Nunca tuvo más razón de ser esta frase de Manuel Gómez Morín: “Que no haya ilusos, para que no haya desilusionados”.
Y es que, no fueron solo señales las que estuvo enviando Donald Trump, fueron amenazas muy concretas. En cada escenario de campaña que pisó, resonaron sus frases intimidatorias hacia México. Nunca se guardó ni media palabra el recién investido presidente de los Estados Unidos de América del Norte para un segundo periodo (2025-2029).
Desde el arranque de la contienda por la Casa Blanca, fue nuestro país a quien dirigió sus dardos cargados de frases amenazantes. Siempre habló de enviar tropas militares a México para combatir a la delincuencia organizada, además de iniciar la deportación masiva de migrantes y de imponer aranceles a los productos mexicanos. Y también anunció que cambiaría el nombre del Golfo de México.
Así que nadie se puede llamar sorprendido porque el amago estuvo latente y constante.
El tema es que muchos fueron ridiculizados en la ceremonia de toma de protesta. Todos los analistas internacionalistas y aquellos opinólogos que pronosticaban que Trump no cumpliría sus amagues de campaña simplemente fallaron. Los que afirmaban que al jurar de nuevo como presidente cambiaría el discurso, se equivocaron crasamente. Más tardó en tomar el micrófono que en destrozar cualquier duda prevaleciente en cuanto a si habría de maquillar o bajar el tono de sus amenazas hacia México.
Primero, el presidente de Estados Unidos confirmó que declararía “Emergencia Nacional” en la frontera con México para detener la migración ilegal.
“Pondré fin a la práctica ‘Capturar y liberar’ y enviaré tropas a la frontera sur para repeler la desastrosa invasión de nuestro país", explicó.
Segundo, Donald Trump también anunció que el Gobierno de Estados Unidos declararía a los cárteles del narcotráfico como organizaciones terroristas.
Esta medida forma parte de una serie de acciones que la nueva administración de Trump planea llevar a cabo contra el consumo de fentanilo en su país, problema del cual ha atribuido principalmente a los cárteles mexicanos, como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Trump explicó que aplicaría la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 que le permite utilizar a las fuerzas del orden federales y estatales para expulsar a “todas las pandillas y redes criminales extranjeras que traen delitos devastadores a suelo estadounidense".
“Firmaré una serie de órdenes ejecutivas históricas. Con estas acciones, iniciaremos la restauración completa de Estados Unidos y la revolución del sentido común. Todo es cuestión de sentido común”, dijo en el Capitolio.
Para colmo de males, Donald Trump retomó su propuesta de renombrar el Golfo de México por Golfo de América durante su discurso de investidura como el presidente número 47 de Estados Unidos, el cual se llevó a cabo en Washington D.C.
“Estados Unidos va a reconquistar el lugar que le corresponde como la nación más respetada del planeta. En poco tiempo vamos a cambiar el nombre del Golfo de México a Golfo de América y vamos a devolverle el nombre de nuestro gran presidente McKinley al monte McKinley”, dijo.
Así que, tal como ya se advertía desde la campaña, el Donald Trump que juró el pasado lunes como presidente de nuestro país vecino del norte ha llegado “recargado”, y como ya lo habíamos comentado con anterioridad, con el agravante que esta vez ya no estará acompañado en su gobierno de los llamados perfiles ‘moderados’, por lo que será muy interesante ver qué o quién será el valiente que lo intente moderar en sus acciones y constantes arranques.
Muchos especialistas argumentaron que Donald Trump no cumplió la mayoría de las amenazas que lanzó a México en lo que fue su primer periodo como presidente del país vecino del norte. Hubo quien desestimó cada una de sus frases intimidatorias y lo llegó a llamar “El Rey del Bluf”. Todos esos que se ilusionaron con la idea de que en este segundo mandato sería igual, que no cumpliría, bueno, pues que revisen y vuelvan a escuchar su discurso. Y ahí queda la lección: “Que no haya ilusos, para que no haya desilusionados”, y yo agregaría: “ridiculizados”.