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Para el lobo fino de Guadalupe (Arctocephalus townsendi) décadas de evolución no son suficientes para evitar los desafíos de su vida diaria. Desde que nacen hasta que mueren, sus habilidades físicas y experiencia serán determinantes para sobrevivir

Lobo fino de Guadalupe: desafíos y resiliencia

Lobo Hembra adulta de lobo fino de Guadalupe descansando al lado de su cría en Isla Guadalupe, Baja California, México, durante la temporada reproductiva 2016. (Casandra Gálvez.)

Escondida en el Pacífico Mexicano, la Isla Guadalupe, Baja California (conocida por los locales como La Lupe o Lupita), alberga una gran variedad de aves marinas y plantas que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. Además, es hogar del lobo fino de Guadalupe, cuya historia de recuperación ha impactado a la comunidad de científicos en México, después de estar al borde de la extinción por la sobreexplotación de su pelaje durante los siglos XVII y XVIII.

                 Cada verano (junio-agosto), la Isla Guadalupe da la bienvenida a miles de recién nacidos de esta especie, que tapizan el paisaje con pequeños puntos negros y un constante bullicio que llama la atención de todos los animales que habitan “La Lupita”. Su particular pelaje y sonidos un tanto nasales, así como su perfil único, con una nariz estrecha y puntiaguda, los hacen inconfundibles.

                 Las crías presentan un característico pelaje color negro azabache, aunque algunas nacen con un tono café claro, por lo que se les conoce como “los rubios”. Desde los primeros minutos, la madre establece un vínculo con su cría a través del olfato, el contacto físico y vocalizaciones distintivas, experimentando una de las conexiones más profundas e irrepetibles en la vida del lobo fino de Guadalupe: el vínculo con su madre, el cual dura casi un año que abarca el periodo de lactancia (9-10 meses). Aunque el olor y las vocalizaciones son específicas de cada cría, y la madre es capaz de reconocerla entre miles, no es raro que algunas crías se confundan al buscar a su madre, especialmente cuando ellas salen al mar a alimentarse… tardando hasta un mes en regresar a La Lupita.

                 Las madres recorren largas distancias (293-595 km) durante los viajes de alimentación desde Isla Guadalupe hasta sus zonas de alimentación, debido a que sus presas principales, como los calamares, se encuentran en zonas más frías y productivas. Su objetivo es claro, obtener la energía suficiente para seguir produciendo leche y así alimentar a sus crías hasta el momento del destete (dejan de tomar leche), lo cual ocurre entre marzo y abril de cada año.

                 Las crías de lobo fino de Guadalupe enfrentan una etapa desafiante que pone a prueba sus habilidades físicas, pericia y resistencia. ¿Cómo pueden sobrevivir a periodos de ayuno tan prolongados, los cuales se extienden hasta cuatro semanas? La clave está en la leche de su madre, la cual contiene 43 % de grasa; un porcentaje muy alto si lo comparamos con la leche humana, que solo tiene entre 3.5 % y 4.5 %. Esta leche rica en lípidos proporciona una gran cantidad de energía que las crías utilizan durante los periodos de ayuno. Pero no todas las crías sobreviven estos periodos durante los primeros 3 meses de vida. Algunas crías mueren por falta de leche rica en grasa, ya que sus madres no encuentran calamares, su principal fuente de alimento, cuando el océano se calienta y su productividad cae. Esto provoca que las hembras inviertan más tiempo en el mar en la búsqueda de sus presas, afectando su alimentación y nutrición, ocasionando que algunas mueran, contraigan enfermedades por estar debilitadas inmunológicamente o bien sean víctimas de depredadores, dejando huérfanas a sus crías en Isla Guadalupe.

Otra amenaza a la sobrevivencia de crías de lobo fino de Guadalupe es la exposición a diversas enfermedades, como neumonía y enteritis, lo que provoca su muerte. Pero los desafíos no terminan ahí; durante las primeras semanas de vida, las crías también corren el riesgo de ahogarse debido a tormentas y oleajes severos que azotan a Isla Guadalupe, arrastrándolas lejos de su hogar, y dejándolas sin fuerzas para nadar de regreso y lograr estar a salvo, lo que provoca que ingieran o aspiren grandes cantidades de agua que ingresan a sus pulmones, impidiendo el intercambio de oxígeno, ocasionando su fallecimiento por asfixia por inmersión o ahogamiento. También puede suceder que las crías caigan en fosas profundas de las que no pueden salir o bien son aplastadas accidentalmente por algunos lobos finos adultos, generando lesiones internas y pérdida severa de sangre que termina con la muerte.

Las crías que sobreviven a la etapa de lactancia y al destete, son conocidos como añeros o juveniles (1 a 4 años), se enfrentan a nuevos desafíos en la búsqueda de alimento en los mares desafiantes, donde tiburones, que son sus principales depredadores, están al acecho. Además de cuidarse de los depredadores, corren el riesgo de enredarse en redes de pesca y basura marina, lo que puede provocarles la muerte por asfixia o infecciones severas.

Lobo. Casandra Gálvez. Investigadora Posdoctoral. (CICIMAR-IPN).

Al igual que sus madres, los juveniles también pueden morir por falta de alimento durante periodos de escasez de recursos en sus áreas de alimentación. Cuando esto ocurre, los individuos juveniles tienen que viajar a kilómetros de distancia para encontrar y alimentarse de sus presas (calamares o peces); sin embargo, en algunas ocasiones es demasiado tarde, ya que no tienen suficientes reservas energéticas (i.e. grasa), ocasionado que decenas de animales lleguen delgados y moribundos a las costas de California, Washington, Oregón en Estados Unidos de América e incluso algunos a costas mexicanas.

Los juveniles de lobo fino de Guadalupe que sobreviven y llegan a la etapa adulta (edades mayores a los 4 años), tanto machos como hembras están listos para reproducirse en La Lupe. Durante la temporada reproductiva (junio-agosto), los machos luchan ferozmente por conseguir un espacio atractivo conocido como territorio para que las hembras los elijan y puedan copular con ellas. Las peleas son intensas y violentas, con mordidas y embestidas hasta que el más fuerte se queda con el territorio, el cual será el hogar para el macho victorioso y las hembras con sus crías. Las peleas entre machos significan un gran desgaste físico por lo que algunos no logran sobrevivir. Los que sobreviven al finalizar la temporada reproductiva (agosto) se adentran en el mar, recorriendo cientos de kilómetros en busca de alimento y de islas tranquilas para descansar hasta la siguiente temporada reproductiva.

Mientras tanto, las hembras permanecen en Isla Guadalupe, donde se encargan de alimentar a sus crías y, al mismo tiempo mantener una buena condición de salud mediante el consumo adecuado de sus presas. Esto es fundamental ya que necesitan producir una cantidad suficiente de leche para sus crías y, a al mismo tiempo, llevar a término la gestación de la cría que nacerá el siguiente año, es decir, durante la siguiente temporada reproductiva (junio-agosto). Finalmente, aquellos lobos finos que logran alcanzar la vejez, posiblemente entre los 20 y 30 años, llegarán al final de su vida, dejando atrás un mar de desafíos y generaciones de crías en Isla Guadalupe.

Los retos que enfrentan el lobo fino de Guadalupe para sobrevivir son diarios, pero a raíz de las acciones de conservación en México, actualmente, la especie se encuentra en un proceso de recuperación poblacional, coadyuvando a la protección de la diversidad biológica mundial. Estas nuevas generaciones seguirán contribuyendo a la recuperación de una especie que, en el siglo pasado estuvo al borde de la extinción, pero que, gracias a su protección y a la de su hábitat, así como a, su capacidad de resiliencia es una historia que consideramos merece ser contada.

                 El lobo fino de Guadalupe es un ejemplo de la capacidad de resiliencia de la fauna silvestre a pesar de los desafíos a los que se ha enfrentado desde hace siglos, generando en la comunidad científica un sentimiento de esperanza para otras especies de mamíferos marinos.

Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas, Instituto Politécnico Nacional. La Paz, Baja California Sur, México. casandragalvez@cientineladelmar.com (CG),

felorriaga@ipn.mx (FRE-V), jcamacho@ipn.mx (CJH-C).

*Autor de correspondencia

Therya ixmana 4(3):174-176

https://mastozoologiamexicana.com

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