
Las quejas ya no son aisladas: se acumulan, se repiten y comienzan a dibujar un patrón preocupante en la Secretaría de Movilidad del Estado de México, hoy bajo la responsabilidad de Juan Hugo de la Rosa García. Transportistas y vecinos señalan que, en municipios como Coacalco y Tultepec, las prácticas que se creían desterradas están de regreso: grúas que aparecen al menor pretexto y corralones convertidos en negocio.
Tras los recientes cambios internos, las inconformidades no tardaron en aflorar. En el centro de los señalamientos aparece el secretario particular del Secretario, Guadalupe Luna, a quien acusan de entorpecer la relación con el gremio transportista y de imponer filtros discrecionales en la agenda institucional. En los hechos, dicen, no todos tienen acceso ni las mismas condiciones para ser escuchados, lo que ha roto canales de diálogo previamente construidos.
El resultado, advierten, es una red cada vez más opaca donde los acuerdos se frenan, las decisiones se diluyen y la operación del transporte concesionado se vuelve rehén de intereses que nada tienen que ver con el servicio público.
Pero el problema no termina en las oficinas. En la calle, me aseguran, inspectores de movilidad han encontrado en las grúas un mecanismo de presión: cualquier falta, por mínima que sea -o incluso sin sustento claro- basta para remitir vehículos al corralón. Recuperarlos puede costar entre 5 y 10 mil pesos diarios, muy por encima de lo establecido en tarifas oficiales y en la propia Ley de Movilidad estatal.
El diagnóstico es claro entre quienes viven y trabajan el transporte todos los días: algo se descompuso. Y lo más delicado es la percepción de que han vuelto prácticas que durante años marcaron a la entidad, donde las decisiones no se tomaban en la oficina, sino en la mesa de negociación informal, siempre con dinero de por medio.
Hoy, Movilidad corre el riesgo de convertirse nuevamente en ese espacio opaco donde la norma vale menos que el arreglo. La pregunta es inevitable: ¿escuchará la gobernadora Delfina Gómez el ruido que ya se convirtió en grito y pondrá orden antes de que el problema escale? Es pregunta.
Por cierto:
1. FUEGO. Con cerca de 4 mil elementos desplegados entre brigadistas y bomberos, el Gobierno de la Ciudad de México arrancó la campaña 2026 contra incendios forestales con un giro clave: pasar de la reacción a la prevención. La apuesta es clara y ambiciosa: intervenir de manera anticipada el suelo de conservación -que representa el 60% del territorio capitalino, unas 88 mil hectáreas- mediante la limpieza de maleza, el principal combustible de los siniestros, antes de la temporada crítica. La estrategia no solo recae en cuerpos especializados, sino que busca movilizar a toda la estructura gubernamental, alcaldías y participación ciudadana para dividir el territorio y reducir riesgos desde meses previos. Con tiempos de detección de apenas cinco minutos y respuesta promedio menor a dos horas, la ciudad presume capacidad operativa, pero también reconoce el desafío: en lo que va del año ya se han registrado más de 100 incendios y el objetivo es reducir al menos 10% las afectaciones. El foco estará en Tlalpan y Milpa Alta, donde se concentra la mayoría de los casos, en una batalla que no solo es contra el fuego, sino contra la negligencia humana que sigue siendo su principal detonante.
2. SEGURIDAD. En Santa Fe, algo se rompió. Vecinos de distintos edificios sobre la avenida principal comenzaron a organizarse ante el aumento de robos y, sobre todo, por la ausencia de la presencia policiaca que antes marcaba la zona. El episodio más reciente encendió las alarmas: un joven y su padre fueron asaltados a punta de pistola para despojarlos de sus relojes. La respuesta ciudadana no tardó y aparecieron lonas exigiendo al alcalde Carlos Orvañanos, de Cuajimalpa de Morelos, seguridad real, orden en la vía pública y la recuperación de un entorno que se ha deteriorado. Pero lo que más llamó la atención no fue la protesta, sino lo que vino después: la incomodidad del alcalde que, en cuestión de horas, mandó a personal de la demarcación a intentar retirar los mensajes. En lugar de atender el fondo, parece que la prioridad fue bajar la queja. Y así, entre lonas que desaparecen y vecinos que siguen con miedo, la inseguridad sigue haciendo de las suyas en el poniente de la CDMX.
Vivo la noticia, para contarle la historia
@juanmapregunta