
Las lagunas Interdunarias
Las lagunas interdunarias son pequeños espejos de agua que nacen y se forman entre las dunas costeras, tal y como ha sido analizado en el Proyecto Estratégico No. 1085430005: Hacia un manejo sustentable de la costa veracruzana: las lagunas Interdunarias, el cual es impulsado por la dirección general del Instituto de Ecología, A.C. Aunque parecen simples charcos, son humedales costeros de agua dulce muy antiguos, y los hay en pocas partes del mundo. En Brasil, el Parque Nacional “Lençóis Maranhenses”, y en México, orgullosamente se encuentran en los municipios de La Antigua y Veracruz. Aquí, sobreviven escondidas entre avenidas, colonias y desarrollos urbanos. Estas lagunas son un tesoro natural, pese a pasar desapercibido, que guarda funciones ecológicas para la vida en la ciudad; por esto, son sitio Ramsar (Sistema de Lagunas Interdunarias de la Ciudad de Veracruz), así como Área Natural Protegida Estatal.
¡Son un escudo gratuito!
Son verdaderos escudos naturales que tienen los municipios de La Antigua y Veracruz ante las tormentas e inundaciones; sin embargo, esta función es poco conocida. Cuando llueve fuerte en la ciudad ––tal y como ocurrió en la temporada 2025––, el agua busca su cauce ¡tiene memoria!, y aquí es en donde entra el trabajo natural de las lagunas interdunarias, ya que ninguna obra de concreto las iguala con tanta eficiencia, y mejor, de forma ¡gratuita!, pues captan, almacenan y filtran el agua, como si fueran vasos reguladores escondidos en la arena. El suelo arenoso es una gran esponja que absorbe el exceso de lluvia, lo guarda unos días y luego lo deja bajar lentamente hacia los pozos. Así, el agua no llega ¡de golpe! al a la ciudad y se reducen las inundaciones, o por lo menos, su intensidad.

Costo de oportunidad: más allá de lo ecológico
En Veracruz–La Antigua existen 33 lagunas Interdunarias que ayudan a retener miles de litros de agua durante una tormenta. Imaginemos 33 tinas gigantes que bajan la velocidad del agua y previenen desbordamientos, ––vimos lo que sucedió en Colonias como Río Medio ¿cierto? ––, pero cuando se rellenan o destruyen por la urbanización, la ciudad pierde un mecanismo natural que ha funcionado por siglos; de forma gratuita, ¡gratuita! Es natural, y tal vez porque es gratis y no nos cuesta, ¡no lo valoramos! No obstante, debemos en términos racionales, valorar nuestras decisiones según nuestro costo de oportunidad. Es decir, pensar que algo nos cuesta, no por su costo en sí, sino por el valor de algo a lo que renunciamos. Por ejemplo, pensemos que tenemos $30 pesos en la bolsa, y podemos comprar un refresco que cuesta lo mismo que una torta, ¿qué preferimos solventar, nuestra hambre o nuestra sed? El costo de oportunidad de saciar nuestra hambre, será el costo que implique no calmar nuestra sed.
Bien, pensemos en el costo de oportunidad de tener más desarrollos habitacionales en lugar de lagunas interdunarias. Un estudio publicado por Vázquez-González et al. (2019) en el International Journal of Disaster Risk Reduction, estimó que el valor en dólares (US$) por hectárea (ha) de los humedales costeros (manglares y herbáceos) osciló entre 148,000 y US$193,674/ha/año, a partir de la evaluación de las pérdidas ocasionadas por el huracán Karl en 2010 en la zona de Veracruz. Pensemos ahora, en la gravedad, eso ocurrió en 2010, ¡hace 15 años! Y las estimaciones sólo consideraron la pérdida de enceres domésticos, no se estimó la caída de la plusvalía de las casas, las afectaciones a la infraestructura material y eléctrica, el daño por negocios cerrados, entre otros. Todo esto se paga con dinero privado (pérdidas de los hogares) y dinero público. Entonces, no sólo tenemos como un costo de oportunidad de renunciar a las lagunas, los daños causados, sino también los posibles daños evitados, y la internalización de los costos, es decir, hacer propios los daños de terceros por el dinero público aplicado en la recuperación.
No sólo la naturaleza, también elevar nuestra educación y conciencia social
La protección no depende sólo de la naturaleza, sino también de nosotros, esto es, si tiramos basura en las calles, esa basura se va a las alcantarillas y las tapa. Aunque las lagunas funcionen bien, el agua no podrá salir y la ciudad se inundará de igual forma. Importante es ver las noticias después de un día entero de lluvia, cómo es que aparecen las rejillas de las alcantarillas completamente tapadas por basura, lo peor, basura generada por los humanos, productos de plásticos, entre otros, y no basura natural como hojarasca que está en el suelo por acción natural de los árboles. Es simple, si las calles están llenas de basura o si las alcantarillas están tapadas, el agua sube rápido y causa daños. Por esta razón, la mejor combinación es no rellenar: las lagunas + no tirar basura + drenes limpios. Este trabajo conjunto permitirá un sistema completo de drenaje con diferentes opciones funcionando, pues nos dará diferentes salidas para fortalecer la respuesta, ya que las alcantarillas sacan el agua rápido y las lagunas la guardan sin desbordarse.
Cambiar lo que debe ser cambiado
Aunque muchas lagunas fueron rellenadas para construir viviendas (más de 270, aproximadamente), avenidas y/o desarrollos comerciales, la falta de planeación urbana fragmentó sus conexiones naturales y la contaminación residencial redujo la calidad del agua, las lagunas interdunarias todavía pueden rescatarse con una visión socio-ecológica que pueda reconectar fragmentos de ecosistemas y crear corredores verdes que protejan tanto a la naturaleza como a la población. Con proyectos de conservación, vigilancia ambiental y participación ciudadana, estos humedales costeros pueden convertirse en zonas educativas, senderos interpretativos y/o parques naturales urbanos que atraigan turismo responsable y fortalezcan el orgullo local.
La ciudadanía puede evitar tirar basura, más que participar en jornadas de limpieza, apoyar proyectos escolares y exigir a las autoridades (Gobiernos Municipales, Estatales y Federales) programas (de acuerdo a la necesidad) de conservación y restauración. Las escuelas pueden incluir visitas guiadas, monitoreo de aves, actividades de ciencia ciudadana y talleres de educación ambiental, tal y como lo ha realizado el INECOL, A.C. en secundarias del Puerto de Veracruz. Por su parte, los Gobiernos municipales pueden integrar estas lagunas en los planes de desarrollo urbano, prohibir rellenos ilegales, fortalecer la vigilancia ambiental y establecer áreas naturales protegidas urbanas. Si todos, sociedad, Organizaciones Civiles, Instituciones del Gobierno y científicas logramos trabajar conjunto, podremos tomar decisiones no sólo responsables, sino también orientadas con información técnica. Lo que hagamos hoy, podrá asegurarnos un futuro más seguro, fresco y saludable para La Antigua y Veracruz-Puerto. Estos humedales, tan discretos como valiosos, son una oportunidad única para demostrar que el desarrollo urbano y la naturaleza no tienen por qué ser enemigos.
1SECIHTI-INECOL, A.C., Red de Ecología Funcional