Opinión

El fin de cursos de posgrado en medicina

Estudiantes de medicina aprenden sobre anatomía en la universidad
Estudiantes de la UAS. Estudiantes de la UAS. (La Crónica de Hoy)

Como en cada fin de febrero, la semana pasada tuvimos una gran ceremonia en ocasión de la graduación y entrega de diplomas a médicos residentes que en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán terminaron una especialidad. Acudieron al Instituto para presidir el evento el Secretario de Salud y el Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fueron más de 250 los alumnos de posgrado que concluyeron una especialidad, algunos ya para iniciar su práctica profesional y otros muchos para continuar con una siguiente residencia.

Para que el lector se dé idea de lo que es hoy la medicina y la atención de enfermos con problemas complejos, en el Instituto tenemos tres modalidades de posgrado en especialidades médicas. Las especialidades de entrada directa, las de entrada indirecta y las de alta especialidad.

Las de entrada directa son las que ingresan a los alumnos recién graduados de la carrera de medicina y que tienen como finalidad generar un especialista, pero en un área relativamente amplia. Tienen duración de tres a cinco años. Ejemplos son la anatomía patológica, en la que se forman los patólogos, que son quienes se especializan en hacer los diagnósticos de enfermedades con base en el análisis de biopsias y citologías. Están también la anestesiología, la cirugía general, la cirugía vascular, la genética, la geriatría, la medicina interna, la radiología y la urología. Estas son especialidades que pueden ser terminales, pero para la gran mayoría constituyen en realidad el primer paso hacia una subespecialidad.

Las subespecialidades son las que llamamos de entrada indirecta, porque para ingresar a una de estas se requiere haber hecho previamente una residencia de entrada directa. Así, por ejemplo, los residentes que terminan medicina interna pasan a una segunda residencia de dos a tres años en alguna de las subespecialidades como cardiología, infectología, gastroenterología, nefrología, neurología, reumatología y muchas más. Lo mismo sucede con cirugía. Quien terminó la cirugía general puede seguir con la subespecialidad de cirugía de trasplantes o de cirugía hepatobiliar, por mencionar dos ejemplos. Quienes terminan radiología pueden seguir con subespecialidad en tomografía computada, ultrasonido, resonancia magnética, etc.

Finalmente tenemos los cursos de alta especialidad. Estas son residencias de uno o dos años a las que ingresan quienes terminan una subespecialidad y dentro de esta desean capacitarse en algún problema médico específico, que por su complejidad requiere de mayor grado de especialización. Por ejemplo, un subespecialista en endocrinología puede hacer el curso de alta especialidad en diabetes mellitus o en enfermedades tiroideas. Un nefrólogo puede optar por el curso de alta especialidad en nefrología intervencionista o en nefrología del trasplante para dedicarse principalmente a pacientes con esas necesidades. Un radiólogo especialista en tomografía computada o en resonancia magnética puede optar por el curso de alta especialidad de radiología del corazón o del sistema nervioso central. En general, quienes terminan un curso de alta especialidad culminan un periodo de entrenamiento de posgrado de entre 7 y 10 años, tiempo en el cual han desarrollado el conocimiento y la destreza para reconocer y manejar enfermedades complejas que requieren de alto nivel de experiencia.

De los más de 250 residentes que se graduaron la semana pasada en el Instituto, alrededor de 100 fueron de especialidades de entrada directa, unos 80 de subespecialidad y el resto de alta especialidad. Es un gusto ver a tantos jóvenes que día a día dan lo mejor de sí y hacen el mejor esfuerzo por perseguir la excelencia. Los beneficiarios serán los pacientes.

Dr. Gerardo Gamba

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e

Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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