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Monsieur Periné llegó al Teatro Metropólitan con una noche de baile, nostalgia y música, tras anunciar la separación de sus integrantes.

Monsieur Periné, su despedida en México. Una fiesta de música y color

Monsieur Periné ne concierto en la CDMX
Monsieur Periné ne concierto en la CDMX Foto: José Jorge Carreón

A las 8:22 de la noche, las luces del Teatro Metropólitan se apagaron y los gritos del público anunciaron el comienzo de una noche especial. La banda colombiana estaba de regreso en la Ciudad de México, pero esta vez el concierto llegaba acompañado de una noticia que sus seguidores apenas comenzaban a asimilar: días antes, Catalina García y Santiago Prieto habían anunciado que tomarían caminos separados después de casi dos décadas de música.

La primera canción habló justo de los ciclos, de girar y de volver a florecer. La idea parecía encontrar una resonancia particular en el momento que atravesaba la agrupación. Sin necesidad de convertir cada verso en una despedida, la música abría la posibilidad de mirar hacia atrás y celebrar aún en medio de nostalgia.

Desde el inicio, la identidad visual estuvo presente en cada detalle. Catalina y Santiago aparecieron. Él con lentes oscuros, mientras ella vestía medias verdes de distintos tonos. Las percusiones y la presencia de bailarines fueron construyendo un espectáculo en el que la música convivía con una puesta en escena llena de movimiento y color muy particular en la estética de la banda.

Con la aparición de un bailarín y la entrada de los ritmos latinos, Catalina cambió el chaleco por una falda de pliegues multicolores. La siguiente canción provocó uno de los primeros momentos de conexión con el público: la gente dejó sus asientos para bailar, rompiendo con el “protocolo” del lugar.

“Quiero ver cómo baila la gente de acá”, pidió la cantante. La respuesta llegó entre aplausos y gritos. Con el escenario teñido de rojo, agradeció a los asistentes por acompañarlos y compartió una reflexión sobre el amor: cuando nos entregamos a la vida confiando en que venimos completos, dijo, el amor se expande y nunca es demasiado.

La presentación alternó así entre la fiesta y los momentos de intimidad. Los bailarines se sentaron junto a ella para acompañar una canción que celebraba lo bien que se siente estar vivo. Después, un nuevo vestuario: un bralette azul, prendas de red y una falda con una larga cola de olanes rosas. El trombón tomó protagonismo y el ritmo se desplazó hacia la samba.

Catalina recordó que existen muchas cosas que no alcanzamos a comprender y que la vida debe vivirse día a día, atendiendo aquello que realmente importa. Para ella, una de esas cosas era estar esa noche en la Ciudad de México. El público respondió con gritos y aplausos.

La cantante también invitó a los asistentes a dejar de deslizar el dedo por las pantallas y prestar atención a lo que sucedía frente a ellos día a día.

Tiempo después, la música tomó un giro hacia el ska. Con la entrada de Jack Vargas, su primer invitado de la noche, Catalina habló de los sueños y de las decisiones que implica dedicarse a la música, además de la importancia de escuchar y apoyar a quienes comienzan a construir su propio camino.

La puesta en escena continuó con cambios de vestuario, instrumentos de percusión y bailarines: un gran espectáculo. Más adelante, la aparición de su colega Daniela Espada llevó la conversación hacia el empoderamiento y la libertad de las mujeres. El trombón volvió a tomar el centro de la escena con un solo que abrió paso a la salsa, mientras Santiago asumía la voz principal en un par de canciones de desamor.

La noche también tuvo espacio para la protesta. Con un nuevo vestuario de botas blancas y una falda roja de holanes, Catalina interpretó “Mi libertad”, una canción que aborda la identidad y la necesidad de encontrar una voz propia. Antes de continuar, tomó la palabra para hablar de la defensa de la tierra, del respeto hacia quienes la protegen y de la responsabilidad colectiva de cuidar los ecosistemas que permiten la vida.

En ese momento apareció una bandera de su país. Catalina recordó a las personas que dedican sus esfuerzos a proteger los lugares que producen los alimentos que llegan a nuestra mesa y el agua que bebemos. Su mensaje puso sobre el escenario una preocupación que trascendía la experiencia individual: defender las condiciones necesarias para vivir con dignidad y libertad.

La música continuó con “Natural”, tema grabado junto a Rawayana, cuya aparición llevó al escenario una combinación de ritmos caribeños y sonidos atemporales. Después, Catalina regresó a su faceta más teatral, evocando con el francés y el ukelele una estética inspirada en décadas pasadas, otra de las características de Monsieur Periné: la capacidad de mezclar géneros y referencias sin perder su identidad.

Uno de los momentos más celebrados llegó con Luis Jiménez para interpretar “Nuestra canción”. El tema, que alcanzó una enorme difusión en plataformas digitales y se volvió especialmente popular en TikTok, fue recibido con una ovación que dejó escuchar el reconocimiento inmediato de su público.

Tras presentar a los músicos que la acompañaban, Catalina escuchó cómo el público pedía otra canción. La respuesta llegó con “Bailar contigo”, que también ha tenido un gran alcance en plataformas como Instagram y TikTok. Dos bailarines vestidos con telas rojas acompañaron la interpretación mientras la cantante bajaba hacia la zona del público, se acercaba a sus seguidores y se tomaba fotografías con ellos. La gente la observaba conmovida: el concierto se había convertido en una celebración compartida.

La escena adquirió un tono casi carnavalesco con la aparición de dos personajes disfrazados de peces. Con ellos comenzó “Aguaráchate”, una canción que mezcla la guaracha con el juego y el movimiento. El pop, los ritmos latinos y los matices de jazz y música francesa convivieron en una secuencia final que mantuvo a los asistentes de pie.

Entre los momentos espontáneos de la noche, alguien lanzó un Doctor Simi al escenario. Catalina y Santiago se acercaron para tomarse una fotografía juntos con el muñeco, un gesto sencillo que adquirió otro significado en el contexto de la separación recién anunciada, ya que no se notó mucha interacción entre ellos durante la presentación.

El 29 de septiembre, Monsieur Periné había comunicado que sus integrantes necesitaban tomar caminos individuales. En su mensaje, agradecieron a quienes habían acompañado su historia y reconocieron la importancia de una trayectoria construida durante casi 20 años. La presentación en el Teatro Metropólitan tuvo así un significado particular para sus seguidores mexicanos: fue su última actuación en la Ciudad de México dentro de esta etapa de su historia.

Sin embargo, la separación no borró lo que había llevado a la banda hasta ese escenario. Las canciones de amor convivieron con las de protesta; la nostalgia, con una puesta en escena que apostaba por el humor, el color y el movimiento. La música siguió su curso y permitió que el público celebrara lo construido durante tantos años.

Veinte años pueden ser suficientes para convertir una trayectoria en un recuerdo. Pero aquella noche, Monsieur Periné demostró que sus canciones todavía habitan el presente. En el Teatro Metropólitan, la noticia de una separación se transformó en una celebración de su historia, sus raíces y las personas que han acompañado su camino.

Quizá por eso la despedida tuvo tanto sentido: porque, al menos durante unas horas, las canciones fueron más fuertes que la incertidumbre sobre lo que vendrá después.

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