quedaron grabadas en el imaginario colectivo y hoy día son recordadas con cariño, pues seguramente esta historia marcó a más de uno y lo hizo fantasear con escenarios donde la justicia y el bien siempre triunfan”.
Muchos años atrás, en Estados Unidos nació una historieta producto del ingenio de una señora llamada Margorie Henderson. Se llamaba “Little Lulú” y surgió en “The Saturday Evening Post”. Una niña ingeniosa y callada (al principio) cuyos rizos recordaban los de la propia autora cuando era niña”.
Niñas de inolvidable cabellera rizada, como una a quien conocí en la UNAM.
El editor “quería una niña porque las niñas pueden (o podían) llevar a cabo escenas que en un niño se verían burdas”, según dice Kathryn Allamong Jacob, conservadora de la Biblioteca Schlesinger.
Hace un par de días en el salón Guillermo Prieto del Palacio Nacional, “la pequeña Lulú” se incrustó en el discurso presidencial de la señora presidenta (con A). Todos recordamos a una malvada bruja llamada Ágata (Witch Hazel) quien con su sobrina Alicia (Little Itch), le hacía travesuras a Lulú, Tobi –el del club misógino--, y sus demás amigos.
Ágata decía ufana mientras aplicaba sus hechizos: «cacle, cacle»; la brujita Alicia decía «quicle, quicle».
Pues ahora, como Ágata nuestra señora presidenta (con A, insisto) también dice “cacle, cacle”.
El miércoles, en una diatriba contra los dichos de sus opositores, la doctora recordó a “La pequeña Lulú” e imaginó cómo pensarán de ella los incomprensivos, cuando recibe supuestas instrucciones desde el norte:
“¡Ah!, pero eso sí: “es que el presidente Trump —hago así esta cara, porque así me los imagino— le ha de haber dicho a la presidenta que mandara a —'cacle-cacle’, como la… Bueno, a ustedes no les tocó La pequeña Lulú, había una bruja en La pequeña Lulú que decía: ‘cacle-cacle’—, le ha de haber pedido al político, no sé cuánto...
“Bueno, pero lo repiten”.
Cacle, cacle; quicle, quicle...
KARATE
Se ha publicado recientemente un libro imprescindible para la historia del deporte en México. Especialmente de las artes marciales. Con el ISBN978.607-99425.6-4 y editado por IDMS Consulting, circula “Historia del Karate en México”, de Manuel Mondragón y Kalb, un deportista excepcional y un servidor público de muy singular carrera.
Sobre lo primero se podrían decir muchas cosas, pero las más importantes --desde los inicios-- están contenidas en el texto mencionado.
--“Manuel, ¿no te interesaría practicar Karate?, me dijo (Carlos Villa)?
--¿Karate? ¿A qué te refieres con eso? ¿Es un medicamento? ¿Se trata de incursionar en una época histórica de nuestro mundo?, respondí bromista.
“Ante mi duda Carlos procedió a explicarme qué significaba esa palabra.
--Tú, que eres cinta marrón (café) de Judo... ¿sabes lo que significa JU-do?, señaló mi amigo.
“Es el arte de derribar a un enemigo, aprovechando la inercia de su propio ímpetu en su ataque. El término ju quiere decir y el sufijo do, objetivo. El karate siempre se acompaña también del sufijo do y por su etimología quiere decir: kara (mano) y te (puño), es decir, puño vacío, para utilizarlo –como en el judo--, para derribar como un objetivo...
“Mi amigo me despertó en ese momento un franco interés que dio paso a mi decisión inmediata para incursionar en el Karate Do... fue en ese momento cuando me comentó haber conocido al profesor Nobuyoshi Murata, de nacionalidad japonesa quien arribaba a nuestro país para hacerse cargo de la subdirección de la empresa Takeda de México. Era un hombre de Karate Do, ostentando el segundo grado de la técnica Shito Riu...”
Sin espacio para transcribir completo el encuentro con Murata, --quien reacio recibió a los aspirantes a karatecas con un abierto rechazo porque no habían demostrado apego a los valores filosóficos y morales del Karate Do: perseverancia, respeto, honor, compañerismo, obediencia, esmero y otros--- vale señalar que durante dos meses le suplicaron hasta persuadirlo comenzar la primera instrucción en México de esta disciplina marcial del oriente.
En México el karate nació en agosto de 1959... Lo demás, está en el libro y en los anales deportivos de este país.
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