
En las diferentes etapas de la vida, la infancia y adolescencia son esenciales para el bienestar del individuo. En la infancia se prioriza el crecimiento, aprendizaje y la diversión, en cambio, en la adolescencia se entra a una etapa de transición para la adultez en el que existe un mayor involucramiento en la sociedad. Sin embargo, en diferentes regiones de México esta situación no es la que se presenta, sino que niñas, niños y adolescentes están en hemodiálisis, una forma de tratamiento de la enfermedad renal terminal, mientras logran ser candidatos para un trasplante renal.
El segundo jueves de marzo (12 de marzo) se conmemora el Día Mundial del Riñón, un día en el que se busca concientizar sobre la salud renal, la detección temprana y la prevención de enfermedades en los riñones. Los riñones son parte fundamental del cuerpo, ya que se encargan principalmente de eliminar los desechos de la sangre por la orina, entre otras funciones importantes. Por lo tanto, el deterioro de los riñones por diversas causas reduce su capacidad de filtrar sangre hasta el grado que el paciente requiere hemodiálisis, apoyo de una máquina que actúa como un riñón artificial, hasta recibir un trasplante.
La enfermedad renal crónica (ERC) representa una de las formas más importantes de disfunción renal. Se trata de una afección de progresión generalmente lenta que afecta principalmente a adultos mayores, debido al envejecimiento natural del riñón, y a personas con diabetes mellitus o hipertensión arterial, que son sus causas principales a nivel mundial. Estimaciones sugieren que 1 de cada 10 personas a nivel mundial tienen ERC. En México los datos son similares, sin embargo, los datos oficiales subestiman la prevalencia por subregistro y falta de vigilancia sistemática. En recientes investigaciones han identificado un dato alarmante de la ERC, un aumento de ERC en población infantil y juvenil en los últimos años sin factores de riesgo de la enfermedad. Esto ha generado preocupación en la comunidad científica y sanitaria por tratarse de patrón epidemiológico inusual. Por lo tanto, esta nueva incidencia visibiliza una nueva problemática de salud pública en el que se debe entender con anticipación mediante programas de salud enfocados a esta población.
Desde la perspectiva de la salud ambiental, es fundamental reconocer que las y los niños no son adultos “pequeños”, sino seres vivos en una etapa crítica de desarrollo que los convierte en receptores sensibles a los contaminantes del entorno. Por lo tanto, la ERC en esta población constituye un problema sanitario complejo en que se ha relacionado, como una hipótesis fuerte, los determinantes ambientales. En este contexto, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales reconoce más de mil sitios contaminados en el país asociados a fuentes industriales como industrias mineras, hidrocarburos e industria química. Interesantemente, algunos de los estados con mayor número de sitios contaminados coinciden con entidades que reportan alta demanda de trasplante renal según los datos de Centro Nacional de Trasplantes. Esta coincidencia geográfica no implica causalidad, pero permite abrir brechas de investigación para identificar la vía en cómo los contaminantes afectan el riñón.
Por otra parte, diferentes regiones en México con alta presencia e incremento de ERC en población infantil y juvenil se han denominado “zonas calientes”. Entre estas regiones destaca Aguascalientes, la Cuenca del Alto Atoyac (ubicada entre Puebla y Tlaxcala), la ribera del Lago de Chapala en Poncitlán (Jalisco) y Tierra Blanca (Veracruz) como zonas con alta prevalencia de esta enfermedad. Estas regiones comparten un patrón estructural interesante, la intensa actividad industrial y la contaminación ambiental documentada por exposición a compuestos industriales, metales y plaguicidas, exponiendo a la población a no solo a un contaminante sino a una “sopa” tóxica de compuestos que dañan la salud. En paralelo, estas regiones exhiben una vulnerabilidad social caracterizada por pobreza, desigualdad de género, pertenencia a grupos étnicos marginados y acceso limitado a servicios de salud, factores que agravan la incidencia de la enfermedad.
Desde la perspectiva de la biología del desarrollo, el riñón infantil exhibe una vulnerabilidad particular. El proceso de desarrollo renal durante el embarazo, conocido como nefrogénesis, se completa aproximadamente hacia la semana 36 de gestación. En consecuencia, el nacimiento prematuro o el bajo peso al nacer resultan en una reducción del número de nefronas disponibles, las cuales son las unidades microscópicas del riñón responsables de la filtración sanguínea. Adicionalmente, existe una exposición a contaminantes que pueden atravesar la placenta y afectar etapas críticas del desarrollo renal. En este contexto, se ha propuesto que la ERC juvenil en estos escenarios se origina a partir de exposiciones tempranas, desde el periodo prenatal y la infancia, disminuyendo la nefrogénesis. Posteriormente, durante su desarrollo en entornos caracterizados por una elevada carga ambiental, se aceleraría la progresión de la enfermedad. Esta hipótesis se ve reforzada por una investigación realizada en México, el cual documentó la relación entre la cardiopatía congénita, una enfermedad del corazón presente desde el nacimiento, y la cantidad de industrias contaminantes, evidenciando así los efectos de la exposición a contaminantes durante el desarrollo fetal.
Cabe mencionar que la problemática de ERC en población joven se concentra en varias regiones de México donde factores ambientales y sociales predisponen a esta enfermedad. La identificación de estos “puntos calientes” surge de aportaciones científicas que permiten visibilizar y documentar la magnitud del problema. Por lo tanto, la ERC juvenil no puede considerarse únicamente como un problema clínico individual, sino como la manifestación biológica de desigualdades socioambientales persistentes que requieren atención urgente.
Si la ERC en niñas, niños y jóvenes se consolida como un fenómeno asociado a contextos de vulnerabilidad socioambiental, como sugiere la literatura científica actual, no estamos ante eventos aislados, sino ante una señal de alerta sanitaria y ambiental de relevancia nacional y regional. Por lo tanto, se requiere un abordaje integral basado en políticas públicas orientadas a salud ambiental que incluyan regulación estricta y vigilancia de contaminantes, ordenamiento territorial, reducción de exposiciones en comunidades vulnerables y programas de detección y prevención temprana dirigidos a la población infantil y juvenil. La infancia no debe ser el escenario donde se reflejen las consecuencias biológicas del desarrollo industrial no regulado. Además, es una obligación fundamental del Estado y de la sociedad asegurar que las niñas, niños y adolescentes crezcan en un entorno saludable; esto no es solo un
objetivo ético, sino una prioridad de salud pública.
Kelvin Saldaña-Villanueva*
* Investigador por México Secihti. Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco A.C.