
El trabajo social dentro del ámbito penitenciario constituye una de las áreas más especializadas y de mayor importancia dentro de la procuración e impartición de justicia. Sin embargo, también es un campo poco explorado que enfrenta retos multifacéticos, desde la estigmatización social hasta la complejidad de los sistemas carcelarios.
Comprender su función va más allá de conocer protocolos o reglamentos: implica reconocer una labor humana que, en equipo con otros profesionales, busca cambiar vidas y lograr que las personas que han estado en prisión se reintegren de manera positiva a la sociedad, un objetivo que beneficia a toda la población.
Para esto, la profesora por asignatura de la Licenciatura en Trabajo Social de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) e integrante de la Red Nacional de Investigación en Trabajo Social y Justicia, Anabel Ascencio Pérez, compartió su experiencia y reflexiones sobre los desafíos y potencialidades de la intervención social.
La especificidad y las funciones del trabajador social penitenciario
Ascencio Pérez definió la intervención en este ámbito como una pieza elemental para guiar el proceso de reinserción, un papel que va más allá de seguir un manual, pues se adapta a las necesidades específicas de cada centro penitenciario y de cada persona. Una de sus tareas principales es realizar diagnósticos profundos —socioeconómicos y psicosociales—, herramientas fundamentales para identificar factores determinantes, como la pobreza extrema, la violencia o los entornos familiares disfuncionales. El objetivo no es justificar el acto delictivo, sino comprender sus causas para poder abordarlas.
Otra función crítica es la elaboración de propuestas para la remisión parcial de la pena, basadas en la evaluación del comportamiento, la participación en actividades educativas, deportivas y culturales, y el compromiso genuino con el proceso de cambio. Esta evaluación, explicó, requiere técnicas como la observación atenta, la escucha activa y el análisis del lenguaje corporal, habilidades que el trabajador social desarrolla para discernir la veracidad de la información y el grado de adaptación al sistema.
Retos estructurales y el desafío de la reinserción real
Ascencio Pérez señaló que el modelo ideal de reinserción social busca transformar a la persona durante su estancia en prisión para que no vuelva a delinquir. No obstante, enfrenta enormes dificultades en la práctica y, en general, no se está logrando. Esto se refleja en que muchas personas reinciden después de obtener su libertad, pues no existe un solo problema, sino una combinación de factores que se refuerzan entre sí.
Un ejemplo de ello es la falta de recursos humanos: en algunos centros, solo tres trabajadoras sociales atienden a más de dos mil 600 personas, lo que hace imposible dar un seguimiento adecuado. A este reto se suma el llamado “muro social”, quizá el mayor obstáculo, pues quienes salen de prisión enfrentan rechazo, falta de oportunidades y dificultades para acceder a un empleo.
Otro desafío es la desconexión con el sistema legal, ya que algunos profesionales no se actualizan en leyes, lo que debilita su labor. También existe confusión de roles, pues en ocasiones personas de otras profesiones realizan tareas propias del trabajador social, disminuyendo la eficacia del proceso.
“¿Por qué no se logra la reinserción social? Porque no siempre está el profesional adecuado para llevar a cabo estas actividades, pero también influyen la sociedad, las personas privadas de la libertad y los propios integrantes del equipo multidisciplinario, quienes deben reconocer la labor del trabajador social penitenciario dentro de este proceso”, expresó la profesora.
La investigación como herramienta de visibilización y cambio
Frente a este panorama, Ascencio Pérez destacó que investigar y documentar lo que ocurre dentro de los centros penitenciarios es fundamental para transformar la percepción pública y valorar la profesión del trabajador social.
En su experiencia, realizó el libro en coautoría “Trabajo Social Forense: Mundo de prisiones, historias de vida desde la reclusión”, donde recopiló relatos de personas privadas de la libertad. Estas narrativas, marcadas por la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades, buscan que la sociedad comprenda las circunstancias detrás de un delito, no para justificarlo, sino para fomentar la empatía y romper prejuicios.
“Muchos de los participantes me dijeron: ‘Yo quiero que la sociedad conozca cómo vivimos aquí, cómo llegamos aquí’. Publicar estas realidades anima a otros profesionales y estudiantes a interesarse por este campo, ayuda a superar el miedo a trabajar en prisiones y genera conocimiento útil y actual sobre el tema”, comentó la profesora.
Un llamado a la acción colectiva e institucional
La UAEH, a través de sus académicas y académicos, reafirma su compromiso con la generación de conocimiento que analice y dé respuestas a las problemáticas sociales, formando a los agentes de cambio que nuestro país necesita. Con investigación, diálogo y una firme convicción en la capacidad de transformación de las personas, se avanza hacia un sistema de justicia más humano y efectivo.
La intervención en esta disciplina es un ejercicio de humanidad y rigurosidad técnica en uno de los entornos más desafiantes. La experta de la UAEH dejó claro que la reinserción social efectiva no es una tarea exclusiva de las autoridades penitenciarias o de los profesionales al interior de los centros. Por ello, sugiere una reforma que fortalezca y visibilice esta labor esencial.