Después de la caída del Muro de Berlín, cuando la democracia empezó a generalizarse en casi todo el mundo, muchos creyeron que las libertades y la igualdad habían sido conquistadas pues confundieron la democracia electoral --el procedimiento-- con la democracia como esencia de vida de una Nación. Pareciera que el mundo occidental perdió de vista que la democracia se trabaja todos los días, en pequeñas y grandes decisiones, porque no se trata de un procedimiento; es una forma de vida.
Viendo tal deterioro en el mundo, el presidente de EUA, Joe Biden, convocó a la Cumbre Internacional por la Democracia, un foro virtual al que asistieron cien países, celebrado los días 9 y 10 de diciembre, para discutir los valores que nos unen, como son la ley, la libertad de expresión, de reunión, de prensa, de religión y los derechos humanos.
Lamentablemente, la reunión no dio como para emitir una declaratoria común, lo cual indica que la situación es más grave de lo que los distintos países reconocen. En fin, que el presidente Biden invitó a los asistentes a reflexionar sobre la defensa de la democracia desde la primera línea (las alcaldías), la libertad de prensa y la protección de las mujeres y la infancia, como temas para discutirse el próximo año.
La cosa no pinta nada bien en Latinoamérica, pues de los 46 países que la conforman, ocho no fueron invitados: Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Venezuela y Bolivia. La decisión fue muy criticada, tal vez porque son estas naciones las que más necesitan revisar sus condiciones, pero la verdad, no creo que les importe mucho.
En cuanto a México y como parte de la sociedad civil organizada, el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD) presentó en la Cumbre los resultados de su propio Foro 2021: El Estado de la Democracia de nuestro país. El evento, celebrado el 26 y el 27 de noviembre, reunió a académicos, periodistas, investigadores y politólogos mexicanos de distintas corrientes.
La cosa pinta pésimo para México. Entre las conclusiones del IETD destacan 26 acciones con consecuencias relevantes, que el actual gobierno ha promovido y que atentan lenta, pero indefectiblemente contra nuestra joven democracia. Entre ellas están la militarización, la cancelación de los padrones institucionales para los programas sociales, el reparto nacional de la cartilla moral, la promoción de leyes inconstitucionales, la sobrerrepresentación legislativa, la creación de súper-delegados. etc.
En este espacio hemos abordado 22 de esas acciones y señalado con datos duros por qué perjudican la libertad, el desarrollo social y la gobernabilidad. Es de las ocasiones en que uno odia tener razón. No he sido el único columnista que lo ha hecho; hemos sido muchos, pero nuestros gritos no se escuchan en Palacio Nacional.
Como sea, dos temas me parecen los más atentatorios: la falta de contención al crimen organizado y la polarización promovida desde el púlpito presidencial.
Del primer tema ya no hay mucho que agregar.
De la polarización todavía hay mucho qué decir porque se opone a un elemento básico de la democracia: la consolidación de un sistema en el que todos podemos y debemos recibir el mismo nivel de respeto. No por ser chairo o ser fifí uno es menos como ciudadano…
Como bien señalara el politólogo Jean Werner Müller, las tendencias antidemocráticas rompen la fe en los conciudadanos, porque uno los deja de ver como personas que considera sus pares políticos.
Y eso, justamente, es la base de la desigualdad, no importa cuántas veces desde el discurso gubernamental se repita primero los pobres…
¿Eso es lo que realmente queremos para México?
Investigación: Upa Ruiz upa@delfos.com.mx
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