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Bajo el actual gobierno de Benjamin Netanyahu, se ha implantado una política de desplazamiento forzado mediante redadas, desalojo de barrios enteros usando como pretexto la presencia terrorista

¿Nuevas fronteras?, o la proyectada anexión de Líbano y Siria por los colonos israelíes

Colonización israelí Palestinos desplazados caminan entre casas destruidas en Jabaliya, al norte de la ciudad de Gaza, el 7 de agosto de 2026. Alrededor de 1,9 millones de personas en Gaza —casi el 90 por ciento de la población— han sido desplazadas desde que comenzó el conflicto entre Israel y Hamás en octubre de 2023, según las Naciones Unidas. (EFE)

En los últimos meses se ha registrado un aumento sin precedentes en la violencia de los colonos israelíes, apoyados por el ejército israelí, contra la población palestina en Cisjordania; contabilizando aproximadamente 500 ataques por mes. A esto se añade que, bajo el actual gobierno de Benjamin Netanyahu, se ha implantado una política de desplazamiento forzado mediante redadas, desalojo de barrios enteros usando como pretexto la presencia terrorista. Aprueban así la construcción de miles de viviendas y la construcción de carreteras para conectar los asentamientos ilegales israelíes en tierra palestina. Diversos analistas han señalado que detrás de este conjunto de medidas está el objetivo de ampliar el territorio de Israel y la intención de impedir la creación de un Estado palestino.

Para entender esta situación es preciso recordar que este movimiento de extrema derecha religiosa busca extender la soberanía israelí sobre los territorios supuestamente asignados al pueblo judío por la tradición bíblica. No surge en los últimos años, ni tras el ataque de Hamás a Israel en 2023, sus raíces son mucho más profundas con el impulso de una agenda mesiánica y radical en una sociedad que, hasta los años noventa del siglo XX, se definía por sus valores democráticos y liberales.

Las facciones más extremistas de la derecha israelí se concentran en las organizaciones de colonos, cuyo origen se remonta a 1967, cuando los escritores Nathan Alterman y Moshe Shamir fundaron el Movimiento por el Gran Israel tras la Guerra de los Seis Días, promoviendo la anexión permanente de los territorios conquistados y el establecimiento de asentamientos (Laor, 1999).

A pesar de provenir de sectores de la izquierda y defender un Estado laico, Alterman y Shamir coincidieron con el rabino ultranacionalista Zvi Yehuda Kook en su reclamo de anexionar los territorios ocupados tras la Guerra de los Seis Días. De esta convergencia surgió un manifiesto conjunto que exigía la retención permanente de Judea, Samaria (Cisjordania) y la Franja de Gaza.

No obstante, esta heterogénea alianza fue breve. En 1974, los seguidores del rabino Kook constituyeron su propio grupo: Gush Emunim («Bloque de los Fieles»). La consolidación del movimiento llegó en 1977 con la victoria electoral del Likud y de Menagem Begin, cuyo gobierno asumió e integró la agenda de los colonos en la política oficial de Estado.

Ese mismo año, Begin impulsó la creación del Consejo de Yesha, definido como una «organización general de todas las autoridades locales [...] para promover las comunidades israelíes en Judea, Samaria y el Valle del Jordán como el corazón de la Tierra Bíblica y cuna del patrimonio del pueblo judío».

A raíz del ataque de Hamás en 2023, el movimiento de los colonos ha experimentado una drástica radicalización; no solo exige el reasentamiento en la Franja de Gaza y ha intensificado las agresiones contra la población palestina en Cisjordania, sino que las incursiones militares en el Líbano y Siria han impulsado el surgimiento de nuevas organizaciones que abogan por la anexión de tierras en estos países vecinos.

Entre estas agrupaciones destaca «Pioneros de Bashan», un grupo que reclama la ocupación de territorio sirio y que ha provocado severos incidentes fronterizos al incursionar de manera ilegal en dicha zona. Recientemente se viralizó un video de algunos activistas israelíes que cruzaron la frontera de los Altos del Golán controlados por Israel y se refugiaron en una propiedad cercana a la localidad drusa de Majdal Shams. El grupo fue creado en abril de 2025 —en el contexto posterior a la caída del régimen de al-Asad—, con el objetivo de consolidar la presencia israelí en la franja montañosa que la tradición hebrea denomina Bashan, un área estratégica que se proyecta desde Suwayda hacia el norte y hasta las inmediaciones de Damasco (L’Orient-Le Jour, 14/07/2026).

De manera paralela, ha emergido otra agrupación enfocada en la franja meridional del Líbano, se denomina Uri Tzafon («Despierta, Norte», una expresión extraída del Cantar de los Cantares), el movimiento fue fundado por Anna Sloutskin.

En una serie de entrevistas realizadas por el periodista Aymenn Jawad Al-Tamimi a los líderes de estas plataformas, Sloutskin sostiene que el territorio situado al sur del río Litani constituye una extensión natural de la Galilea y, por tanto, forma parte de la tierra bíblica de Israel. A su juicio, la región posee un profundo arraigo histórico-religioso al estar vinculada con la herencia territorial de la tribu de Aser y los límites bíblicos septentrionales del reino hebreo (Aymenn’s Monstrous Publications, 26/07/2026).

Colonos queman varias casas y agreden a niños palestinos en la oscarizada Masafer Yatta Decenas de colonos israelíes armados agredieron a niños e incendiaron al menos dos viviendas palestinas en Tuba, según informó este jueves a EFE un vecino y activista de esta zona del sur de Cisjordania, conocida como Masafer Yatta y retratada en el documental ganador del Óscar 'No Other Land'. En imágenes publicadas en redes sociales tras el ataque, se ve una vivienda completamente carbonizada, con paredes negras, y peluches de niños también quemados. Además, lo colonos pintaron también grafitis racistas y destruyeron propiedades. (EFE)

Al ser cuestionada sobre qué pasaría con la población local en caso de una virtual ocupación israelí, señala: “no existe el objetivo de dañar a la población civil como tal, pero no se debe permitir que una población enemiga viva junto a nosotros. A los individuos que reconozcan la soberanía del Estado de Israel y elijan vivir pacíficamente junto a nosotros —incluidos muchos dentro de las comunidades locales cristianas y sunitas— se les puede otorgar estatus de residencia. Por el contrario, aquellos que se identifiquen con organizaciones hostiles y se alineen activamente con el enemigo —lo que lamentablemente incluye a la gran mayoría de la población chiíta local— no tendrán permitido permanecer”. Para finalmente concluir que “solo el control israelí permanente, acompañado por comunidades judías, puede transformar esta frontera estratégica de una fuente recurrente de conflicto en una región estable, segura y próspera para las generaciones venideras”.

A pesar del alto al fuego vigente desde abril, los soldados israelíes han continuado arrasando casas e infraestructuras en el sur de Líbano, de donde fue desplazado un millón de libaneses. En este sentido, dice Sloutskin: «La idea es que la mayoría de la población se vaya, cambiemos la línea fronteriza y no dejemos que esa población vuelva, y que se quede como una parte del Estado de Israel».

Una postura idéntica sostiene Amos Azaria, integrante de la Junta Directiva de «Pioneros de Bashan», quien defiende la ocupación como el único mecanismo viable para garantizar la seguridad fronteriza: «Israel no puede condicionar su supervivencia a las promesas de Damasco. El Bashan representa una profundidad estratégica indispensable, y el establecimiento de asentamientos judíos allí constituye la mayor garantía de seguridad para el norte de Israel».

La emergencia de grupos como Pioneros de Bashan y Uri Tzafon evidencia cómo el discurso maximalista de la extrema derecha israelí busca normalizar la anexión sistemática de territorios vecinos. Al combinar el mesianismo bíblico con la lógica de la ocupación permanente, obstaculiza cualquier posibilidad de paz basada en el derecho internacional y en la soberanía de los Estados. De seguir esa tendencia solo se pueden augurar más inestabilidad y violencia en la región.

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