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Si como médico no se entiende cuál es el proyecto de vida de la persona, no se le puede ofrecer un tratamiento integral, señala el especialista en historia de la medicina. “Tenemos que insistir en el humanismo médico”

“La práctica de la medicina se ha deshumanizado”: Carlos Viesca Treviño

Carlos Viesca Treviño en Ciencia UNAM Carlos Viesca Treviño es uno de los mayores especialistas en historia de la medicina en nuestro país. (FOTO: Arturo Orta/Diseño: Javier Eduardo Santoyo)

La historia de la Medicina en México nos permite identificar esos procesos históricos que han sido clave para entender nuestra propia tradición y cosmovisión médica, la cual ha trascendido el paso del tiempo y sigue siendo parte de nuestro día a día.

Uno de los estudiosos de la historia de la Medicina en nuestro país es el doctor Carlos Alfonso Viesca Treviño, quien ha enfocado sus áreas de investigación en la medicina prehispánica, la medicina del enlace (la que se vivió cuando llegaron los españoles a Mesoamérica) y la bioética.

Es integrante del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM, del cual ha sido un activo participante e incluso dirigió de 1983 a 2012.

Además, esta labor lo llevó a dirigir la International Society for the History of Medicine y recibir el Premio Nacional de Historia y Filosofía de la Medicina, en 1992. También pertenece a la Academie Internationale de Philosophie de la Sciencie, a la Academia Panamericana de Historia de la Medicina y es miembro honorario de la Sociedad Islámica de Historia, Medicina y Bioética en Turquía, en Estambul.

MEDICINA DE CONTACTO.

Sus inicios en la Historia de la Medicina se dieron primero con su tesis enfocada en la medicina mexicana prehispánica, y posteriormente de la mano del doctor Francisco Fernández del Castillo, quien era jefe del departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, de la Facultad de Medicina de la UNAM, y a quien acudió para adentrarse en esta área de estudio.

“Empecé a investigar con él. Se empezó a formalizar mi enseñanza de la historia. Nunca hice curso formal de historia, pero finalmente saqué un doctorado porque la estudié y a lo largo de toda la vida sigo estudiando”.

Fue con el doctor Fernández del Castillo en donde aprendió que estudiar historia no consistía sólo en aprenderse fechas, sino en cómo ésta permite conformar una identidad a partir de la cultura, las tradiciones milenarias y el contexto mismo.

De sus primeras áreas de investigación estuvo la medicina del enlace, es decir, en aquella que está relacionada en estudiar qué conocimientos médicos traían los españoles cuando llegaron a Mesoamérica en el siglo XVI, qué tipo de Medicina se practicaba aquí en esa época y qué procesos de aculturación se fueron dando después de primer contacto.

“Es decir, ¿cómo insertamos este conocimiento en el conocimiento que traigo yo? ¿Y qué hago? ¿Valido el conocimiento de los otros? Los médicos indígenas sí tenían su validación, pero también toman de los españoles que llegaron. Entonces, es ida y vuelta este conocimiento, hay un contacto continuo y sigue hasta la fecha”.

Cuando los españoles llegaron a Mesoamérica también se dio un intercambio de medicamentos, pues empezaron a utilizar las plantas que aquí se usaban para curar enfermedades. Luego las exportaron a España y se crearon manuales y libros para hablar de estas plantas, como el Códice de la Cruz Badiano u otros libros realizados por frailes como Bernardino de Sahagún, el tratado de Francisco Hernández, etcétera.

La tradición médica mesoamericana ha sido tan grande que ha perdurado más de 500 años. “Si vamos con curanderos ahorita nos dan las mismas recetas que encontramos en los textos que rescatamos de aquella época, de códices del siglo XVI, donde médicos indígenas dicen cómo curar alguna enfermedad, y muchas de esas recetas siguen siendo las mismas en la actualidad”.

Carlos Viesca Treviño en Ciencia UNAM La tradición médica mesoamericana ha sido tan grande que ha perdurado más de 500 años (FOTO: Arturo Orta/Diseño: Javier Eduardo Santoyo)

PALACIO MONUMENTAL.

Otra de las facetas que han acompañado la trayectoria del doctor Carlos Viesca –quien además pertenece a la Academia Nacional de Medicina y ha escrito y coordinado decenas de libros– fue su labor al frente del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina por casi 30 años.

Ubicado en el corazón del centro histórico de la Ciudad de México, este departamento hoy tiene como sede un edificio que alguna vez albergó al Tribunal del Santo Oficio, también fue sede temporal del Arzobispado de la ciudad, de la Lotería Nacional, de una escuela primaria y de un cuartel. A mediados del siglo XIX se convirtió en la Escuela de Medicina y hoy, además, ahí se encuentra el Museo de la Medicina Mexicana.

Recuerda que junto con el doctor Francisco Fernández del Castillo lucharon por recuperar varios de los espacios que se habían perdido cuando la Facultad de Medicina se mudó a Ciudad Universitaria.

“Fuimos recuperando el Palacio que estaba invadido por mucha gente. En los 80 se hicieron las negociaciones para que nos regresaran las instalaciones de la Inquisición que no habían sido de la Facultad de Medicina y gracias a eso el Palacio actualmente tiene más o menos como 5,000 m². Es una cosa tremenda”.

Uno de los grandes espacios que tiene es la biblioteca, la cual cuentan con ejemplares en latín del siglo XVI y otras que dan cuenta de la historia de la medicina en México y en el mundo.

Algunos de los ejemplares que tienen son la colección de nueve volúmenes de Antiquities of Mexico de Lord Kingsborough, el Códice Vaticano A, la traducción de Dioscórides de Andrés Laguna, médico de Carlos V, ediciones de las obras de Morgagni y sus inicios de la anatomía patológica, primeras ediciones de las obras de Pasteur, de Claude Bernard, de Lister y una edición de Hipócrates de 1546.

BIOÉTICA EN LA PRÁCTICA MÉDICA.

Siempre inquieto por entender cómo ha cambiado la figura del médico en la sociedad, fue introduciéndose en el estudio de la ética médica, un tema que le ha interesado al doctor Viesca Treviño desde hace varios años. La empezó a estudiar desde 1985, en la Facultad de Medicina, cuando él ya ocupaba el cargo de jefe del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina.

“Mi padre hizo unos cursos de ética médica y relación médico-paciente en el Hospital General de México en los años 70. A mí me sirvieron de inspiración. Después, junto con el doctor Fernández del Castillo empezamos a ver que en los hospitales había una situación en la relación médico-paciente, de que no les hago caso, no me comprometo, no son mis pacientes, y ya nos metimos mucho más en ese tema”.

En 1999 fundó, junto con la doctora Juliana González, que era directora de la Facultad de Filosofía y Letras, el posgrado de Bioética en el programa de Ciencias Médicas Odontológicas y de la Salud.

En relación con el médico actual –explica– que el problema es que la práctica de la medicina se ha deshumanizado y se ha enfocado más en medicina de enfermedades y no de personas.

“Tenemos que insistir en el humanismo médico. ¿Qué significa? Saber medicina, es el primer compromiso y luego identificar la dimensión humana de la persona: medicina de enfermos, no de enfermedades, para lo cual lo primero es conocer quién es el enfermo, no qué es”.

Agrega que si como médico no se entiende cuál es el proyecto de vida de la persona, no se le puede ofrecer un tratamiento integral, que incluya varias etapas de su vida, no sólo la salud, sino la personal, laboral, social.

“Y otra función central de la medicina es si ese proyecto de vida ya no puede de seguir ¿Cómo yo, como tú médico, te puedo ayudar a que tú construyas otro proyecto de vida? El que tú quieras”.

Por ello, concluye que es importante la figura del médico de cabecera que existía hace varias décadas, con el fin de que la relación médico-paciente permita manejar el proceso de enfermedad desde el conocimiento, la cercanía y la confianza.

*Colaboración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM

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