Opinión

¿EU arriesga la seguridad?

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Guerra en Oriente Medio Protestas en Estambul contra el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán (ERDEM SAHIN/EFE)

Hace dos semanas durante una Visita Cívica, como llamamos en el C5 al programa de encuentros de nuestro equipo de trabajo con empresarios, estudiantes, colectivas, escuelas públicas y privadas, comenté a una representación de la Embajada de Estados Unidos la imposibilidad de excluir de las situaciones de riesgo, de cualquiera de los tres países organizadores del Mundial de Futbol 2026, la agresiva asertividad hegemonizante del gobierno del país del norte.

Mencioné la diversidad de sentimientos, afectaciones y heridas eventualmentente detonadoras de alguna probable reacción contra quienes habrían dañado, por omisión, acción o asociación, a comunidades identificadas con Ucrania, Gaza, Venezuela. Aludí al caso de Irán del 22 de junio del 2025… antes del bombardeo destructor de vidas contra el Ayatolá Ali Jamenei y su equipo.

Es imposible subestimar el peligro. En cualquier espacio donde existan intereses estadounidenses puede emerger la tentativa. Rusia y China, como ocurrió con el tema Maduro, se mantienen calculadora y públicamente en declaraciones, a medias reprobatorias, como las de la propia ONU.

La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán genera inestabilidad regional ahora presentada como oportunidad insurreccional democrática ante un gobierno autoritario de casi cuatro décadas. Washington ha validado una doctrina donde la sospecha sustituye a la prueba y la sanción legítima es desplazada por “ataques preventivos” al estilo del gobierno conservador y guerrerista de Israel para algunos de cuyos integrantes, muy pocos, pero ciertos, “vale más la vida de un judío que la de diez mil árabes”, según he escuchado decir.

Las reglas solo existen para quienes carecen de capacidad de romperlas impunemente.

Guerra y normalidad mayoritaria rodean el escaparate del Mundial de Futbol, a 101 días del partido inaugural y con la improbable presencia de la selección iraní en Los Ángeles para su juego contra Nueva Zelanda.

Cancha de hegemonía violenta. México decidió un juego distinto, anclado en principios de política externa como la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la proscripción de amenazas o el respeto de los derechos humanos. “Esos siempre van a ser los principios de política exterior (...) frente a cualquier situación en el mundo”, mencionó la Presidenta Claudia Sheinbaum. Por supuesto, estamos arraigados en el mayor esfuerzo de seguridad de la historia reciente después del operativo contra el Cuatro Letras en Tapalpa, Jalisco.

En convergencia con Sheinbaum, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, reclama “no más muertes a civiles” y refiere una terrible realidad del ataque en Medio Oriente: 160 niñas en una escuela asesinadas brutalmente. Impulsa una narrativa de identidad centrada en símbolos históricos y cultura popular. La reivindicación de figuras como Cuauhtémoc, con la develación de un busto a un costado del Templo Mayor, es reconocimiento de la herencia de quien no se doblegó ante el invasor y apuesta antes, durante y después de la tragedia por la paz y su recuperación.

La infraestructura de esparcimiento, ejemplificada en eventos masivos como la presencia de Shakira en el Zócalo, es componente central de una estrategia para arrebatar terreno a la narrativa del miedo. Mientras el mundo se arma, desde la CDMX se construye comunidad.

Sheinbaum enfatiza una seguridad nacional construida a partir de la atención a las causas y la consolidación de un Estado en interacción pacifista. Su mesurada visión internacional se alinea con la idea de México como puente y no muro en la discordia global. Brugada ha transformado la narrativa de la seguridad desde lo local, entendida como comunidad con acceso a la infraestructura de esparcimiento y de construcción de valores contra la violencia de un par de Estados contra otro.

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