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SkinGO es un guante con una estructura que permite la “fácil” remoción de piel muerta de una persona con quemaduras de tercer grado · Fue diseñado en Colombia, ante la opción de usar lijas de ferretería

Crean innovador guante para dermoabrasión en personas con quemaduras

Innovación Fernando García, del equipo de SkinGo, presentó su innovación en la ciudad de Boston, en el marco del LHC 2026. (Isaac Torres Cruz)

Una quemadura de tercer grado significa un gran dolor y trauma para quien la ha sufrido, pero el tratamiento para su recuperación es casi igual de inenarrable en quien ya está sufriendo.

El tratamiento para iniciar la recuperación es la dermoabrasión de la piel muerta, un proceso poco delicado que en ocasiones es realizado con un instrumental quirúrgico, pero mayormente con herramientas inimaginables, como es una lija de ferretería.

Frente a este panorama, académicos y emprendedores colombianos desarrollaron un dispositivo médico llamado SkinGo, que facilita este doloroso procedimiento tanto al paciente como al médico, empleando las manos y el tacto de éste.

“SkinGO tuvo su origen en 2018, ante la inminente regulación de este tipo de procedimientos en Colombia que prohibiría el uso de lijas y objetos para la dermoabrasión”, relata Fernando García, ingeniero biomédico y electrónico por la Universidad de los Andes (Colombia) y parte del equipo de SkinGo.

En entrevista, explica los detalles de su innovación, una de las ganadoras del Latam Health Champions (LHC) –certamen convocado por el think thank colombiano INNOS, junto con la federación farmacéutica FIFARMA y AMIIF en México–, en el que participaron alrededor de 200 proyectos de la región en su tercera edición este 2026.

“Estamos hablando de la lija que utilizamos para la madera, pero también se utiliza esponjilla de metal. Al menos en Colombia, este es el objeto más común que se utiliza para la cirugía, por su precio y porque funciona”.

Más allá de las regulaciones en su país por los riesgos del uso de estos objetos en los pacientes, añade, el llamado de atención fue que no son dispositivos médicos. En la dirección médica de la institución educativa de la que formaba parte, relata, se preguntaron qué harían ante esta regulación. “El director médico dijo a los médicos tratantes: ‘invéntense algo’. Sin embargo, ellos no sabían qué vaina inventarse”.

Fue entonces que contactaron a su departamento mientras Fernando estudiaba su maestría; las especialistas expresaron el panorama y comenzaron a “inventarse” algo con los ingenieros biomédicos.

“Ahí arranca la historia de desarrollo, para entender posteriormente qué ocurre con la cirugía y cómo podríamos buscar replicar ese tipo de comportamientos”. Los académicos comenzaron por entender por qué se usaba la lija y qué otros dispositivos utilizaban.

Innovación Fernando García es ingeniero biomédico. (Isaac Torres)

“Conocimos que hay otros dispositivos un poco más sofisticados, que sí son médicos, pero que no están pensados para la dermoabrasión y retiro de piel muerta, como es el dermatomo, empleado para sacar injertos, como es una fresa con punta de diamante que se utiliza para otras cosas”.

No obstante, explica todos estos dispositivos tenían problemas, unos retiraban “más de lo que necesitaban”, otros eran muy costosos o tardaban mucho en el proceso, por lo que siempre se recurría de nuevo a la lija o a la cirugía de metal.

Partieron entonces de estudiar la composición de la lija y así buscar replicarla en un dispositivo médico. “Comenzamos a explorar todo un camino de cómo hacer una lija de plástico, básicamente, de un polímero que sea biocompatible y esterilizable”.

Rápidamente diseñaron prototipos rápidos con materiales asequibles, hasta que comenzaron a emplear la impresión 3D para hacerlos de diversos tipos con rapidez. “Comenzamos a sacar superficies similares a pirámides, rombos y un montón de formas. Eso nos fue llevando poco a poco a algo que comenzaba a retirar piel muerta”.

A lo largo del proceso estuvieron de cerca con los médicos para verificar su funcionalidad y las características. Así, llegaron al tipo de forma que retiraba la piel de mejor manera, pero dejaba surcos.

“Retiraba la piel, pero quedaban líneas, hendiduras entre los puntos. Eso es un problema, porque se necesita quitar la piel muerta lo más rápido posible, de lo contrario el paciente puede enfermar e infectar”.

Si el paciente se infecta, explica, genera un efecto dominó que puede culminar en la muerte del paciente o una cadena de intervenciones que generarán un sobrecosto inmenso de todo el sistema de salud. Tenían que buscar otra geometría.

Pruebas más adelante, se dieron cuenta de que no era un tema geométrico, sino de la forma como estaban dispuestas las geometrías físicamente, como el patrón para que esto ocurriera. Entonces, una combinación de formas y de un patrón específico los llevó diseñar la solución que necesitaban, que permite esa remoción de manera homogénea que el médico puede controlar.

DISEÑO DE GUANTE.

Así, llegó el 2019. El diseño era bueno, pero el médico se cansaba al utilizar la lija de uso quirúrgico, generando dolencias que podían permanecer durante largo tiempo, señala el colombiano. “Entonces, en paralelo comenzamos a probar agarres y formas. Hasta otro de los inventores, quien en la maestría era mi jefe y que hoy en día es socio de la empresa que tenemos, se encontró, de casualidad, con un guante de lavar platos”.

Se preguntaron entonces “qué tal si lo ponemos en un guante y le damos control total al médico para que pueda hacer la cirugía”. Imagina que la persona quemada tiene que ser tratada detrás de las orejas, en las fosas nasales o entre los dedos. “Son partes muy comunes que se queman y de muy difícil acceso. Pero si utilizamos la mano, tenemos la ergonomía completa del cuerpo. Entonces comenzamos a mezclar superficie con guante y eventualmente llegamos con el diseño actual que tiene una composición que permite al médico mover la mano sin problema”.

Posteriormente, llegó la pandemia y toda la investigación se paralizó. Hasta finales del 2020, tuvieron acceso de nuevo a pacientes para probar el guante SkinGo. “Se hizo la gran prueba y el dispositivo funcionó de mil maravillas. Esperábamos que deberíamos corregir cosas, pero funcionó a la perfección.

“Los médicos estaban muy aliviados y respondieron tan positivamente que parecía como si les hubiéramos pagado para expresarse así”.

Posteriormente, el producto se patentó en Colombia y en EU por parte de las entidades académicas, pero esa característica institucional evitó que pudiera avanzar más, por lo que se estancó. Tras la pandemia, la regulación de lijas que incitó el diseño tampoco trascendió.

“Tenemos esto que funciona, ¿cómo lo escalamos?, ¿cómo llegamos a fabricarlo de una manera que sea un producto final?”, se cuestionaron los emprendedores, que para entonces decidieron ir por un camino distinto para poderlas responder.

Los creadores lograron obtener el control del diseño para buscar su salida al mercado que, si bien ataca un problema de salud en Colombia, también hace resonancia en Latinoamérica.

“Desafortunadamente no siempre contamos o hacemos bien el conteo de quemados en Colombia. Siempre nos concentramos en épocas de diciembre cuando hay pólvora, pero todos los días hay tratamiento de quemados en nuestro país en un pabellón gigante del Hospital Simón Bolívar, donde tratan quemados todos los días, donde desarrollamos toda esta experiencia de mano de los médicos”.

Actualmente, los emprendedores buscan los canales y financiamiento para su fabricación a nivel industrial y tener un producto comercial terminado. Como uno de los ocho ganadores del LHC 2026, el equipo, a través de Fernando, ha obtenido herramientas y conocimiento para transitar este proceso que, más allá de las regulaciones o de su industrialización, es un producto para médicos y pacientes más efectivo y debería emplearse en los hospitales del orbe, lo que está en medio es disminuir el sufrimiento de quien ya sufre bastante.

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