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La infección ocasionada por este hongo inicia cuando el insecto entra en contacto con las esporas, las cuales germinan, invaden el cuerpo de la mosca y comienzan a consumir sus tejidos

Cuando el enemigo viene desde dentro

Inecol. Imagen 1. Mosca doméstica infectada por Entomophthora muscae. Fotografía tomada de Edwards & De Fine Licht (2024).

En jardines, establos o bodegas es común encontrar moscas con comportamientos extraños. Esto es, primero dejan de volar y buscan lugares altos, después extienden la trompa, se quedan adheridas a una superficie, separan las patas y levantan el abdomen para finalmente, alzar las alas y morir en esta postura característica. Científicos han encontrado este fenómeno en la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster, y en la mosca doméstica, Musca domestica, ésta última ampliamente conocida como un insecto plaga asociado con problemas de higiene. Detrás de esta conducta se esconde un microorganismo sorprendente: Entomophthora muscae —un hongo entomopatógeno capaz de infectar insectos—, el cual puede manipular el comportamiento de ambas especies de moscas. El proceso suele durar alrededor de una hora y ocurre de manera casi idéntica entre distintos individuos, lo que sugiere que el hongo controla de forma precisa el comportamiento del insecto.

Los científicos que han estudiado este fenómeno descubrieron moscas infectadas en la naturaleza y lograron reproducir la infección en condiciones de laboratorio. La infección ocasionada por este hongo inicia cuando el insecto entra en contacto con las esporas, las cuales germinan, invaden el cuerpo de la mosca y comienzan a consumir sus tejidos. Conforme avanza la infección, la mosca empieza a comportarse de forma muy distinta a lo habitual: deja de alimentarse, abandona su rutina de vuelo y asciende hacia puntos elevados. Este fenómeno, conocido como “enfermedad de las cumbres”, culmina cuando el insecto fija su cuerpo en una postura peculiar. Poco después, la mosca muere y, desde el cadáver, el hongo fructifica y libera una lluvia microscópica de esporas que salen expulsadas a gran velocidad, alrededor de 10 metros por segundo. Estas se dispersan con la ayuda del viento y algunas caen sobre nuevas moscas, iniciando así otras infecciones.

La química del engaño

Pero Entomophthora muscae no sólo manipula la mecánica del hospedero. En algunas poblaciones, el hongo también altera sus señales químicas —olores y compuestos que las moscas usan para reconocerse— relacionadas con la atracción sexual. Se han observado casos en los que machos sanos son atraídos por hembras muertas e infectadas, debido a compuestos volátiles que el hongo libera para engañarlos. Cuando los machos intentan aparearse con estos cadáveres, las esporas se adhieren a su cuerpo y la infección comienza su ciclo, lo que finalmente provoca que ellos mismos resulten infectados. Esta es una de las tácticas de manipulación más llamativas descritas en insectos.

Además de estas estrategias, Entomophthora muscae destaca por su presencia en ciertas épocas del año y por la capacidad de generar epizootias —brotes de enfermedad que afectan a muchas moscas al mismo tiempo—, especialmente en espacios cerrados o semiconfinados. Estos brotes pueden infectar a grandes poblaciones de moscas, alterar de manera visible su comportamiento y modificar la dinámica ecológica.

Inecol. Imagen 2. Mosca Drosophila melanogaster infectada. (2026). Fuente: imagen creada con IA.

El enemigo de mi enemigo

Lejos de ser una escena inquietante, este hongo aporta información valiosa sobre cómo la evolución ha perfeccionado mecanismos para manipular a su hospedero. También permite entender mejor la relación entre los patógenos y el comportamiento animal. Durante esta fase, las moscas infectadas por Entomophthora muscae presentan alteraciones en el vuelo y una menor capacidad reproductiva. Sin embargo, su importancia va más allá del interés biológico, ya que también tiene potencial en la ecología aplicada como agente de control de plagas, gracias a su capacidad para regular poblaciones. Por ejemplo, se ha documentado que puede infectar a la mosca del vinagre invasora, Drosophila suzukii, reduciendo su supervivencia y abriendo la posibilidad de utilizarlo en el manejo de plagas agrícolas sin afectar a otros insectos. Estas cualidades lo convierten en un candidato interesante para estrategias más sostenibles frente al uso de insecticidas químicos.

Lo que aún no sabemos

No obstante, su aplicación práctica enfrenta retos todavía. Entomophthora muscae es un organismo difícil de cultivar y su eficacia depende de condiciones ambientales adecuadas, como alta humedad y temperaturas favorables. En programas de control integrado de plagas sería necesario evaluar cuidadosamente cómo dispersarlo y cómo combinarlo con otros métodos para maximizar su impacto. Estudios recientes han aportado avances al describir métodos más eficientes para aislar y cultivar el hongo en laboratorio; sin embargo, estos avances todavía no se traducen directamente en aplicaciones a gran escala para control biológico, pues el comportamiento del hongo en condiciones naturales sigue siendo difícil de replicar. El estudio de E. muscae nos recuerda que incluso los organismos microscópicos pueden ejercer una influencia sorprendente sobre el comportamiento animal y el equilibrio ecológico. Y, al mismo tiempo, muestra que las soluciones para enfrentar a las plagas pueden surgir de la propia naturaleza, en formas tan fascinantes como un hongo capaz de transformar a una simple mosca en un vector involuntario de su propia reproducción.

Bibliografía

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Edwards, S., & De Fine Licht, H. H. (2024). Rearing zombie flies: Laboratory culturing of the behaviourally manipulating fungal pathogen Entomophthora muscae. MethodsX, 12, Article 102523.https://doi.org/10.1016/j.mex.2023.102523

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1Secretaría Académica, 2Red de Biodiversidad y Sistemática, INECOL

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