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Las evidencias científicas muestran que la migraña es un trastorno multifactorial en el que interactúan neuronas, vasos sanguíneos, neurotransmisores y moléculas reguladoras

Estudian papel de la oxitocina en el dolor causado por migraña

Migraña La migraña es un trastorno neurológico incapacitante y complejo. (Diseño Bárbara Castrejón)

Una de las enfermedades neurológicas más comunes es la migraña. Se trata de mucho más que un simple dolor de cabeza ocasional, de esos que aparecen de vez en cuando y desaparecen fácilmente con un analgésico.

La migraña es un trastorno neurológico; algunos especialistas la consideran un trastorno neurovascular más complejo. Se caracteriza por un dolor de cabeza pulsátil que, con mucha frecuencia, afecta solo un lado de la cabeza y suele acompañarse de diversos síntomas relacionados con el sistema nervioso, como visión borrosa, irritabilidad a la luz (fotofobia), a los sonidos (fonofobia) y a ciertos olores (osmofobia).

Se estima que este padecimiento afecta al 14 % de la población mundial (1 de cada 7 personas), lo que la convierte en una de las enfermedades más frecuente del planeta y en la segunda causa de discapacidad entre todas las enfermedades. Además, impacta con mayor frecuencia a las mujeres (20 %) que a los hombres (10%), señala el doctor Abimael González Hernández, del Instituto de Neurobiología de la UNAM.

ESTUDIAR EL DOLOR.

En el laboratorio que dirige el doctor González Hernández se estudian los mecanismos cerebrales del dolor asociado a la migraña. Para ello, se utilizan modelos electrofisiológicos que permiten medir la actividad neuronal.

En particular, los investigadores estudian en modelos experimentales de migraña en roedores, si determinados núcleos del hipotálamo modulan la actividad del sistema trigeminal y cómo esta interacción influye en la percepción del dolor en la periferia.

Uno de los focos principales de su trabajo es una molécula conocida como oxitocina. Se trata de una hormona y neurotransmisor producida principalmente en el hipotálamo y liberada por la hipófisis. Actúa tanto en el cuerpo como en el cerebro y desempeña funciones clave en procesos como el parto y la lactancia, el vínculo social y la regulación emocional.

Además, diversos estudios han mostrado que esta molécula también está relacionada con la modulación del dolor. En el laboratorio del doctor González Hernández se ha observado que la oxitocina puede tener efectos analgésicos, en particular a nivel del núcleo trigeminal, una región clave en la transmisión de la señal dolorosa durante la migraña.

“Actualmente, en Estados Unidos hay laboratorios que realizan ensayos clínicos para evaluar el uso de oxitocina para el tratamiento de la migraña o el dolor relacionado, aunque aún no hay resultados contundentes y la investigación está en fases tempranas o intermedias. Sin embargo, es una señal de que vamos por buen camino”, asegura el especialista.

Las evidencias científicas muestran que la migraña es un trastorno multifactorial en el que interactúan neuronas, vasos sanguíneos, neurotransmisores y moléculas reguladoras.

Por ello, agrega el neurobiólogo, sus manifestaciones son tan diversas y su tratamiento continúa siendo un desafío científico y clínico. Comprender los mecanismos que la originan es fundamental para desarrollar estrategias terapéuticas cada vez más específicas y eficaces.

Aun cuando desde 2000 años antes de nuestra Era los egipcios proponían remedios para su tratamiento, y Galeno en el siglo II le dio el nombre de hemicrania, el origen de esta enfermedad hasta el presente no se comprende por completo. En el siglo XVII Thomas Willis propuso la migraña se debía a un proceso vascular; sin embargo, en el siglo XIX la idea de que es un fenómeno neuronal empezó a ganar terreno. Más tarde, en la década de 1930, el neurólogo Harold Wolff propuso que la migraña podría deberse principalmente a un fenómeno vascular, originado por la vasodilatación de los vasos sanguíneos craneales.

Migraña Trastorno multifactorial. (Diseño Bárbara Castrejón)

PROCESO VASCULAR.

Durante un ataque de migraña, ciertos vasos sanguíneos que irrigan las meninges —las membranas que recubren y protegen el cerebro— aumentan su diámetro. Esta vasodilatación provoca dos efectos clave. Por un lado, el incremento del flujo sanguíneo genera un estiramiento rítmico de las paredes de los vasos, que ocurre de manera sincronizada con los latidos del corazón.

Este estiramiento activa terminaciones nerviosas sensibles al dolor, principalmente asociadas al nervio trigémino. Por otro lado, la dilatación favorece la liberación de sustancias químicas inflamatorias que sensibilizan aún más estas fibras nerviosas, amplificando la señal dolorosa.

Tal mecanismo explica por qué el dolor migrañoso suele ser pulsátil y empeora con la actividad física: cada latido intensifica la distensión de los vasos y, con ello, la estimulación de los receptores del dolor.

Para aliviarlo, en esa época se desarrollaron medicamentos conocidos como ergots, que actúan como potentes vasoconstrictores, es decir, estrechan los vasos sanguíneos y reducen su distensión, lo que disminuye la activación de las fibras dolorosas.

Décadas después se descubrió que estos fármacos y otros conocidos como triptanes, además de su efecto vascular, bloquean de forma indirecta la acción del CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina), una molécula que se libera durante el ataque migrañoso y que cumple una doble función: favorece la vasodilatación y participa directamente en la transmisión del dolor. Al inhibir su acción, disminuye la intensidad del dolor y se frena la progresión del ataque.

Este hallazgo fue decisivo para comprender que la migraña no es solo un trastorno vascular, sino también neuroquímico, en el que interactúan vasos sanguíneos, neuronas y moléculas señalizadoras que mantienen y amplifican el dolor, asegura el investigador.

Migraña En la UNAM estudian el papel de la oxitocina durante el proceso del padecimiento. (Diseño Bárbara Castrejón)

MODELO TRIGÉMINO-VASCULAR.

Hacia los años ochenta y noventa, la investigación científica integró las evidencias neuronales, vasculares y químicas en el llamado modelo trigémino-vascular. Actualmente el más aceptado para explicar la migraña. Según este modelo, el trastorno comienza con un estado de hiperexcitabilidad trigeminal que activa el sistema trigémino-vascular, una red de nervios y vasos sanguíneos que rodea el cerebro y las meninges, las membranas que lo protegen.

Aunque el cerebro no tiene receptores directos para el dolor, las meninges y los vasos que las irrigan sí los tienen y están estrechamente conectados con el nervio trigémino, el nervio sensitivo más importante de la cabeza. Este nervio lleva información sensorial —incluido el dolor— desde la cara y las meninges hacia el cerebro.

Aún no se conoce con certeza qué desencadena el inicio del ataque migrañoso. Sin embargo, una de las hipótesis más aceptadas propone que el proceso comienza con una disfunción del hipotálamo, una región profunda del cerebro encargada de regular funciones básicas como el sueño, el apetito, el ritmo circadiano y la respuesta al estrés.

Esta idea ayuda a explicar por qué muchas personas con migraña presentan síntomas previos al dolor —conocidos como pródromos o fase premonitoria—, entre ellos bostezos frecuentes, cambios en el estado de ánimo, antojos alimentarios o alteraciones del sueño.

Los neurocientíficos piensan que una activación anómala del hipotálamo puede desencadenar, en cascada, la activación del sistema trigémino-vascular y la liberación de sustancias como el CGRP, que amplifican la señal dolorosa y mantienen un estado de hiperexcitabilidad, explica el especialista. De hecho, terapias farmacológicas recientes usan anticuerpos monoclonales diseñados para bloquear solo la actividad del CGRP.

Otra hipótesis relevante sostiene que la migraña tiene un fuerte componente genético. Las personas que la padecen podrían heredar variantes en genes asociados con el funcionamiento de ciertos canales iónicos de las neuronas, unas estructuras que regulan el paso de iones como sodio, calcio y potasio a través de la membrana celular.

Estas alteraciones harían que las neuronas sean más excitables de lo normal y respondan de manera exagerada a estímulos que en otras personas no provocarían dolor. Esta predisposición genética explicaría por qué la migraña a veces se presenta en varios miembros de una misma familia y por qué algunos individuos son especialmente sensibles a factores desencadenantes como el estrés, la falta de sueño, los cambios hormonales, ciertos alimentos o variaciones ambientales.

*Colaboración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM

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