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El ensayo biográfico sobre el biólogo se comentará este sábado 27 de junio, a las 17 h, en El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, CDMX).

Jorge Comensal disecciona la historia de Isaac Ochoterena, el último naturalista mexicano

El biólogo de la Revolución Isaac Ochoterena, miembro fundador de El Colegio Nacional. (ECN)

De camino a Cuernavaca, Morelos, un niño observa el paisaje a través de la ventana del auto. A lo lejos, las montañas se elevan azules y misteriosas, y el pequeño se sorprende. Su entusiasmo cobra énfasis cuando, a la vera de la carretera, aparecen los primeros bosques de coníferas. Imagina que en la espesura habitan lobos u osos y, aunque siente un dejo de temor, ansía conocerlos; anhela desvelar los misterios que resguarda el corazón del bosque.

Este niño era Jorge Comensal (Ciudad de México, 1987), quien así recuerda sus primeros contactos con la naturaleza. A lo largo de los años, esa fascinación se transformó en una sólida pasión por la vida silvestre, el conocimiento de las áreas naturales de México y la protección de las especies en peligro de extinción.

Aunque no estudió Biología o Física, sino Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, las ciencias biológicas y exactas siempre han orbitado su obra. Están presentes en su narrativa, como en la novela Este vacío que hierve (Alfaguara, 2022), donde la protagonista trabaja en una teoría cuántica de la gravedad; y en sus ensayos, como Materia viva (Ediciones Antílope, 2024), una colección de artículos y crónicas donde reflexiona sobre el entorno natural en toda su amplitud.

En 2024, Comensal asumió la dirección de la Revista de la Universidad de México y publicó el libro El biólogo de la Revolución. Ensayo biográfico sobre Isaac Ochoterena (El Colegio Nacional-BUAP). Precisamente, este interés por las ciencias “me predispuso a estudiar la vida de un hombre que investigó las cactáceas y, en cierta medida, se comprometió con la conservación de este grupo de plantas que estudió en el desierto duranguense... Entonces sí: mi interés por la vida alimentó mi curiosidad por la biografía de Ochoterena”, confiesa en esta plática para Crónica.

Antes de embarcarse en esta aventura documental, para Comensal el científico poblano era el nombre de la preparatoria incorporada a la UNAM donde inició la trifulca estudiantil, que derivó en la represión militar y la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, Ciudad de México.

A lo mucho, lo recordaba como el primer director del Instituto de Biología de la máxima casa de estudios. “Esto era todo lo que sabía, pero mi interés por la historia de la ciencia, y de la biología en especial, me hizo entusiasmarme con la posibilidad de investigar sobre su vida. Lo que descubrí fue a un personaje que refleja los grandes dilemas de la Revolución [mexicana], los cuestionamientos de una época que chocan violentamente con las teorías más infundadas del racismo occidental, con una ciencia naciente y cómo esta se adulteraba con la eugenesia y las teorías de superioridad racial”.

EL ÚLTIMO NATURALISTA.

“En Atlixco, su pueblo natal, Ochoterena es recordado como el “creador de la biología mexicana moderna”, pero en el resto del país su nombre se desconoce por completo [...]. Entre los biólogos, el recuerdo de Ochoterena es tenue y no siempre favorable; suele recordársele como un naturalista trasnochado...”, escribe Comensal en el libro.

Sin embargo, este hombre autodidacta, que trabajó como profesor de educación básica y cuyo último grado de estudios comprobado fue la secundaria, se convirtió en la figura más importante de la ciencia en México durante las primeras décadas del siglo XX. Fue un constructor de instituciones y miembro fundador de El Colegio Nacional.

En sus inicios, este último naturalista, como lo define Comensal, solía adentrarse en el desierto para tomarle la temperatura a las cactáceas, “como si se tratara de niños con fiebre”, apunta Comensal. Con el tiempo, Ochoterena incursionó en la histología —la ciencia que analiza los tejidos orgánicos— e incluso llegó a utilizar mole para teñir las muestras y estudiarlas bajo el microscopio.

Y a pesar de las dificultades que implicaba hacer ciencia durante la Revolución, el ensayista analiza la vida de Ochoterena sin pasión desmedida: “describirlo como el ‘padre transformador de la biología’ es muy ambicioso; su influencia en la disciplina misma no es tan grande como lo fue en el Instituto de Biología. Le tocó lidiar con una época extremadamente difícil, donde la propia Universidad y el Estado mexicano estaban recomponiéndose después de una revolución terriblemente sangrienta y violenta”, comenta.

Después de trabajar en ese contexto durante los la segunda y tercera década del siglo XX, a Ochoterena “le toca dirigir el Instituto de Biología de la UNAM en un periodo de enormes dificultades presupuestales y de enormes desafíos”, añade explicando que la falta de presupuesto era tal que ni siquiera había fondos para realizar viajes de investigación.

Novedad editorial El libro es editado por ECN.

EL BIÓLOGO BAJO EL MICROSCOPIO.

El biólogo de la Revolución... pertenece a la colección Biografías de El Colegio Nacional, un esfuerzo editorial por difundir el legado de sus miembros fundadores a través de la mirada de investigadores y escritores jóvenes. Cuando le asignaron el proyecto, Comensal eligió a Ochoterena porque “nadie más lo había requerido”.

A diferencia de José Vasconcelos o Alfonso Reyes, cuya bibliografía es copiosa, Ochoterena implicaba un reto mayor: buscar datos que nadie había localizado antes. “No se trataba de revisar una bibliografía muy amplia, sino de ir a archivos por primera vez, y eso me entusiasmó: poder hacer ese trabajo primario de búsqueda y rescate”.

Así comenzó un viaje que lo llevó a Atlixco, Puebla. Como si fuera un detective, rastreó sin éxito su acta de nacimiento en el Archivo Histórico del Registro Civil de aquel municipio, hasta que localizó su acta bautismal en la Parroquia de la Natividad de María (revelando que nació cinco años antes de lo que dictaba la historia oficial); posteriormente, visitó el Archivo Histórico de la UNAM.

En el camino, el escritor contactó a los descendientes de Ochoterena, quienes le abrieron las puertas a sus documentos y objetos personales, incluido su microscopio: “Observar este artefacto de latón dorado lo experimenté casi como una obra de arte. Es un objeto que permite ver el universo microscópico de células al que pertenecemos. Fue muy emocionante percibirlo en su dimensión estética”.

También contó con el apoyo de los biólogos Julia Carabias y Antonio Lazcano, ambos miembros de El Colegio Nacional. Este último, detalla, “conoce muy bien la trayectoria de uno de los grandes antagonistas de Ochoterena: Alfonso L. Herrera. Desde su perspectiva se podía completar la figura de Ochoterena vista por sus detractores”.

Al final del viaje, Comensal se encontró con la dimensión humana del biólogo. Descubrió a un melómano aficionado a Beethoven; a un hombre que parecía serio, rígido y autoritario, pero que en la intimidad resultaba cálido y paternal con sus alumnos.

“Mi intención no fue ni beatificar ni satanizar al personaje, ni a los que lo rodearon, sino entenderlos en el marco de las circunstancias que les tocó vivir”, concluye.

El libro El biólogo de la Revolución. Ensayo biográfico sobre Isaac Ochoterena se comentará en El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, CDMX) este sábado 27 de junio a las 17 h. La sesión formará parte del Club de Lectura ‘Leo con el Once’, que conduce el periodista cultural Miguel de la Cruz. Además del Comensal, participará Antonio Lazcano.

Cartelera Presentación del libro en ECN.

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