
La decadencia pavorosa del Poder Judicial, ahora convertido en una dependencia más del Poder Ejecutivo, constituido –al menos en su parte más visible, la Suprema Corte de Justicia de la Nación--, por una manga de abogados (as) al frente de los (las) cuales se luce el Tata mandón de los bordados, ha dado públicamente el más grotesco y a un tiempo jocoso de los espectáculos.
Ante los ojos de todos, los ministros del pueblo (pobre pueblo sin nada mejor para merecer) han mostrado su enorme capacidad para el ridículo –una vez más, como ya ocurrió con sus limpias chamánicas— mediante la compra y devolución de las camionetas de lujo blindado--; muestra infalible (e inadmisible) de su condición invertebrada y mudable con argumentos contradictorios, casi todos, insostenibles hasta para ellos.
Conducta institucional de pretextos, falsedades y acomodos repentinos. Todo según sople el viento, sin consistencia ni ciencia. Una vergüenza, pues. Los panegiristas de la IV.T.2-P, han publicado frases como “control de daños” en la devolución de las millonarias camionetas, sin percatarse de cómo han hecho crecer el daño. Si en un comienzo se trataba de abuso hoy su codicia rastacueruda se retrae con los peores argumentos.
Todo comenzó con una mentira: rentar es caro; comprar es más barato. Pues depende qué se rente y depende en cuanto se compre. Pero, sobre todo, ¿hay alguna necesidad (necedad) de incluir vehículos personales en las prestaciones de los privilegiados ministros, cuyos privilegios fueron antaño maldecidos, combatidos, exhibidos y hasta suprimidos en la imaginación y refrendados en la realidad.
Farsa y mentira, como el permanente incumplimiento de su catálogo de mandamientos y principios. Dice la “Guía ética para la transformación de México”:
“...Una persona miente cuando tergiversa o deforma los hechos en forma deliberada, aun sabiendo que lo que expone es parcial o totalmente falso.
“...Esa conducta deteriora rápidamente las relaciones sociales y a la larga termina por afectar al mentiroso.
“...La Cuarta Transformación de la Vida Pública Nacional se ha propuesto erradicar la corrupción, construir un Estado de bienestar y de derecho y heredar un país libre, democrático y soberano, en el que la política se oriente por el principio del servicio a los demás...
“Para cumplir tales propósitos es obligado impulsar una revolución de las conciencias (¿RPM, como las camonetas?), esto es, construir una nueva ética humanista y solidaria que conduzca a la recuperación de valores tradicionales mexicanos y universales y de nuestra grandeza nacional...
“...Si llegas a un cargo público deberás recordar siempre que estás allí como representante y ser fiel a tus representados; tener en mente que eres el mandatario o la mandataria y que tus mandantes son los que te mandan...”
Todo este rollo moralina (no moral), se ve traicionado día con día. La opereta de las camionetas en la Corte, sus precios, sus valores, sus pretextos y la mala salida para solucionar algo salvable desde el principio (suprimiendo de entrada la prestación vehicular) no solamente los exhibe en la condición abusiva sino en la impericia para hacer las cosas.
“...La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo (dice CRÓNICA) , expresó su respaldo a la determinación de las y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de no hacer uso de camionetas recientemente adquiridas, luego de la polémica que generó la compra de estos vehículos.
“La mandataria federal señaló que el tema fue revisado tras surgir dudas sobre la veracidad de la información, por lo que se solicitó a la Secretaría de Gobernación confirmar los hechos. Detalló que, en efecto, las unidades habían sido adquiridas bajo el argumento de que representaban un ahorro frente al esquema de arrendamiento...”
Eso se llama sonreír cuando te han atrapado los deditos en la puerta.
¿Qué necesidad tiene la presidenta, (con A) de gastar el cargo en estas cosas? Sólo ella lo sabe.
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