Opinión

El barco fantasma, el derrame y el terror fiscal

Derrame de petróleo en Veracruz
Derrame de petróleo en Veracruz (Prensa Greenpeace)

Muchos son en la historia marinera los barcos misteriosos.

No sólo aquellos desparecidos o devorados por el oleaje en el Mar de los sargazos o el célebre “Holandés errante” cuyo desgarrado velamen y sus enconchados mástiles lucen el fuego de San Telmo como empavesado. También la goleta “Daphne”, cuya extraña aparición de náufrago sin tripulación colma el extraordinario libro de Umberto Eco, “La isla del día de antes”.

Pero de todos esos buques fantasmales, desaparecidos, invisibles o visibles sin explicación de origen ni destino, ninguno se compara con el barco invisible cuyas sentinas y depósitos se vaciaron y mancharon el mar de chapopote. Debe haber sido enorme el anónimo buque tanque porque con el petróleo vaciado por sus tuberías o mangueras (no se sabe), se han podido cubrir las aguas del golfo de México (o de América, según Trump) más de seiscientos kilómetros de litoral; es decir, una distancia entre la ciudad de México y las inmediaciones de Guadalajara.

Pero si esa mancha es enorme, no es menor la torpeza ingénita de la Cuarta Transformación cuando busca evadirse del sencillo deber de explicar lo ocurrido.

Cuando no existe información satisfactoria por parte de quien debe proporcionarla y todo se va en vaguedades insensatas como la perorata vacía de Rocío Nahle, exsecretaria de Energía, responsable de la obra de Dos Bocas, y actual gobernadora de Veracruz (recordemos el incendio paralelo al derrame), quien le atribuye el desastre ecológico a un indefinido contrato otorgado al barco fantasma en tiempos de Enrique Peña mediante un método de transporte de combustibles a tanqueros privados. Entonces las cosas se derrumban por el suelo.

Harta de derramar el tepache, la IV-T no puede explicar el derrame petrolero y en su lugar se fuerzan las intervenciones sociales, como las de “Greenpeace” quien emite este comunicado:

“...El día 18 de marzo (fiesta de la nacionalista expropiación petrolera) , se registraron por primera vez reportes de chapopote en Tamiahua, Tuxpan y Cazones, en el norte de Veracruz.

“Con ello, el derrame se ha extendido a lo largo de 630 km de litoral, que es casi la extensión completa del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México, el cual se extiende desde la laguna de Tamiahua, Veracruz, hasta Paraíso, Tabasco.

“Se trata de un desastre ambiental en el Golfo de México.

“En las últimas semanas se han sumado muchos reportes de playas, flora y fauna afectadas, así como actualizaciones de los sitios de más arribos de petróleo, especialmente en los pasados

días de norte. La Red Corredor Arrecifal del Golfo de México publicó un mapa interactivo para poder conocer los reportes y actualizar en tiempo real la situación en los diferentes sitios https://www.google.com/maps/d/viewer?mid=1Ku4wk-

WcKmPcrna08enfELqsr5pp9LA&usp=sharing.

“Hasta este momento, suma un total de 51 sitios reportados con presencia de chapopote (en muchos casos son extensiones largas de costa), de los cuales 42 se encuentran en Veracruz y 9 en Tabasco.

“La información oficial de las autoridades y Pemex sobre el avance de la limpieza y la atención se contradice con la realidad en las playas de Veracruz. Pemex informó en su comunicado el 19 de

marzo que “las labores de limpieza registran un avance general aproximado del 85%”.

Sin embargo, la limpieza de las playas (de las cuales, en otra parte del litoral, no se puede quitar ni el sargazo), no resuelve la contaminación del agua ni frena el daño a la fauna marina y los arrecifes.

La solución interminable e infalible es negarlo todo. No hay derrame. No hay aves muertas, no se asfixian peces ni fenecen las tortugas, no se contamina el plancton, no se daña nada. Todo es culpa de García Luna.

“Aparte de la limpieza urgente e indispensable --dice GP--, se requieren otras acciones de atención a la emergencia, que son obligaciones de las autoridades y empresas, y que las organizaciones ambientalistas han señalado anteriormente. Especialmente preocupante es la situación de vulnerabilidad de las comunidades pesqueras, indígenas y afrodescendientes, que han realizado labores de limpieza sin contar con el equipo ni la capacitación adecuados.

“Además, han sufrido importantes afectaciones económicas y, hasta la fecha, no han recibido indemnización alguna, ya que los apoyos destinados al sector pesquero no pueden considerarse como tal.

“Desde hace tres semanas no se ha podido realizar las actividades de pesca en muchos sitios, y los prestadores de servicios turísticos expresan su preocupación por los fuertes impactos económicos del derrame frente al inicio de la temporada vacacional más importante del año”.

Todo eso dice “Greenpeace” cuyas indagaciones e intervenciones seguramente molestan al gobierno ante lo cual esta organización internacional debería tener cautela. Ahora se da a conocer: el derrame fue detectado antes del 18 de marzo. Y nadie hizo nada. Nadie avistó, nadie avisó. La Marina dormía.

Hasta el día de hoy siguen siendo reconocidos y autorizados como donatarios, precisamente en los tiempos de acoso fiscal a otras ONG’s de la misma condición cuyas indagatorias, estudios, exhibición de malas políticas[RC1] públicas y críticas en general, impulsaron al gobierno a retirarles la posibilidad de recibir dinero fiscalmente deducible de las declaraciones de los donantes.

Y si es sabio remojar las barbas cuando al vecino lo rapan, también es prudente advertir por dónde puede venir el golpe de los publicanos cuya macana esta presta a caer sobre las cabezas de la disidencia o la denuncia.

Por lo pronto el misterio envuelve la navegación del buque ignoto. No se conocen detalles de su accidentada singladura. Ni siquiera si existió.

Como se sabe el capitán de el “Holandés volador”, Van der Decken, (De Vliegende Hollander) desafió a la divinidad y gracias a un pacto diabólico quiso seguir navegando cuando la tormenta se había desatado en el Cabo de Buena Esperanza. El cielo lo maldijo con estas terribles palabras:

“...Hiel será tu bebida y hierro candente tu comida. De tus tripulantes solo conservarás un grumete, al cual le nacerán cuernos, tendrá hocico de tigre y piel de perro marino. Y como te agrada atormentar a tus navegantes, serás su azote, pues te convertiré en el espíritu maligno del mar y tu buque acarreará la desgracia a quien lo aviste...”

A ese maleficio le faltó algo: y el SAT te perseguirá.

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