
Hace apenas un día nos dejó don Jorge Kahwagi Gastine, a los 85 años de edad. Y aunque la noticia llegó con la inevitable tristeza que trae la partida de alguien querido, también nos invita a celebrar una vida plena, generosa y profundamente mexicana. Nacido de raíces libanesas pero criado en México desde niño, don Jorge fue un ejemplo vivo de lo que significa construir con esfuerzo, inteligencia y corazón. Licenciado en Derecho por la UNAM y doctor en Administración Pública por la Universidad Panamericana, su formación académica fue solo el principio de una trayectoria brillante en el mundo de los negocios y la comunicación. Pero más allá de sus éxitos empresariales, que fueron muchos y notables, lo que realmente definía a don Jorge era su calidad humana. Era un hombre culto, de conversación amena y profunda, capaz de hablar con igual solvencia de derecho, economía, deporte o literatura. Exitoso, sí, pero nunca ostentoso, su éxito siempre estuvo al servicio de crear oportunidades para otros. Bondadoso y generoso hasta la médula, muchos, entre ellos quien esto escribe, podemos dar testimonio de su mano abierta, de su disposición a ayudar sin pedir nada a cambio, de esa discreta solidaridad que aliviaba problemas y abría puertas. Como amigo, don Jorge era de esos que uno guarda en el corazón. Leal, cálido, con ese sentido del humor fino que aligeraba cualquier momento. Siempre encontraba tiempo para escuchar, para dar un consejo sabio o simplemente para compartir una buena charla. En un mundo donde a veces prima la prisa y el interés, él representaba lo mejor de la vieja escuela: el caballero que cumplía su palabra, que valoraba las relaciones por encima de los contratos y que entendía que el verdadero legado no se mide en balances financieros, sino en las vidas que tocó positivamente. También fue un impulsor incansable de causas nobles, la educación técnica, el deporte como presidente de la Federación Mexicana de Golf y un apasionado del mismo deporte, y por supuesto, del periodismo responsable que busca informar más nunca dividir. Hoy que se ha ido, queda el consuelo de saber que vivió una vida plena y dejó un ejemplo claro, se puede ser exitoso sin dejar de ser bueno, se puede ser poderoso sin dejar de ser humilde, se puede triunfar en los negocios sin perder nunca la calidez humana. Gracias, don Jorge, por tu amistad, por tu ejemplo y por recordarnos que los grandes hombres no son los que más tienen, sino los que más dan. México y quienes tuvimos la fortuna de conocerte te guardaremos siempre con cariño y gratitud. Descansa en paz, querido amigo.