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Un derrame de petróleo representa un riesgo grave porque el aceite no se mezcla con el agua. Cuando no se contiene oportunamente —como ocurrió con el pozo Ixtoc-I, que vertió más de 3.3 millones de barriles durante diez meses, o con el desastre del Deepwater Horizon— los impactos se vuelven sistémicos y de largo plazo

El Golfo de México: una “zona de sacrificio” ante el petróleo

Derrame. Figura 1 Ixtoc oil pathway generated by Wes Tunnell. Imagen extraída de S. Sun et al., 2015. Marine Pollution Bulletin 101: 632–641.

El petróleo se localiza en regiones donde, durante millones de años, se acumuló materia orgánica en descomposición. En México, los principales yacimientos se encuentran en el Golfo de México, formados a partir de la vegetación existente en el Pleistoceno. El hidrocarburo se presenta en forma líquida en estados como Chiapas, Tabasco y Veracruz, mientras que en Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León se encuentra integrado a formaciones rocosas.

La industria petrolera no se sostiene únicamente por la existencia del recurso, sino por los procesos de extracción: activos en las aguas someras del Golfo y el sur del país, y ausentes —por decisión política y económica— en el noreste. En este contexto, el Golfo de México se configura como un espacio donde convergen fenómenos geológicos, dinámica oceanográfica regional y actividades humanas, una combinación que puede amplificar la magnitud de los desastres ambientales.

Emanaciones naturales (chapopoteras) y derrames petroleros

Las chapopoteras son filtraciones naturales de petróleo y gas que emergen desde yacimientos profundos a través de fracturas geológicas en el subsuelo marino. En el suroeste del Golfo de México son frecuentes, especialmente en la Sonda de Campeche y frente a las costas de Veracruz y Tamaulipas.

Durante la crisis detectada en febrero de 2026, Pemex y la Secretaría de Marina indicaron que el hidrocarburo provenía de una combinación de fuentes: el vertimiento ilegal de un buque y la activación de dos chapopoteras. Fue hasta el 16 de abril que finalmente Pemex aceptó que existió un derrame y hasta entonces la declaratoria oficial de derrame inició.

Consecuencias de un derrame fuera de control

Un derrame de petróleo representa un riesgo grave porque el aceite no se mezcla con el agua. Cuando no se contiene oportunamente —como ocurrió con el pozo Ixtoc-I, que vertió más de 3.3 millones de barriles durante diez meses, o con el desastre del Deepwater Horizon— los impactos se vuelven sistémicos y de largo plazo (Figura 1).

Impactos en los ecosistemas y la fauna marina

Los derrames masivos asfixian ecosistemas altamente sensibles, como manglares y marismas salinas (índice ESI 10), donde el petróleo puede persistir durante décadas debido a la baja energía del oleaje. Los arrecifes coralinos experimentan toxicidad aguda, muerte de tejidos y reducción del éxito reproductivo.

Se ha documentado muertes de tortugas marinas —muchas en peligro de extinción—, así como de delfines, manatíes y aves. La megafauna, como el cachalote, es especialmente vulnerable a la inhalación de vapores tóxicos y a la contaminación de sus zonas de alimentación en aguas profundas.

Impacto socioeconómico

Las comunidades pesqueras enfrentan una paralización económica casi total. En el evento reciente del Golfo de México, la pesca se ha detenido por más de tres semanas, afectando aproximadamente a 16 000 familias que dependen del Corredor Arrecifal.

Impactos en la salud humana

La exposición a hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), presentes en el crudo, implica riesgos mutagénicos y cancerígenos. En Veracruz ya se han reportado intoxicaciones por consumo de mariscos contaminados, resultado de la desesperación económica y la falta de información oportuna.

El papel determinante de las corrientes marinas

Las corrientes oceánicas son el principal mecanismo de dispersión de contaminantes. En el Golfo de México, la Corriente de Lazo transporta aguas del Caribe hacia el norte y genera remolinos anticiclónicos que se desplazan hacia el oeste.

En el derrame actual, modelos desarrollados por la UNAM y otras instituciones confirmaron que los vientos y corrientes desplazaron la mancha hacia el noroeste, afectando más de 630 kilómetros de litoral entre Veracruz y Tabasco. Dependiendo de la temporada, un derrame en la Bahía de Campeche puede tardar entre 10 y 30 días en alcanzar Veracruz, y hasta 40 días en llegar a Tamaulipas o incluso a las costas de Estados Unidos.

La combinación de una fuente descontrolada —natural, accidental o intencional— y la dinámica marina del Golfo puede transformar un incidente local en una catástrofe transfronteriza cuya recuperación ambiental y social podría extenderse por generaciones.

Recomendaciones

A partir del reciente derrame en el Golfo de México, consideramos urgente que las autoridades gubernamentales realicen las siguientes acciones:

1) Mejorar la presentación de datos geográficos para la prensa mexicana, porque hasta hoy no hay claridad visual de lo que ha sucedido con el derrame; 2) brindar cursos para la preparación de mapas que ayuden al público en general a entender el derrame, el movimiento y desplazamiento del hidrocarburo en el mar; 3) regular los procesos de prevención de derrames marinos; 4) clarificar y hacer más transparente los procesos de contención de derrames; 5) establecer protocolos y planes de atención, contención y acciones ante este tipo de accidentes en el mar para las localidades costeras; 6) promover el cuidado de archivos de las empresas petroleras, considerando la importancia que tienen los documentos y expedientes para el análisis posterior cuando ocurran derrames; 7) generar infraestructura y repositorios públicos de documentos de la industria petrolera, informes de gobierno y notas periódicas relacionadas con derrames.

Derrames sin declarar: la normalización del riesgo

Cuando ocurre un derrame, la empresa responsable debería reportarlo de inmediato a la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), alertar a la población cercana y ejecutar acciones de remediación. Sin embargo, en el derrame actual del Golfo de México, oficialmente tomó más de dos meses aceptar su existencia.

Este silencio institucional es habitual en regiones petroleras. Otro ejemplo es el derrame que está vigente hasta el 17 de abril en la Villa Benito Juárez, municipio de Cárdenas, Tabasco —localidad de origen de una de las autoras— no existe información pública sobre el origen, la duración ni los protocolos aplicados. La mancha continúa extendiéndose sin que la población haya sido alertada sobre los riesgos.

Zonas de sacrificio

En Tabasco y en muchas regiones del mundo, los gobiernos y la industria energética han definido racionalmente “zonas de sacrificio” (Nygren y Rabelo Ávalos, 2026): territorios destinados a la explotación intensiva de recursos bajo la promesa del desarrollo económico, pero que acumulan daños sociales y ambientales sistemáticamente invisibilizados.

Quienes vivimos en estas zonas tenemos derecho a conocer qué sustancias se utilizan cuando hay derrames petroleros, cuáles son sus efectos, cuánto tiempo tomará la reparación y qué materiales se emplearán.

Derrame. Figura 2 Mancha de derrame, Villa Benito Juárez, Cárd., Tab. Foto satelital, febrero, 2026

Los riesgos de la falta de información

La ausencia de información convierte los derrames en amenazas silenciosas. En tierra o en mar, la opacidad impide una respuesta efectiva, permite la dispersión incontrolada de contaminantes y deteriora la salud pública y los ecosistemas. Además, genera desconfianza e inseguridad en comunidades que carecen de protocolos de protección (Figura 2).

Impactos invisibles en suelo y agua

Un derrame terrestre implica procesos complejos de degradación ambiental:

  • Pérdida de fertilidad: reducción de porosidad y capacidad de retención de agua.
  • Migración subterránea: contaminación de acuíferos de difícil localización.
  • Toxicidad persistente: compuestos BTEX altamente volátiles y fracciones pesadas que permanecen por décadas.

En el mar, estos efectos se complejizan por la profundidad, la evaporación, la biodiversidad afectada y las corrientes oceánicas que transportan el contaminante a grandes distancias.

Salud, sociedad y recuperación

La exposición humana ocurre por inhalación, contacto dérmico o ingestión de agua y alimentos contaminados, provocando enfermedades graves, inseguridad alimentaria y pérdidas económicas severas.

La ciencia puede contribuir mediante diagnósticos independientes y tecnologías como la fitorremediación, la biorremediación y el landfarming. Sin embargo, estas acciones requieren transparencia, cooperación institucional y compromiso empresarial.

Conclusión

Las autoras habitamos una región donde el acceso al agua potable es limitado, el suministro eléctrico es intermitente y la infraestructura vial está deteriorada por la actividad petrolera. A estas vulnerabilidades se suman los impactos ambientales y sociales de los derrames.

La responsabilidad ambiental de las empresas no termina al detener una fuga. Exigimos monitoreo permanente, información clara y rehabilitación integral de los ecosistemas. Quienes vivimos en estas regiones no aceptamos ser sacrificados ambiental ni socialmente en nombre de una lejana idea de soberanía energética.

Referencias

Nygren, A., & Rabelo Avalos, A. V. (2026). Oil extraction and indirect dispossession: responsibility and resistance in southern sacrifice zones. The Journal of Peasant Studies, 53(1), 176–207. https://doi.org/10.1080/03066150.2025.2480200

Sun S, Hu C, Tunnell Jr. JW. 2015. Surface oil footprint and trajectory of the Ixtoc-I oil spill determined from Landsat/MSS and CZCS observations. Marine pollution bulletin 101(2): 632–641.

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