Cultura

"Suicidio"

El arqueólogo y Premio Crónica escribe sobre el libro "Suicidio":  Son veinte textos en los que se aborda el tema desde diferentes ángulos, tantos como las plumas de los diversos autores que participamos

colaboración especial

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

INAH

Abro el diario La Crónica del jueves 18 de noviembre y leo: “He hecho lo que he querido. He sido responsable de mi vida, quiero ser responsable de mi muerte”. Estas palabras fueron pronunciadas por la actriz Diana Bracho en entrevista exclusiva. Soy amigo de la diva y en alguna ocasión me invitó a develar las cien representaciones de una obra teatral en que ella era la actriz principal en el papel de Frida Kahlo. Es una mujer fuerte y ejemplo a seguir por su posición crítica en muchos aspectos de la vida. La entrevista continúa y el periodista nos advierte que en las últimas semanas ha sido criticada por algunas personas por el hecho de haber firmado su Voluntad Anticipada ante notario público. Al respecto sigue diciendo Diana: “Hacer este trámite es tener una nueva visión de la muerte, no nos educan para morir y más bien nos educan para alargar la vida a los seres humanos con condiciones infrahumanas”. No sé si Diana habrá leído los libros de nuestro querido doctor y amigo Arnoldo Kraus, pero lo que si es cierto es que cada vez más esta posición ante lo inevitable se convierte en clamor en tanto que nuestras autoridades siguen negando lo que en otros países es ya una realidad.

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Veinte autores reunidos alrededor de un solo tema: el suicidio. Bajo la coordinación de Arnoldo Kraus y el Grupo Editorial Penguin Random House, sale a la luz este libro cuyo título por sí solo se explica: Suicidio. Son veinte textos en los que se aborda el tema desde diferentes ángulos, tantos como las plumas de los diversos autores que participamos. Dice Arnoldo en su Exordio que abre las puertas al libro:

El entramado de Suicidio es amplio. Abordar el              tema desde muchas perspectivas fue la idea original del ensayo. Idea, sotto voce, aprobada por el grupo: sin que todos se conocieran, desde el inicio, la pluralidad funcionó como gozne, de esos goznes antiguos que perduran: caras diversas, plumas diferentes, historias y caminos proteicos. Desmenuzar los múltiples rostros individuales, literarios, sociales, poéticos, filosóficos, jurídicos, antropológicos, animalistas, de género y los relativos a la dignidad de la vida y la muerte fueron la simiente, que floreció y se convirtió en Suicidio”.

Las palabras de Arnoldo son elocuentes y en ella vemos la pluralidad de opiniones que se leen en el libro. Hace relación de cada uno de los participantes y no deja se asombrarnos la variedad de especialistas y las “plumas diferentes” a que alude. Difícil resulta pretender referirme a cada uno de ellos con la amplitud que merecen, pues las apreciaciones son largas y el tiempo corto. Sin embargo, tampoco puedo soslayar las impresiones que en mí provocaron sus lecturas. Quise escoger una frase de cada autor que, aunque breve, nos diera el sentir sobre el tema. Vano intento. Decidí entonces referirme a algunos de los personajes que transitan en los diferentes escritos y algunas de las experiencias vividas. Allí están, entre otros, Émile Durkheim, quien en 1897 nos daba su obra ya clásica Le suicide, lo que lleva a varios autores de nuestro libro a referirse a él. De igual manera contamos con las experiencias clínicas, algunas sobrecogedoras, de las que fueron testigos médicos tratantes que asistieron a sus pacientes hasta el momento final. Las figuras de personajes de novela o poesía aparecen por aquí y por allá con su carga suicida a cuestas. El impacto que provoca en la infancia alguna representación en la que el suicidio tiene cabida sacude la mente de un especialista en tanto que un destacado literato nos lleva de la mano para recordar la frase de Herman Melville “Preferiría no hacerlo”. Por otro lado, allí están Virginia Wolf, prolífica novelista, que decide suicidarse a los 59 años de edad. No falta quién nos ilustra acerca de la muerte colectiva y aún se nos dice de la muerte por suicidio de los animales. Hay quienes nos relatan experiencias de familiares que acudieron al suicidio y otros prefieren darnos su sentir sobre el tema. En fin, que cada página conlleva palabras y experiencias que convierten a este libro en un corpus que difícilmente podemos encontrar en cualquier tratado sobre el tema.

Ante la imposibilidad de hablar de todos los participantes y sus escritos, me veo obligado a retraerme en mi colaboración que, no podía ser de otra manera, acude a la historia y a la literatura. El título mismo explica muchas cosas: “El suicidio divino; el suicidio humano. Historia y literatura”. Hablar de suicidio divino me traslada a un mundo de mitos y realidades que están presentes a lo largo de la historia. Acudo para ello al mundo antiguo mesoamericano en donde leemos, por ejemplo, la manera en que son creados los hombres. Estamos ante una constante que podemos traducir en dualidades como vida-muerte. Más aún, el sacrificio es una constante que sirve como medio para crear vida. Recuerdo aquel escrito en lengua náhuatl en donde se nos dice cómo Quetzalcóatl baja al mictlan, el lugar de los muertos, acompañado de su nahual Xólotl, para robar los huesos allí depositados. Llegar al mundo de los muertos y regresar de él es privilegio único de héroes y dioses. Es un lugar al que sólo se puede ir acompañado, como lo hicieron Heracles y Eneas, conforme lo señalan escritos greco-latinos, y el mismo Dante, según relata en su Comedia. Pero volvamos al suicidio de los dioses. Tal es el caso de Nanahuatzin y Tecucistécatl, aquella pareja de seres divinos que los dioses invitan a arrojarse al fuego para que, por medio del sacrificio, se conviertan en Quinto Sol. Nanahuatzin lo logra y surge, esplendoroso, de la hoguera encendida en Teotihuacan. Pero el Sol permanece estático, no tiene movimiento. Entonces, nos dice la Leyenda de los Soles, los dioses acordaron morir y así exclamaron:

¿Cómo habremos de vivir?

¡No se mueve el Sol!

¿Cómo en verdad haremos vivir a la gente?

¡Que por nuestro medio se robustezca el Sol,

sacrifiquémonos, muramos todos!

El suicidio del gobernante tolteca Huémac de igual manera nos es relatado por antiguas crónicas que dicen así: “en este año 7 Tochtli Huémac se dio la muerte: se ahorcó de desesperación en la cueva de Chapoltépec. Primero se entristeció y lloró, y cuando ya no vio a ningún tolteca, que detrás de él se acabaron, se suicidó”.

La presencia entre las deidades mayas de Ixtab, la diosa de los suicidas, es relevante. Se le muestra en códices con la soga atada al cuello. Todo ello es información que indica acerca de la práctica del suicidio en el mundo prehispánico.

De aquí parto para referirme a casos como el de la muerte de Marco Antonio y Cleopatra, ambos suicidas que van a cautivar la mente de plumas privilegiadas como la de Shakespeare en su Antonio y Cleopatra, escrita hacia 1607. Otro tanto ocurrirá con el drama que lo antecede: Romeo y Julieta. De ahí doy un salto en el tiempo y llegamos a nuestros días. Traigo a cuento los suicidios de personajes de la política como el mismo Hitler; los kamikazes japoneses o la práctica del hara-kiri. Diversas son las razones para llevar a cabo estas muertes y muestra de ello son aquellas que conocemos sobradamente en nuestro país: la del poeta Manuel Acuña; la de Antonieta Rivas Mercado en Notre Dame de París y la de Jaime Torres Bodet. Unas provocadas por amor; otras por no soportar la enfermedad. De Torres Bodet dejo su frase escrita el día de su muerte: “A esperar día a día la muerte, prefiero convocarla y hacerlo a tiempo”. Y se da un balazo.

Para finalizar tomo una frase de Enrique Graue, quien como médico ha vivido experiencias incontables; como rector vive momentos difíciles que compartimos. Dice al final de su texto: “Amo la vida y lo que ella me ha podido dar; entre muchas otras cosas, la libertad”. Yo, irreverente, hago mía su frase y añado: me ha dado la libertad de vivir, pero también la de escoger el momento de mi muerte…*

*Palabras pronunciadas en El Colegio Nacional en la presentación del libro Suicidio, el 23 de noviembre de 2021.