
En los círculos religiosos, la visita del papa Francisco a México absorbía todos los reflectores hasta que el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, dio una noticia que abrió un paréntesis informativo: el papa Francisco y el patriarca de Moscú y todas las Rusias, Kirill, se reunirán en el aeropuerto de La Habana, en una inesperada escala.
Este encuentro, largamente esperado y planeado desde hace unos 20 años, posiblemente se convierta en el acontecimiento más importante del Vaticano cuando termine este 2016, y podría ser la puerta de otros relevantes acontecimientos, algunos de los cuales aún hoy parecen imposibles o al menos, a realizarse a largo plazo.
Hace una semana, en esta misma columna en Crónica, anunciábamos que el Sínodo Pan ortodoxo será en la isla de Creta el 19 de junio de 2016, de modo que el encuentro de La Habana será la antesala de este Concilio Pan ortodoxo al que acudirán los máximos representantes de esta Iglesia ortodoxa en el mundo.
La Importancia del Patriarcado Ortodoxo de Moscú no se limita a lo numérico con sus más de 150 millones de fieles, que equivalen a la mitad de los ortodoxos que hay en el mundo. Para conocer su relevancia y peso hay que navegar en la historia.
San Pedro y San Andrés eran hermanos carnales, y tras la muerte de Jesús, san Pedro heredó la titularidad de la línea apostólica de Occidente con sede en Roma, y a su vez, los patriarcas de Constantinopla (Estambul), se convirtieron en los legítimos sucesores de San Andrés.
En el año 1054 tuvo lugar el cisma que dividió a ambas iglesias, la de Occidente y Oriente, y en 1453, cuando Estambul cayó en manos de los turcos, el poderío cristiano fue en picada en Asia bajo la influencia islámica y ante la decadencia del Patriarcado de Constantinopla, en 1461, el arzobispo Metropolita Teodosio, de Kiev, declaró la autocefalia de la iglesia ortodoxa rusa en Moscú, y la proclamó como la Tercera Roma.
Luego, en el siglo XX, la Iglesia Ortodoxa Rusa sobrevivió al comunismo y entre penurias, mantuvo la fe de millones de personas. En tiempos de Gorbachov, cuando se desintegra la URSS, se pretendió que Juan Pablo II fuera a Rusia, pero el Patriarcado de Moscú abiertamente se opuso, bajo la acusación de que la Iglesia latina hacía proselitismo en territorio ruso, tras haber designado el Papa polaco a dos obispos para cubrir las necesidades de la Iglesia católica romana en Rusia.
Este malentendido, finalmente, fue superado. Benedicto XVI dio grandes pasos hacia la reconciliación y finalmente, el papa Francisco viene a cosechar esfuerzos colectivos a los que se suman sus propios méritos.
Tras seis siglos de distanciamiento hay muchas cosas de qué hablar, sin duda, pero el encuentro de La Habana será un primer paso que no se había podido dar. Esperanzador es el anuncio de que habrá un pronunciamiento conjunto por parte de ambos líderes religiosos y posiblemente ahondarán en un compromiso de diálogo en la caridad y luego, en lo teológico.
No menos relevante es que este encuentro se vaya a dar en la Cuba socialista, que en lo político fue sufragánea de la URSS, razón por la que la Iglesia Ortodoxa Rusa cuenta con un moderno templo en la capital de la isla. Por esa razón, el Patriarca Kirill realizará, en esos días, una visita pastoral a Cuba.
Cuando el papa Francisco llegue a México el 12 de febrero por la noche, seguramente la noticia que estará en los medios informativos internacionales no será lo relacionado a la agenda prevista en tierra azteca, sino a los acontecimientos y expectativas de la reunión de La Habana, tema que se prolongará por varios días.
Eso no le restará importancia a la visita del papa Francisco a México; por el contrario, habrá en el mundo más personas interesadas en saber cada detalle de este viaje y la inesperada escala en Cuba, donde además el Papa saludará al presidente Raúl Castro.
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