Cultura

Gualberto Campos Pérez: “Mi meta es fundar una escuela para formar artesanos de torno de violín”

El ganador del Concurso Nacional de Juguete Popular Mexicano en 2015 cuenta que le daba vergüenza ser artesano por la discriminación. Ahora sus piezas se exhiben en distintas partes del mundo y tiene reconocimiento internacional

El artesano mexicano
Gualberto Campos apoya con los pies descalzos la pieza de madera con la que talla el molinillo. Gualberto Campos apoya con los pies descalzos la pieza de madera con la que talla el molinillo. (La Crónica de Hoy)

Al principio, Gualberto Campos Pérez se negaba a continuar el legado familiar dedicado a la fabricación de artesanías de madera en un torno de arco manual, aquel que su abuelo bautizara torno de violín. Le daba vergüenza porque existía una fuerte carga de discriminación hacia los artesanos.

Actualmente, tras haber obtenido el Primer Lugar del Concurso Nacional de Juguete Popular Mexicano en 2015, haber exhibido su obra en distintas partes del mundo y estar logrando un reconocimiento y prestigio a nivel internacional, una de sus metas fundamentales de vida es conseguir la creación de una escuela dedicada a la enseñanza de este arte.

“En mi juventud yo fui muy rebelde, no quise aprender esta técnica. Mi papá decía que era el arte y la identidad de nuestro pueblo, de la familia, que la cultura es esto, pero lejos de entenderlo yo lo veía despectivamente”, recuerda el artesano, cuyas manos con dedos tatuados durante la adolescencia agitan un arco similar al de un violín.

Sentado frente al torno que él mismo fabricó, Gualberto apoya con los pies descalzos la pieza de madera con la que talla el molinillo.

“El artesano era mal visto en esos tiempos, era el ignorante, el indígena y recibía mucha discriminación, era el que no estudió, que vive en un pueblito olvidado. Yo quería que fuera reconocido como un verdadero trabajo, imagínate que estúpidamente yo creía que diciendo que mi papá era obrero o empleado era más importante que artesano”.

En entrevista, Gualberto explica que vivir de la artesanía fue difícil. Su padre logró sacarlos adelante e insistió en repetidas ocasiones que tenía un talento especial, pero él estaba negado a seguir sus pasos.

“Le dije que yo artesano ni muerto, ni aunque volviera yo a nacer. Lo vi muy triste, hasta sus ojos se le llenaron de lágrimas. Bajó la cabeza y dijo bueno, me lo llevaré a la tumba y toda la historia de nuestra familia”.

Sin embargo, en aquella ocasión le dio el consejo que definiría los esfuerzos posteriores de Gualberto para rescatar este legado. “Si llegas a estudiar qué bueno, échale ganas porque me vas a tapar la boca, pero así fueras barrendero o lo que fueras en la vida, busca ser el primero. Así como tú puedas considerar que yo no soy nadie, en mi trabajo yo soy el número uno. Busca ser el número 1 en lo que te dediques”

Fue hasta el 2001, por ahí de sus 30 años de edad que Gualberto decidió, finalmente, aprender de su padre la técnica. Trágicamente, un par de meses su padre falleció.

En 2013 el artesano recibió señales que lo empujaron a concursar en el la 3ra edición del Concurso Nacional de Juguete Popular Mexicano, donde mucha gente que conocía el trabajo de su padre quedó impresionada por el parecido del trabajo y el segundo lugar obtenido en la primera participación.

En aquella ocasión nombró al juguete “rehilete de patín” y, a pesar del orgullo tremendo que sintió cuando la gente reconoció la técnica de su padre, se quedó con una espinita.

“Leo el premio y veo ‘segundo lugar’ y digo: pa’ te fallé. Tú me dijiste que buscara ser el primero, no lo logré esta vez, pero lo voy a lograr. En 2014 algo me dejó fuera de obtener un premio, pero en 2015 me gano el primer lugar nacional del juguete popular”, relata.

Desde entonces, han pasado muchas cosas alrededor de estos reconocimientos. Además de un don que le fue legado, Gualberto piensa que el trabajo artesanal en torno de arco es un vínculo especial con su papá. Incluso utilizó su torno durante años, pero ahora lo deja descansar y no lo saca tanto porque comienza a deteriorarse.

En un sueño, Mauro Guadalupe le dijo a Gualberto que había regresado para acompañarlo mientras retomaba el trabajo artesanal en la familia. “Me dijo yo voy a andar contigo, pero este no es mi torno y no quiero trabajar en otro que no sea mío. Dile a tu hermano que te lo de, y curiosamente esa misma tarde-noche mi hermano había llegado con el torno bajo el brazo y me dijo esto es tuyo porque se niega a quedarse quieto este torno. Llévatelo”

-¿Y con tus hijo vas a desarrollar este vínculo?

“Siento que lo tengo que hacer. Tengo uno de 13 años y otro de 9 y he cometido el mismo error de mi padre de no ponerlos. De más chico yo me interesaba, pero mi papá tenía mucho trabajo y me decía fuera de aquí. Y lo mismo yo con mi hijo. Espero retomarlo para que no se pierda y dure una generación más. Si ellos logran dominarlo los va a atrapar porque es mágico”.

-¿Crees que aquella perspectiva discriminatoria ha cambiado?

“Sí, definitivamente. Ahora mucha gente nos puede nombrar artistas”.

-Imagino que eso ha influido en que puedas aceptarlo.

“¡Ah, claro!, y he luchado para dignificar este trabajo. Me he enfrentado con autoridades, en el Estado de México he peleado porque los que manejan instituciones creen que somos sus empleados y los servidores públicos están para servirnos, no para servirse de nosotros. Yo estoy vetado por haber reportado a una directora que nos estaba robando, tal cual, y sigue pasando lo mismo, pero la otra fue más descarada y yo la enfrenté. Estoy vetado con este gobierno, pero no importa yo sigo avanzando, estoy trabajando”.

PROYECTOS

Respecto de su forma de trabajar explica que no tiene horarios. “Un artesano trabaja sábados, domingos, diario”. Observa que algunos son muy mañaneros, como su papá que se levantaba entre 4 y 5 am y a las 6 de la tarde paraba de trabajar.

“Yo soy más nocturno, me levanto tarde. Decía mi papá que yo era flojo. Yo de hecho me ando durmiendo a las 2 o 3 de la mañana y empiezo a trabajar a eso de las 12 o 1 de la tarde”.

Ahonda que mucha de la producción de artesanías en Santa María Rayón se enfoca en piezas específicas –un artesano se dedica a hacer cucharas, por ejemplo-, pero él hace un poco de todo y sus tiempos de fabricación varían mucho.

Él se inspira de sus raíces y la técnica de molinillo, que es lo de su familia. “Se me han ocurrido muchas cosas y voy a hacer más, todavía no paro”, asegura.

Tiene el proyecto de fundar una escuela de “torno de violín” que se llame como su padre, en su pueblo. Por el momento busca alianzas para realizar esta meta y se alegra de que parece haber un interés por 2 jóvenes muchachos que están aprendiendo esta técnica de forma independiente.

“Que no se pierda, mi pueblo ha sido tornero por historia, pero se está perdiendo, rescatarlo sería genial”.

Por el momento, adelanta que tiene pensado para el nacional del Gran Premio del Arte Popular Mexicano organizado por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) participar con una serie que titulará “Los danzantes”.

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