
La pederastia clerical y la modalidad de la Trata de Personas de explotación sexual infantil comparten aspectos de una misma raíz constituida por el abuso de la asimetría del poder: el silencio de la comunidad; la cosificación del menor para el beneficio de un tercero; la negación del valor como personas de niñas, niños y adolescentes, y la complicidad entre segmentos de autoridad.
El desafío de proteger a las infancias en el marco del Mundial de Futbol es semejante al existente siempre, con la diferencia de la presencia de la tribu depredadora adherida de toda celebración de espectáculos mundiales cuando sus integrantes comparten la expectativa de oferta de drogas, prostitución ajena y usufructo de la sexualidad de otras y otros atrapados en redes de control locales y globales encabezadas por organismos delictivos de alta peligrosidad.
El caso de Marcial Maciel es una de las lecciones más valiosas para entender la opacidad como el terreno donde germina la violencia. Hace 29 años, como reportero, publiqué en La Jornada en cuatro entregas consecutivas el primer reportaje iberoamericano sobre los abusos cometidos por el fundador de Los Legionarios de Cristo, quien construyó una estructura de poder e influencia política y económica para impunemente tener una doble vida caracterizada por la pederastia sistemática contra decenas de seminaristas.
La ruptura del cerco de protección mediática obligó a una revisión histórica culminada en 2006, cuando el Papa Benedicto XVI retiró a Maciel del ministerio, aunque sin un juicio canónico formal en favor de la reparación para las víctimas. Ejemplo de “ceguera institucional”, donde la connivencia de intereses económico y políticos y el poder de la organización se antepuso a la integridad de los menores.
A 59 días del Mundial de Futbol —y aún menos para la llegada de turistas deportivos y las delegaciones futbolísticas— la pederastia clerical como subconjunto de toda pederastia y de la propia Trata de Personas es recordatorio de la necesidad de una estructura de protección a las y los menores la cual considere los riesgos inherentes a eventos masivos ante el repunte en la demanda de servicios alimentadores de circuitos de explotación sexual y laboral, donde las infancias son el eslabón más vulnerable.
La Ciudad de México, con la instrucción de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, se prepara en ese terreno con un modelo donde convergen tecnología de punta y cooperación internacional. El convenio entre la capital nacional y Unicef asegura protocolo de actuación con el interés superior de la niñez colocado en el centro de la estrategia.
Un avance fundamental es la alianza entre la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México y el C5, respuesta institucional a la necesidad de proteger los espacios de hospitalidad, convirtiendo al sector turístico en un aliado de la autoridad. La capacitación del personal hotelero para identificar señales de alerta y la conexión directa con los sistemas de monitoreo inteligente rompen las brechas habitualmente aprovechadas por grupos criminales.
La labor del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia, en estrecha colaboración con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), aporta una capa esencial de inteligencia social. La operación de la Línea y Chat Nacional contra la Trata de Personas, 800 5533 000, promovida por muchos organismos sin que siempre concedan el crédito correspondiente, es ejemplo de cómo la participación ciudadana puede escalar a niveles de profesionalismo internacional.
Mientras en la era de Maciel el poder se usaba para ocultar, ahora la política pública lo utiliza para visibilizar, prever y actuar.
Ante la pederastia y la Trata, la respuesta de la CDMX es la unidad de acción. Al recordar aquellas primeras revelaciones de 1997 se confirma que el mayor avance ha sido el fin de la ceguera institucional. Con ojos digitales y alianzas estratégicas, la ciudad busca ser refugio seguro para las infancias.