“El ecoturismo suele presentarse como una alternativa sustentable para el desarrollo de las comunidades rurales; sin embargo, este modelo no siempre cumple con las demandas sociales que presentan las mujeres”, así lo planteó Tania Elizabeth Ceballos Álvarez, profesora investigadora del Área Académica de Turismo y Gastronomía de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), cuya investigación se centra en el análisis crítico del ecoturismo con enfoque de género.
La docente que se encuentra en el Instituto de Ciencias Económico Administrativas (ICEA) de esta universidad, mencionó que el ecoturismo no debe entenderse únicamente como la realización de actividades recreativas en espacios naturales, sino como una modalidad turística ambiental, social y culturalmente responsable, orientada a la conservación de los recursos y al bienestar de las comunidades locales.
Este suele presentarse como una alternativa virtuosa donde la mujer juega un papel importante en la presentación y conservación de la cultura local. No obstante, dicha modalidad no está exenta de tensiones sociales, especialmente en lo que respecta a la participación de las mujeres en contextos rurales, es por ello que debe analizarse como un fenómeno social complejo, atravesado por estructuras de poder, roles de género y dinámicas culturales históricas.
El ecoturismo como concepto normativo y no sólo recreativo
De acuerdo con la investigadora Garza, el ecoturismo es un concepto normativo que implica viajar a áreas naturales para apreciar la flora, la fauna, los paisajes y las manifestaciones culturales, bajo principios claros: poco impacto ambiental y a nivel cultural, conservación de los recursos y, sobre todo, beneficio directo para las comunidades locales.
“No puede reducirse a actividades recreativas en la naturaleza. Se trata de un concepto normativo, es decir, de una modalidad turística que implica responsabilidades ambientales, sociales y culturales. Viajar a áreas naturales no es suficiente si no existe un compromiso real con la conservación y el respeto a las comunidades locales”, puntualizó Tania Ceballos.
Un elemento distintivo del mismo es el beneficio directo para la comunidad local. A diferencia de otros modelos turísticos extractivos, esta modalidad pretende que las poblaciones anfitrionas participen y se beneficien económicamente, fortaleciendo su identidad cultural y sus medios de vida, la clave está en el bajo impacto ambiental y cultural, así como en la promoción activa de la conservación de los recursos naturales.
La paradoja del empoderamiento femenino en iniciativas ecoturísticas
A pesar de sus beneficios potenciales, el ecoturismo también puede reproducir desigualdades de género, donde se señala que muchas iniciativas replican la división sexual del trabajo, asignando a los hombres los roles productivos y de toma de decisiones, mientras que las mujeres quedan relegadas a labores de servicio. “Si bien abre oportunidades de participación económica, no siempre transforma las estructuras sociales que generan desigualdad”, recalcó la experta de la UAEH.
El trabajo de las mujeres suele verse como una extensión de las labores domésticas, las cuales no son remuneradas. En lugar de empoderar, estas dinámicas pueden generar una sobrecarga que suma un segundo o incluso tercer turno a la jornada cotidiana de ellas generando estrés, cansancio, faltas de hora de sueño e incluso lesiones físicas.
La paradoja radica en que, aunque el ecoturismo ofrece oportunidades de ingreso y visibilidad, también puede profundizar la desigualdad si no se transforman las estructuras sociales que lo sostienen. El empoderamiento no ocurre de manera automática por el simple hecho de participar en un proyecto.
“El concepto de empoderamiento debe analizarse con cuidado, considerando si las mujeres tienen autonomía, capacidad de decisión y reconocimiento real dentro de las iniciativas. Estos proyectos deben incorporar una perspectiva de género que evite reproducir desigualdades y promueva una participación equitativa y justa”, manifestó la experta de la Autónoma de Hidalgo.
El papel de las universidades en la transformación social
Desde la UAEH, la investigación cumple una función esencial: visibilizar problemáticas, generar propuestas y aportar evidencia para la toma de decisiones. Aunque las universidades no ejecutan políticas públicas, sí pueden influir a través del conocimiento, la formación de estudiantes y la concientización social.
En las aulas, el enfoque de género se trabaja como parte del proceso formativo, con el objetivo de que las nuevas generaciones repliquen estos valores en su vida profesional y comunitaria. Desde la investigación, se pueden evidenciar las desigualdades que persisten en sectores aparentemente inclusivos como el turismo.
En el caso de Hidalgo, su trabajo comienza a documentar el papel de las mujeres en la preservación cultural, particularmente en la gastronomía. Un gran ejemplo, señaló la investigadora, es cómo la organización del Festival del Paste en Real del Monte muestra que existen mujeres que actúan como verdaderas agentes de cambio en sus comunidades.
Es fundamental que universidades, estudiantes e investigadores continúen produciendo conocimiento crítico que contribuya a transformar el turismo en un sector más justo, incluyente y socialmente responsable. Desde la Autónoma de Hidalgo, su trabajo invita a repensar el turismo no solo como actividad económica, sino como un espacio de disputa y transformación social.
En este contexto, el ecoturismo deja de ser únicamente una alternativa económica para convertirse en un espejo de las relaciones sociales que atraviesan a las comunidades., incorporar la perspectiva de género no es un complemento opcional, sino una condición indispensable para que este modelo cumpla realmente con sus principios de sustentabilidad y justicia social.
Repensar el ecoturismo desde el papel y las voces de las mujeres permite no solo visibilizar desigualdades, sino también abrir caminos hacia un desarrollo más equitativo, donde la conservación ambiental vaya de la mano con el reconocimiento, la autonomía y el bienestar de quienes sostienen la vida comunitaria.