
Cuenta Ismail Kadaré en Crónica de piedra, cuando uno de sus personajes hablaba de la Segunda Guerra Mundial, recordaba como Hitler se jactaba de no haber bombardeado ni Polonia, ni Noruega, ni Bélgica, ni Francia de noche, hasta que Churchill lo hizo en Alemania, entonces expresó que ese hombre estaba loco, y con el segundo ataque nocturno que recibió, decidió atacar a Inglaterra de noche. Leía ese pasaje cuando Benjamín Netanyahu dijo que, a diferencia de los nazis, el ejército de Israel, avisaba sobre los lugares que iban a bombardear. Los anuncios los hacía el coronel Avichay Adraee, cuya voz es ya muy conocida entre los habitantes de Líbano, como también se le identifica en Gaza. Como portavoz de ese ejército usa sus redes, comunica mapas, los nombres de los edificios y las zonas que la población debe abandonar antes de recibir los ataques de la aviación israelí que pude matarlos y destruye todo a su paso.
Apenas hace unos días, contó la propietaria de un hotel que alojó a amigos y conocidos que huyeron de sus hogares y sin más el hotel fue blanco de un ataque; no entendió la razón porque conocía a todos y coincidían en su odio a Hezbolá, por lo que ha desencadenado en el país. Y ahí la voz de Adraee no se escuchó, aunque lamentablemente algo semejante ha sucedido en otros sitios del Líbano, asediado nuevamente por Israel. En un hotel también murieron varios diplomáticos del personal de la embajada de Irán. A la fecha más de setecientas mil personas han debido remontar del sur, que no ha cesado de recibir los impactos de misiles y de la aviación israelíes desde noviembre de 2024, cuando se estableció el alto al fuego, avalado internacionalmente.
Tales acciones han provocado en diez días la muerte de más de 400 personas, entre las cuales, se encuentran varios niños. Por eso, el secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, ha expresado que dos cohetes lanzados contra Israel fue el pretexto para la fuerte respuesta de Israel contra Líbano, sin contar que su ejército había llevado a cabo 10 mil lanzamientos en el lapso de 15 meses que dura el eufemísticamente llamado cese al fuego, con las víctimas ya mencionadas y la destrucción gran parte de la infraestructura. En la cual pueden mencionarse escuelas, hospitales y hasta iglesias cristianas, como el ataque ocurrido el pasado 9 de marzo del que resultó muerto el sacerdote Pierre El-Rahi, que se encontraba en las inmediaciones ayudando a los vecinos que habían quedado a la intemperie sin sus viviendas. (Vida Nueva, España, 9 de marzo de 2026).
Por su parte Human Rights Watch afirma que las fuerzas israelíes han arrojado fósforo blanco en el sur de Líbano; pudo hacer tal afirmación por los disparos contra la aldea de Yohmor, y afirma que es ilegal su uso cuando se dispara en zonas pobladas. Apoyada en la geolocalización y verificación de siete imágenes, se comprobó que Israel disparó fósforo blanco con artillería contra zonas residenciales, luego de advertir a los residentes de evacuar. Su uso tiene fuertes consecuencias porque incendia edificios y provoca graves quemaduras en las personas que son alcanzadas, como expuso el investigador de esa organización Ramzi Kaiss. Y los diarios hicieron alusión a que Israel ya había utilizado el fósforo blanco en la Operación Plomo Fundido contra Gaza (diciembre de 2008-18 de enero de 2009), que saldó con mil 300 palestinos civiles muertos, entre ellos 330 niños. (Haaretz y La Prensa Asociada, 9 de marzo de 2026).

La destrucción del sur de Líbano comenzó en realidad desde hace tiempo cuando las tropas israelíes iniciaron sus incursiones por tierra, destruyéndolo todo, encontrando resistencia de parte de Hezbolá, pero atacando a la población civil sin que pueda diferenciarse cabalmente que siendo chiitas sean del brazo armado y en su mayoría votantes de Hezbolá, que no están de acuerdo con la guerra. Eso poco importa, porque son blanco de los disparos porque, como en varias poblaciones, resulta difícil distinguir quién es quién en ese mosaico religioso cultural de un país como Líbano.
De cualquier forma, cabe preguntarse, quién otorgó a Israel el derecho de emprender una agresión sin cuartel en Líbano, lejos de una guerra formal porque no se trata del enfrentamiento entre dos ejércitos como podría considerarse en Irán. Tampoco es la primera vez que lo hace, porque varios episodios semejantes se han registrado desde hace varios años; es verdad que Hezbolá no para desde que surgió y, sobre todo, se fortaleció con la invasión de Israel a Líbano en 1982 y el apoyo que encontró entonces en Irán, que apenas se volvía el país de los ayatolas, cuando en 1979 salió el sah Reza Pahlavi de Irán.
Israel se ha empoderado en la región gracias a apoyo irrestricto de Estados Unidos, que fue en su ayuda después de lo ocurrido el 7 de octubre en Gaza, un hecho lamentable y criticado por la gente de razón, pero que no permite justificar la destrucción que emprendió entonces contra los territorios lo que ha sido calificado como genocidio por los organismos internacionales. El método destructivo de Israel, que su ejército ha llamado dahiye, y es el mismo que ha utilizado y vuelve a utilizar en Líbano, desde que en 2006 destruyó las instalaciones eléctricas, vías de comunicación, edificios estratégicos e instalaciones de agua, que resulta uno de los bienes más preciados, con problemas que no ha logrado superar.
Ahora con la estrategia aplicada en Gaza, sin ningún prurito y sin observar una moral, la destrucción desenfrenada parece su único objetivo. Lo que también Israel ha emprendido igualmente Cisjordana, auxiliándose los colonos, los grupos religiosos más radicales, que suman ya alrededor de 700 mil. Los mismos que han realizado actos para enarbolar la bandera de Israel en donde antes hubo viviendas y construcciones de los libaneses.
En los acuerdos a los que está llamando Trump, pide la total confiscación de las armas de Hezbolá, con lo cual Israel está de acuerdo, pero advierte que no está dispuesto a cancelar sus operaciones en Líbano. Nadie sugiere siquiera que Israel deponga las armas, cuando ni siquiera se le puede obligar a desplazarse del sur de Líbano y dejar de bombardear sus poblaciones.