
Primero, Peixoto pretende pararse, con la mochila puesta. Terminó la entrevista previa y ahora finge que ya se acabó el tiempo para la nuestra, que ya se va, pero parece ser de buen corazón e inmediatamente aclara que es broma.
Próximamente, el escritor portugués José Luis Peixoto (1974) hará una residencia literaria en la Casa Estudio Cien Años de Soledad, de la Fundación Mexicana de las Letras.
“Vendré en los meses de junio y julio. Ya está arreglado, ya me estoy mirando ahí”, adelanta, mientras conversamos en el centro de Coyoacán en el marco de la FILCO.
Su relación con México es larga, ya ha venido varias veces. La primera vez fue a la FIL Guadalajara, y recuerda que en ese entonces sólo tenía libros publicados en España, por lo que acá llegaban pocos, caros y con dificultad.
“Porque los libros eran caros incentivé a robarlos y creo que robaron treintaitantos”, rememora con gusto y señala todavía incita a robar libros.
“Siempre, claro, incluso los robo yo mismo para regalarlos, sin problema, porque lo que uno busca como escritor es que se lean los libros, eso es lo que realmente importa”.
En cuanto a lo que escribirá durante su residencia no quiere adelantar nada, pero lanza una pista sobre los aspectos que más le interesan de México: “las dimensiones populares de su cultura, mismo las que a veces parecen más ligeras, las veo siempre con una profundidad y una inversión emocional y humana muy profunda”.
“Hasta me conmuevo”, continúa y brevemente parece a punto de llorar, aunque retoma con calma, “Es un lugar donde la gente realmente se relaciona de una manera muy humana. Esa es mi experiencia, por lo menos, y se nota en todo, en la comida, en las ropas, en la manera como la gente siente las relaciones y cómo se presenta… no sé, me quedé sentimental”.
PERCEBER
Si todas las personas entienden algo en común, es porque ese algo “existe en todas las personas”, plantea José Luis Peixoto.
Durante la conversación, el poeta y narrador que ya comía pan tostado desde antes de conocer la palabra poema y la letra p, se detiene varias veces para corroborar que las palabras que usa sí existen.
A ratos se le ve mortificado. No quiere decir algo que no quiera decir. Se disculpa de antemano por no atinar con la traducción o enunciación correcta y pide ser corregido en caso de equivocarse.
“Siempre hay la duda, incluso ahora mientras hablamos, que es una duda a veces un poco angustiante: si lo estoy diciendo se entiende, si lo que estoy diciendo lo estás entendiendo de la manera que yo me gustaría que lo entendieras”, expresa.
Es consciente que en la vida y la literatura esa duda nunca se puede esclarecer de verdad, que cada persona tiene referencias personales, una visión del mundo a partir de su propio conocimiento y lugar específico.
“De algún modo, el lugar del entendimiento es también lo que compartimos como seres humanos, la naturaleza humana, ¿no? Por eso quien escribe siempre intenta ser universal”, plantea.
La experiencia del texto a través de la lectura tiene que ver con ese juego de espejos entre “yo, tú, nosotros” y para el escritor portugués se trata de una partida de cartas
“Cada uno tiene su juego, lo está mirando, pero también está imaginando el juego que los otros tienen. Según la manera en que el juego se va jugando, vamos teniendo nuevas ideas y sabemos que compartimos esas cartas que están repartidas por todos, hay mucho que imaginamos y mucho que sabemos”.
Aunque llevamos toda la conversación en español, Peixoto no se considera capaz de juzgar las traducciones de su obra y considera que su trabajo termina con la publicación en portugués. La traducción “es responsabilidad de alguien más” y no se atrevería a opinar porque le falta intuir el “sabor” de distintas palabras en otros idiomas.
PAGAR UN LIBRO
“Escribir libros nunca será un puesto para ganar mucho dinero. Hay quien gane, pero es muy raro”, declara José Luis Peixoto.
“Es cierto que los editores tienen que preocuparse con aspectos muy concretos, como pagar las cuentas, la imprenta, todo eso es muy real, tienen que hacerlo. Pero quien escribe me parece un poco loco, si su prioridad es el dinero”, agrega.
-Hay un debate sobre qué tanto espacio debemos considerar que tienen el arte y la literatura en el mercado y la economía, ¿qué piensas?
“Es un tema difícil porque en realidad los gobiernos han dejado la literatura y escritura muy en las manos del mercado. Los libros están de una manera casi exclusiva determinados por el mercado. Aquí en México hay algunas experiencias muy relevantes de otra naturaleza, como el Fondo de Cultura Económica o cosas así, pero en el mundo eso no es muy común”, reflexiona.
Destaca que en la mayoría de países los libros están a la merced del mercado, lo que no es deseable y plantea que los libros son una oportunidad de arreglar desequilibrios en distintos aspectos de la sociedad.
“Lo que está dentro de los libros tiene mucha importancia. No porque los libros puedan de una manera directa cambiar opiniones o maneras de interpretar el mundo, pero si permiten a quien los lee reflexionar un tema, sacarlo a la luz”, manifiesta.
Aclara que no se trata solo de hacer ruido, sino de crear espacios propicios para la reflexión. Se considera a sí mismo un optimista de los libros, “creo en el impacto de la lectura, que las ideas vehiculadas en los libros después se diseminan”.