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Ofrecemos a los lectores de “Crónica” la segunda parte del texto “Daniel Cosío Villegas, el verdadero creador de La Casa de España y de El Colegio de México”, ponencia que el historiador Javier Garciadiego leyó en El Colegio Nacional durante la conmemoración del cincuentenario de la muerte de Daniel Cosió Villegas

Daniel Cosío Villegas reorientó y cambió de manera irreversible la naturaleza del Colmex: Garciadiego

Daniel Cosío Villegas La presidencia formal de Cosío Villegas en El Colegio de México sólo se prolongó de 1960 a 1963

(Segunda de dos partes)

…Durante esos veinte años, Alfonso Reyes fue el presidente de El Colegio de México, y Cosío Villegas su Secretario General. Sin embargo, los males cardiacos de Reyes se fueron agravando, especialmente desde 1951, cuando sufrió su cuarto y más fuerte infarto. A partir de entonces Reyes pasó casi todo su tiempo en su biblioteca —la llamada Capilla Alfonsina— y en Cuernavaca —por recomendación de su cardiólogo, don Ignacio Chávez—. La dupla llegó a su término: Cosío Villegas pasó a ser el mando único en El Colegio, ascendiendo de Secretario a Director General en el año de 1958, quedando el presidente Reyes como una figura protocolaria. Eso sí, Cosío Villegas empezó a pensar en los cambios que impulsaría tan pronto muriera Reyes. Sería un Colegio en el que predominarían las actividades docentes en ciencias sociales y en el que se reduciría el mecenazgo sostenido a varios escritores, jóvenes y consagrados, españoles y mexicanos.

La presidencia formal de Cosío Villegas solo se prolongó de 1960 a 1963. La pregunta salta inevitablemente: ¿por qué duró menos de cuatro años, después de haber sido el verdadero mando y de haber respetado el alejamiento de Reyes durante casi un decenio? Lo relevante es indiscutible: a pesar de lo breve de su presidencia, Cosío Villegas reorientó la institución y cambió de manera irreversible la naturaleza de El Colegio de México. Para comenzar, inmediatamente creó el Centro de Estudios Internacionales, que publicaría la revista Foro Internacional y que impartiría una licenciatura en relaciones internacionales para formar ‘cuadros’ profesionales para el servicio exterior del país. Ya era insostenible seguir improvisando políticos localistas y revolucionarios como diplomáticos. El mundo posterior a la Segunda Guerra se hacía cada día más complejo: la descolonización de Asia y África, el surgimiento de nuevos países, como Israel, la guerra de Vietnam, la construcción del muro de Berlín y la revolución cubana, entre otros asuntos de vital importancia. México no podía mantenerse aislado. Requería conocer el mundo y darse a conocer en él, y para ello necesitaba internacionalistas profesionales. Don Daniel se avocó a satisfacer esa necesidad. Por cierto, desde un principio impuso que a los estudiantes se les educara en la versión ‘Realista’ de las relaciones exteriores: el mundo tal como era, sin maquillajes ideológicos.

Antes de dejar la presidencia de El Colegio, don Daniel hizo otra aportación fundamental para el país: en 1963 logró que se creara el Centro de Estudios Económicos y Demográficos. Los políticos y los ideólogos de la Revolución deseaban repartir la riqueza, redistribuir el ingreso. Don Daniel no se oponía a estos propósitos, pero sabía que primero tenía que lograrse un crecimiento sostenido, apreciable y general de la economía del país. Obviamente, los dos Centros —el de Relaciones y el de Economía— debían estar vinculados, en tanto que la economía mexicana debía tener una sana integración con la economía norteamericana. Hombre pragmático y de ideas muy claras, aunque le interesaba lo que acaecía en todo el mundo, siempre insistió que la prioridad debía ser estudiar a los Estados Unidos. Como siempre, la suya era una idea instrumental del conocimiento.

¿Cómo se explica que después de esperar por varios años la presidencia de El Colegio de México, una vez en el puesto lo haya dejado tan pronto? Según él mismo lo cuenta, prefirió concentrarse en su labor de autor y coordinador de la multivoluminosa Historia Moderna de México, proyecto que estaba obligado a concluir muy pronto. Había recibido el apoyo de la Fundación Rockefeller, pero no terminó la obra en el plazo ofrecido, a pesar de lo cual se le renovó el apoyo. Sin embargo, se acercaba el final del plazo ampliado, por lo que decidió concentrarse en dicha labor. Además, nos cuenta en sus Memorias que en 1963 fue nombrado por el gobierno de México como su representante ante el Consejo de Asuntos Económicos de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra. El problema fue que Cosío Villegas fue designado miembro del grupo directivo del Consejo, lo que lo obligó a dedicarle más tiempo del previsto.

Dejar la presidencia de El Colegio no significó que Cosío Villegas se alejara de la institución. Se dedicó a terminar los tomos que él tenía que escribir para la Historia Moderna; el último apareció en 1972, e inmediatamente se concentró en tres proyectos históricos de importancia capital para la historiografía mexicana. Primero ‘echó a andar’ la continuación de la Historia Moderna con otro ambiciosísimo proyecto que alcanzó 23 volúmenes de la Historia de la Revolución Mexicana. Dado que don Daniel ya había rebasado los setenta años de edad, decidió no comprometerse como autor, quedando solo como fundador, impulsor y coordinador del proyecto. Muerto en marzo de 1976, parece que no llegó a ver impreso ningún volumen. Un segundo proyecto, de vital importancia, fue la coordinación de una Historia general de México, en cuatro volúmenes, dirigida al público de nivel universitario.

Su último proyecto historiográfico fue el de mayor trascendencia, a pesar de su reducidísimo tamaño, aunque el éxito tal vez se deba a ello. Me refiero, obviamente, a la Historia Mínima de México. Como buen visionario que fue, y convencido de que una mayor conciencia histórica influiría en la mejor calidad ciudadana de los mexicanos, la Historia Mínima de México estuvo pensada para ser un guion televisivo. Como fuera, rápidamente se convirtió en un libro de impresionante demanda: se han impreso millones de ejemplares y se ha traducido a más de treinta idiomas: junto con la Visión de los vencidos, de Miguel León-Portilla, es el libro de historia más leído en el país. Pronto se convirtió en un ‘clásico’. De hecho, sirvió de modelo para la colección editorial más importante de El Colegio de México, la de Historia Mínima de…, con ya más de setenta títulos, algunos de impacto en toda Hispanoamérica.

Durante los últimos años de su vida don Daniel se puso una nueva ‘casaca’. En agosto de 1968, fecha muy reveladora de sus intenciones, comenzó a publicar un artículo semanal de crítica política en el Excelsior de Julio Scherer, y después uno mensual para la revista Plural, de icónico nombre, dirigida por Octavio Paz. En el segundo semestre de 1975 dio su último curso en El Colegio de México, sobre el Sistema Político Mexicano. Tuve la suerte de ser alumno del mismo. Por entonces estaba dedicado a escribir lo que fue su tetralogía de ensayos políticos, de enorme impacto nacional. Don Daniel estaba convencido de que había que escribir y publicar sobre esos temas, para mejorar la conciencia y el debate público nacional, condición imprescindible para que hubiera democracia en el país. En efecto, sin discusión política de calidad no puede haber democracia alguna.

Permítaseme concluir con un recuerdo personal: al inicio de su último curso nos dijo a los alumnos que había dos ‘Danieles’, Daniel mártir y Daniel profeta. Quedaba claro que él no tenía nada de mártir; y de profeta tampoco mucho, pues a lo largo del curso vaticinó que el candidato presidencial del PRI sería Mario Moya Palencia. Hoy me queda claro que había un tercer tipo de ‘Daniel’: ni mártir ni profeta, sino Daniel constructor. Daniel Cosío Villegas fue uno de los grandes constructores del México moderno. Piénsese que dos de sus creaciones institucionales, el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México, obtuvieron el Premio Príncipe de Asturias, algo que ningún otro ser humano ha logrado. Hay quienes presumen que su papel en la historia es destruir instituciones. No tengo la menor duda de que los mexicanos debemos enaltecer a los constructores y cuestionar a los destructores. He aquí la grandeza del legado de don Daniel Cosío Villegas en la construcción de un México justo, ordenado informado y progresista, con viabilidad futura.

*Academia Mexicana de Historia / El Colegio Nacional

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