
Para el escritor Irvine Welsh (1958), visitar la CDMX es simple: se sube al metro, sin rumbo fijo, elige una estación al azar y se dirige ahí. “A veces acabas en un barrio cool, lleno de hipsters y de cafeterías y bares de vinos. Otras veces te encuentras en una zona de combate. Nunca sabes dónde vas a acabar, pero es emocionante”, dice a este diario.
Recientemente, el escocés autor de “Trainspotting” y “Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo”, entre otros títulos famosos, ofreció una sesión de música como DJ en un bar del Centro Histórico. También participó en conversatorios y la presentación editorial de la traducción al español de “Los cuchillos largos” (Anagrama, 2025), en el marco de la Feria Internacional del Libro en Coyoacán (FILCO) 2026.
Conversando en un café al sur de la ciudad, Irvine Welsh esboza su actitud hacia el imperialismo, la función de la risa en su obra y en la vida, y lo que le parece ser una “sobre-medicalización” asociada a la salud mental como tema de moda, además de su experiencia en México.
“Lo he visto todo y me ha gustado todo. Me ha encantado y me ha transmitido todo el espectro de la vida y la humanidad. Es como si cada gran ciudad estuviera viva, respirando. Tiene un aire de canción, una atmósfera, es tan especial y única, y debería atesorarse como tal”, expresa de su estancia.
En la calle, algunas personas lo reconocieron y para él “ha sido genial”.
De acuerdo con el itinerario previsto, este lunes por la noche, Irvine Welsh tomaría un vuelo a Escocia y prevé estar en Londres la siguiente semana, para las audiciones de la versión Musical de Trainspotting, que se anuncia como una versión “más oscura” que el libro y la película, y que estrenará en julio de este año.
“Así que estamos movilizando a todas las manos posibles, estamos haciendo el casting, estamos preparando la música”, adelanta mientras revisa su celular, “ese sería mi socio musical, me está enviando otro archivo, así nos los estamos pimponeando. Va a haber mucho que escuchar”.
CRIMEN, CUCHILLOS Y MÁS
Ni el autor sabe cuándo saldrá en español la tercera parte de su trilogía protagonizada por el inspector Ray Lennox, que desde 2024 ya está publicada en inglés bajo el título “Resolution”. Opina que quizás la editorial poseedora de sus derechos hispanos tendrá la urgencia de publicar primero su libro más reciente (2025).
“No estoy seguro, porque escribí un libro que salió a la venta el año pasado y que se titula `Men in Love´, que sucede inmediatamente después de `Trainspotting´. Así que supongo que habrá más presión sobre Anagrama para que lo publique primero, aunque quizá ellos prefieran terminar la trilogía”, especula Irvine Welsh.
Mientras tanto, “Los cuchillos largos” es la segunda entrega de una trilogía protagonizada por el inspector Ray Lennox, que el escritor escocés inauguró con “Crimen”. Sin embargo, cada obra puede leerse por separado.
En esta ocasión, el inspector busca al responsable de castrar (y dejar morir desangrado) al diputado Ritchie Gulliver, cuyo cadáver apareció en un almacén del puerto de Leith, distrito de Edimburgo.
A lo largo de la historia aparecen más casos similares y se plantea que la venganza sea el motor de los homicidios. El autor aborda crimen y corrupción con violencia y humor, herramientas que también sirven para criticar la intolerancia, el racismo y la polarización ideológica en un país políticamente dividido.
Irvine Welsh confiesa que para escribir deja fluir sus emociones - “ira, tristeza, felicidad, euforia, todas esas cosas”- e intenta pasarlas por un lente lúdico, incluso ante grandes pérdidas o tragedias.
“No puedes sólo tener un sinfín de horrores, miserias, desastres, violencia y cosas por el estilo. Hay que dejar un respiro a la gente, hay que recurrir mucho al humor para que la gente se ría de lo absurdo de la situación y eso despeja el espacio emocional que les permite enfrentarse a ese material tan difícil”, señala.
-¿Crees que ese equilibrio es lo que ha tenido tanto impacto en tus lectores?
“Sí, bueno, creo que la gente es así, ya sabes, cuando se enfrenta a tanta adversidad y tanto dolor. Simplemente se ríen de ello, básicamente porque no hay nada más que puedas hacer, no hay ningún otro sitio al que puedas ir. Es casi abrumador, así que te ríes. Es como reírse en la cara de las fuerzas que están en tu contra y creo que es algo que se da en todas las culturas, pero también es muy escocés. La gente simplemente piensa: ‘Ah, todo es una mierda. Bueno, pues vamos a echarnos unas risas’”.
-Es una actitud mexicana también.
“Sí. Mucho, sí. Veo una conexión. Y creo que todo se debe al imperialismo y a tener ese vecino tan grande y poderoso que, en cierto modo, te mira por encima del hombro; así que creo que también hay una especie de humor en eso y no solo en la forma en que algunas personas se muestran desafiantes al respecto, hay gente que asumirá que se trata de una especie de victimismo cobarde, pero también hay humor en la pomposidad y la presunción de ese tipo de mentalidad imperialista. Es simplemente ridículo”.
-Aunque lo veo, no logro reírme del imperialismo, ¿cómo lo haces tú?
“Bueno, es que se basa en una frialdad reduccionista. No lo deseas, no lo envidias en absoluto. No lo codicias. No quieres ser así. Te da pena en muchos sentidos. Y eso es una gran fortaleza: pensar en todo esto es darse cuenta de que todo este sistema tecnológico, financiero y globalista que se establece también penaliza a los llamados ganadores, al igual que a los perdedores, porque por mucho que agote las finanzas de todos los demás, también agota sus almas, los reduce a una versión estrecha y superficial de la humanidad. Así que su posición no es nada envidiable. Ya sabes, también hay que compadecerse de ellos, ¿sabes? Y su ridícula pomposidad y esa cara llena de todo eso lo hace aún más hilarante desde mi punto de vista”, responde Welsh.
Le brotan sonrisitas al hablar y le brillan los ojos con provocación. Su postura en el sillón no cambia, relajado, con evidente práctica en dar su opinión abiertamente.
Advierte que por supuesto tampoco es suficiente reírse y ya, pero “hay que dejar que todas las contradicciones sigan su curso”.
“Uno confía en todo ese poder, en las grandes empresas, en los gobiernos y en todo ese tipo de ilusiones de democracia. Permitimos que eso haga algo por la gente. Permitimos que sea nuestro servidor: si no pueden alimentarte, ni vestirte, ni darte oportunidades de educación y empleo, la gente empezará a darse cuenta de que se están volviendo irrelevantes. La gente empezará a hacerlo por sí misma. Solo pueden distraerte durante un tiempo con guerras, internet, algoritmos y toda esa mierda”, pronostica.
A la vez, concede que el mundo actual, con su extensión digital, es uno de los más grandes retos para la salud mental, un tema que cada vez está más presente en la conversación pública como parte del discurso “woke” y que ha suscitado toda una industria de autoayuda.
“Es la tendencia a dramatizar: la gente cree que tiene derecho a estar feliz todo el tiempo y que si se siente un poco deprimida, ansiosa o triste, piensa que tiene problemas mentales. Ser humano es genial. Ser humano también puede ser una mierda. Simplemente reconozcamos estas cosas y no alimentemos nuestra propia ruina. Todo se medicaliza para vendernos productos y nos hemos metido de lleno en esto, con nuestro sentido de derecho”.
Con esto el escritor escocés no quiere decir que no existan enfermedades mentales, sino que lo que la gente necesita es ser respetada, llevar “la mejor vida posible” y encontrar un balance para reconocer la diferencia de una afección real y “catastrofizar” la compleja experiencia humana.